Interrogantes que plantea la reforma política
No deja de resultar sintomático que mientras en la Cámara de Diputados de la Nación el oficialismo aprueba, con las modificaciones del caso, el proyecto que en términos pomposos califica como “reforma política”, la cantante Nacha Guevara anuncie que no asumirá la banca de diputada para la que fue votada luego de prometerle al electorado que iba a trabajar para la felicidad del pueblo.
En realidad, nadie debería sorprenderse, mucho menos quienes la votaron, por una decisión que de alguna manera estaba anunciada. La lista de legisladores programada por el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires, mereció en su momento el calificativo de “testimonial”, porque era evidente que la mayoría de sus candidatos no iban a asumir al cargo para el cual se presentaban. Así sucedió efectivamente con Scioli, Massa y ahora con Guevara, motivo por el cual, de los cuatro primeros candidatos del kirchnerismo bonaerense, tres han desertado y el único que asumirá será Néstor Kirchner aunque, a decir verdad, existen razonables dudas acerca de cuál será su desempeño como legislador.
Lo curioso es que todas estas irregularidades que, con buenos justificativos, llegaron a ser calificadas como verdaderas estafas al electorado, ocurren mientras los responsables promueven una ley que, a juzgar por sus enunciados reiterados hasta el cansancio por la cadena oficial, promete terminar con las listas sábana, las candidaturas testimoniales y todas las variables tramposas que políticos inescrupulosos han inventado en los últimos años.
El caso de Nacha Guevara merece una especial consideración, porque la actriz se presentó como candidata, prometiendo poner punto final a las prácticas viciosas de algunos políticos tradicionales. Los hechos demuestran que en realidad la actriz prestó su nombre para ganar los votos de quienes se suponía que reconocían en ella algo así como la encarnación de Evita. Para que nada faltara en esta singular puesta en escena, la señora se preocupaba por participar en los actos públicos con el vestuario, el maquillaje y el peinado -rodete incluido- usado en la célebre ópera.
Respecto de Scioli, conviene recordar que cuando dirigentes opositores le iniciaron una querella judicial por candidatearse a un cargo que luego no asumiría, la estrategia de su defensa sostuvo que era imposible probar una acusación a cumplirse en el futuro. En este caso, el cinismo en su versión más descarada fue el argumento defensivo del candidato testimonial. El interrogante que queda pendiente hacia el futuro es sobre lo que dirá o debería decir la Justicia cuando ya es un hecho que Scioli renunció su cargo de legislador. Desde otra perspectiva, interrogantes parecidos pueden hacerse los legisladores que en su momento denunciaron la maniobra y no pudieron probarla porque se refería a un acción futura. Mientras tanto, en el Congreso, los mismos que avalaron estas trampas se abrazaban por haber logrado aprobar una ley que promete terminar con todos estos vicios.




