Estilo de vida del hombre moderno

Las conquistas que la tecnología de nuestro tiempo alcanzó en tantos aspectos,no fomentó el desarrollo armónico de la civilización.
Foto: Archivo El Litoral
Estilo de vida del hombre moderno

Las conquistas que la tecnología de nuestro tiempo alcanzó en tantos aspectos,no fomentó el desarrollo armónico de la civilización.
Foto: Archivo El Litoral
Lic. Myriam Carnaval de Vega
Reconocido es, que el rasgo dominante de nuestra época, es el cambio dinámico y crecientemente acelerado que se opera en casi todos los órdenes.
La vertiginosa renovación de la vida moderna provoca en el hombre ansiedad, típica manifestación emocional, que es en gran medida, producto de la inseguridad que genera todo lo desconocido, por nuevo y fluctuante.
El hombre se mueve constantemente entre el deseo -paradójico- de experimentar cosas nuevas y el de conservar formas de vida ya practicadas y aceptadas, que le proporcionan seguridad y tranquilidad. Anhela evadirse de la rutina, inclinándose por la aventura y lo creativo. Pero al desencadenarse los cambios con demasiada celeridad y simultáneamente en los diversos sectores, impidiendo una marcha acompasada con el ritmo de estos, su ajuste intelectual y emocional se resiente, en desmedro de su sentimiento de seguridad personal.
Posiblemente una de las causas más profundas de la ansiedad y de la angustia —producidas por la inseguridad— en que vive y se agita el hombre actual, resida precisamente, en el hecho que el dinamismo de los cambios se opere a un ritmo tan rápido que impiden la oportuna adaptación a ellos.
Por otra parte, estos cambios alejan al hombre de una cultura que se caracterizaba por un estilo de vida claramente establecido y por una escala de valores definidos con precisión y coherencia: todos sabían a qué atenerse frente a las más diversas situaciones que planteaba la vida social. Por el contrario, nuestra época constituye una “etapa de transición” hacia una realidad nueva que pugna por definir sus pautas y valores culturales.
Mientras se gesta esta elaboración colectiva de la humanidad, el hombre experimenta una inconfortable sensación de inseguridad y de angustia debido a la agitación interna, profunda y dramática en que se debate la sociedad, tornándose peligrosamente amenazante: violencia, conflictos sociales; individualidad, egoísmos y competencias desmedidas; sospechas y desconfianza entre los hombres y entre los pueblos, son algunas de las manifestaciones. No obstante, las conquistas maravillosas que la avanzada sociedad tecnológica de nuestro tiempo ha alcanzado en tantos aspectos, no ha fomentado el desarrollo armónico de nuestra civilización; todo lo contrario: “El hombre ha adquirido dominio de todo, menos sobre sí mismo” (A. Carrel).
La educación como herramienta
La educación debería facilitar la adaptación al cambio, sobre la base de la toma de conciencia por el hombre, de los problemas que afectan a nuestra civilización y del desarrollo de su capacidad para participar creativamente en su solución. Sería ésta la única respuesta positiva posible en la tarea de serenar la ansiedad, que tanto afecta a la salud mental del hombre actual.
Quien no alcanzar a vivir la vida con un sentido creador, es presa fácil de la más débil corriente mundana que quiere llevarlo a cualquier parte, no importa dónde... Si nuestra civilización entorpece al hombre el camino hacia la realización creadora y el libre despliegue de su iniciativa en pos de propósitos e ideales, su destino de humana grandeza quedará frustrado.
Cada vez más, la vida del hombre moderno, se desarrolla en las grandes ciudades. Sería casi acertado afirmar que, en la actualidad, las tres cuartas partes de la población mundial, es urbana. Pero en las grandes ciudades no se fomenta la solidaridad y la cooperación entre los hombres. Las cosas ocurren en una escala tan grande que las relaciones de vecindad y de interacción social para resolver los problemas comunes, son seriamente afectadas.
La formación de un sentido comunitario frente a la vida es tarea educativa, debiendo ésta ocupar un lugar prioritario en todo planeamiento del desarrollo socioeconómico.
En la actualidad, la vida del hombre se ve sometida a un implacable proceso de igualación. La presión hacia la uniformidad y hacia la masificación es manifestada, globalmente, por el trabajo en serie; la propaganda, la moda, programas televisivos, radio, prensa oral y escrita, internet, etc. Esto conlleva a que el “hombre masa no viva por iniciativa propia” (Spranger). La iniciativa propia, la capacidad de tomar decisiones, de elegir y de asumir responsabilidades, están siendo aniquiladas de la mente del hombre masa de nuestra época.
La educación debe capacitar a los hombres para trabajar solidariamente en grupo, pero con independencia de criterio en función de sus convicciones humanas.
Nos cabe a todos, el compromiso de nuestras mejores energías, para lograr que el progreso social guarde armonía con los adelantos de la ciencia y de la técnica. Asimismo, desarrollar plenamente las promesas que encierra la democracia como estilo de vida, promoviendo la participación activa, consciente y deliberada de la población para perfeccionar y enriquecer la calidad de nuestra vida, creando un clima cultural que libere al hombre de las tensiones desmedidas que afectan su equilibrio emocional y su salud mental.
Elevar la experiencia intelectual, emocional y social de la población, de modo tal que, la autoconciencia, la autonomía y la alegría de vivir al servicio de un ideal, reemplazaría a la incertidumbre, al escepticismo, al conformismo y a la superficialidad.
La oportunidad es hoy, para asegurar un mañana con la plenitud de nuestra dignidad personal y social.