Defender los animales
Cristina Cura
DNI: 12.712.789.
Señores directores: Querer a los animales y vivir en Santa Fe no es lo mejor que a uno le pueda ocurrir. Mencionaré sólo algunas de las tantas situaciones que me conducen a sentir y decir lo que digo:
Nunca hay presupuesto oficial previsto ni destinado a la atención de los innumerables problemas que padecen los animales, tampoco para cooperar con instituciones proteccionistas y menos aún para hacer campañas de educación que promuevan en la ciudadanía una tenencia responsable de ellos.
Algunos legisladores han destinado su inteligencia, su tiempo y sus muchos asesores para elaborar proyectos de ley que formalicen el funcionamiento de canódromos. Sin embargo no han denotado interés alguno por conocer, analizar, elaborar proyectos que tiendan a introducir modificaciones en la legislación vigente respecto del uso de elementos de pirotecnia que tanto perjuicio ocasiona en la salud comunitaria y tanto daño provoca a los animales.
Deberemos colocar cestos con pie en nuestras veredas con vistas a embellecer el paisaje urbano, pero la recolección no formal de residuos a través de carros de tracción a sangre (muchos de los cuales son indicador más de la violencia social) parece no constituir preocupación alguna para las autoridades. Todo lo que se hace al respecto está a cargo de la iniciativa y el esfuerzo comunitario y son los vecinos quienes procuran que el gobierno y sus organismos respeten la legislación vigente. Ni espacios para la educación, ni efectivo control en este problema.
Algunos periodistas locales, formadores de opinión, calificaron como bochornosa la conducta ciudadana al autoconvocarse para repudiar un acto de crueldad aparentemente cometido por un ser superior a un animal. Pero no han utilizado el mismo calificativo para referirse al presupuesto destinado a áreas de acción social (problemáticas del adulto mayor, la mujer) o ante la compra de fuegos artificiales para actos públicos, la contratación del servicio para que un gavilán vuele el cielo santafesino y espante palomas que se refugian en la ciudad en razón de la agresión humana a su hábitat natural.
Muchos vecinos/as no toleran ni nuestros sentimientos, ni nuestro hacer en defensa de los animales y no dudan en afirmar que estamos en este mundo con el mismo sentido que la bocina de un avión. Otros afirman categóricamente que nuestra solidaridad es unidireccional desentendiéndonos de los seres humanos que sufren, o que padecemos disfunción en nuestro aparato psíquico o conflictos para canalizar la libido. Nunca incluyen en sus análisis la posibilidad de que somos respetuosos de otras formas de vida.
Los mensajes publicados en el diario en defensa de los animales no parecen merecer ninguna respuesta oficial y menos aún acciones concordantes. Tal vez no los lean, o quizás consideren que provienen de un sector opositor o de una minoría insignificante.
El instituto antirrábico nunca mereció la atención de las autoridades de los sucesivos gobiernos. Quizás consideren que todo es una fantasía instalada en el imaginario social.
Querer, defender a los animales es mucho más que una lucha contra molinos de viento. Es un sentimiento, una forma de mirar y hacer en la realidad una convicción. Por lo tanto permanecerá en nosotros hasta el fin de nuestras vidas, sea cual fuere el gobierno de turno.




