Financiamiento
El crédito sigue en el limbo
No se agilizarán los préstamos a las Pymes, a menos que el BCRA decida subsidiar las tasas del sistema financiero. La opción lógica, pero menos probable, es que el gobierno desgrave las utilidades reinvertidas en capital físico y humano.
Félix Canale
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El vendaval político de la semana pasada tuvo dos efectos negativos sobre el sector empresarial. Uno es que redobló los temores sobre la evolución de la economía en 2010. Los primeros números del año no son malos (salvo la inflación y el gasto público), pero la elite política parece haber ingresado en una espiral de confrontación sin marcha atrás, que puede poner en riesgo la gobernabilidad.
El otro efecto, menos advertido, es que frustró un encuentro de los pequeños empresarios agrupados en Came con Mercedes Marcó del Pont, donde éstos iban a solicitar que el BCRA creara instrumentos que le permitiesen al sistema financiero, público o privado, bajar las tasas a 10 por ciento en los créditos y prolongar los plazos hasta 10 años. No era un pedido fantasioso. La titular del banco ya había adelantado que trabajaba en ese sentido.
En varias oportunidades los empresarios se han quejado de que, hoy por hoy, es inviable tomar crédito a tasas del 30 % o más, y que los bancos privados no cursan préstamos productivos a tasas por debajo de la inflación (que para este año se calcula en 25 por ciento), y a no más de 12 meses.
Una situación que difícilmente cambie en lo inmediato porque, al mismo tiempo, la banca privada está registrando desde febrero, y como consecuencia de la crispación política, una dolarización de carteras “por goteo” (aproximadamente, 430 millones en ese mes) en desmedro de los plazos fijos.
De acuerdo con los últimos números disponibles, los ahorros a menos de 60 días representan más del 56 % del total; los que oscilan entre 60 y 90 días, el 19%; entre 90 y 180 días, 16 %, y a más de 180 días, 9 %. En paralelo, los depósitos que crecían al 5 % mensual desde comienzos de año ahora avanzan al 2,5 %. Con ese marco, ninguna entidad privada arriesgará un préstamo de largo plazo.
Crédito blando
En la vereda de enfrente están los créditos subsidiados del Banco Nación, implementados precisamente por Marcó del Pont cuando fue presidente de ese instituto, con plazos de hasta 10 años y con una tasa fija en los primeros cinco y variable para el resto del período.
Sin embargo, a pesar de lo atractivo del instrumento, una reciente encuesta de la Fundación Observatorio Pyme muestra que más del 65 por ciento de los consultados no conoce la existencia de esa línea crediticia.
Al margen de esta situación, lo realmente preocupante es que el 70 % de los que conocen el programa no lo solicita, sólo 3 de cada 100 Pymes industriales pidió y obtuvo el crédito, y a 3,5 de cada 100 se les rechazó la solicitud. De todas formas, la atención principal debe ponerse en que el 42,4 por ciento de los encuestados dijo que no toma créditos porque mantiene su incertidumbre sobre la evolución de la economía nacional.
Otra alternativa
Frente a esta realidad que no es virtual -dificultad de los bancos y desconfianza de los industriales-, el Observatorio hace suya una propuesta de larga data en el sector empresario. Dice el informe: ”En estas condiciones, el mejor instrumento disponible para reactivar la economía de estas empresas sigue siendo la desgravación de las utilidades reinvertidas para todas las inversiones en capital físico y humano, siguiendo los ejemplos de Chile e Italia”.
Más allá del enunciado, el Observatorio se adentra en los guarismos, calculando que el costo fiscal de una medida de este tipo podría rondar los 1.000 millones de pesos, que es lo que el Estado dejaría de cobrar, y que representa apenas 0,5 % del gasto público primario.
La contrapartida, explica el informe, es que se recuperarían todos los puestos de trabajo perdidos por las Pymes industriales en los últimos 2 años (unos 60 mil), y las inversiones, ahora paralizadas, podrán ascender en el corto plazo a unos 3 mil millones de pesos.
Esa masa de inversión productiva, más el incremento de la facturación de las empresas, más la recuperación de los puestos de trabajo, tendrían como resultado final que los ingresos fiscales podrían recuperarse en, por lo menos, 1.500 millones de pesos, lo que resarciría al Estado por el costo fiscal de la medida.
El Observatorio no lo dice, pero el gobierno central debería prestar atención a la propuesta. Apostar 1.000 millones para ganar 1.500 lo ayudaría, por ejemplo, a subvencionar los 940 millones que costará el Fútbol para Todos en 2010, sin necesidad de desviar fondos que corresponden a las provincias.