Segunda derrota seguida jugando muy mal y seis goles en su arco en dos partidos...

La amnesia de Colón puso al técnico en la picota

Al igual que Banfield, Arsenal le ganó con una estrategia simple: lo esperó y luego lo sacudió en su área, aprovechándose de la exasperante lentitud sabalera.

1.jpg

Marcelo Goux formó parte de una defensa que tuvo un muy bajo nivel, cometió errores y recibió tres goles de un rival que no había convertido hasta ayer en su estadio.

Foto: Agencia Télam

 

Enrique Cruz (h)

(Enviado Especial a Buenos Aires)

Como si fuese una ironía del destino, se tuvo que dar el mismo escenario y ante el mismo rival para que el Turco Mohamed reaccione impulsivamente y deje flotando en el ambiente una intención solapada de ponerle punto final a su ciclo en Colón si es que no se le gana a Gimnasia el sábado.

Hace más de un año, Mohamed reaccionaba de la misma manera luego de una derrota y una floja actuación ante Arsenal. Anoche, bastante tiempo después y en circunstancias similares pero nunca iguales, el entrenador se despidió de la cancha y de sus dirigidos dejando la sensación de que si no hay un cambio rotundo de actitud, de compromiso y de respuesta futbolística ante la adversidad, él mismo se encargará de ponerle final al ciclo.

En aquella oportunidad, los dirigentes salieron a bancarlo y se generó una recordada y multitudinaria reunión de dirigentes en el predio para “convencer” a un técnico que empezaba a flaquear en sus fuerzas por los resultados que no llegaban en la medida que se esperaba.

La de ahora es otra circunstancia, similar pero diferente a la vez. Mohamed amaga nuevamente con irse de Colón. Aduce que una nueva derrota -sería la tercera consecutiva- lo dejaría en una posición “desventajosa” en su estabilidad y con el perfil suficiente en este resultadista fútbol argentino de ser pasible de desvinculación. Se equivoca Mohamed en meterse en la bolsa de la mayoría de los entrenadores que transitan por estas lides sin la posibilidad, como ha tenido el actual DT sabalero, de contar con el invalorable respaldo dirigencial que lo llevó a ser hoy el técnico de mayor continuidad entre los que trabajan en el fútbol argentino, a punto de cumplir dos años al frente de la institución.

Mohamed no debería irse de Colón, salvo que la respuesta del equipo le siga siendo esquiva y no tenga, él mismo, otra manera de superar la adversidad. No debería irse porque en 79 partidos fue cumpliendo objetivos puntuales que lo llevaron a convertirse en uno de los técnicos que más impulso le dio a Colón, deportivamente hablando, desde su vuelta a Primera. Tanto es así, que de salvarlo del descenso lo llevó, en menos de dos años, a jugar la Libertadores, a engordar considerablemente el promedio, a pelear entre los primeros cuatro puestos en dos torneos, a cotizar jugadores y a proyectar valores de la institución.

Claro que existe un contexto que hoy no lo favorece y que lo lleva a analizar con detenimiento, preocupación y extrañeza este momento futbolístico de su equipo. ¿Qué ha pasado con ese Colón que apabulló a Racing en Santa Fe, que le empató a Vélez en Liniers, que le ganó a River en el Centenario sin discusión y que consiguió tres puntos de oro ante Chacarita en la última jugada del partido?, ¿dónde está ese equipo?, ¿qué es de aquéllos jugadores que desbordaban en optimismo y motivación para jugar la Libertadores y para ser protagonistas en serio del fútbol local?

En dos partidos -o en cuatro días si prefiere- Colón se descarriló de aquél camino de objetivos trascendentes, ilusiones y compromiso adquiridos. Fue vapuleado futbolísticamente por Banfield y, casi con la misma medicina, lo “pasó para el cuarto” este discreto Arsenal de Burruchaga que jugó con muchas ausencias y con un bagaje futbolístico apenas convincente sólo por practicidad y eficacia.

El jueves, cuando me iba de la cancha de Banfield luego del 3-1 y la gran actuación de Tito Ramírez, lo cruzaba al Chino Aquino, el ayudante de campo de Burruchaga. Se nota que Aquino se llevó una imagen perfecta para saber de qué manera debía jugarle a Colón, ya que Arsenal le jugó las mismas cartas que Banfield. Claro que lo hizo sin la brillantez que el Taladro cuenta a la hora de mencionar a jugadores de la talla de Erviti, James Rodríguez o el propio Tito. Pero en lo medular, la disposición de Arsenal fue exactamente la misma: armó dos líneas de cuatro, se dedicó a esperar a Colón, le achicó los caminos del medio hacia atrás, le regaló espacios para que se viniera y lo atacó con eficacia.

De esta manera, con la misma simpleza con la cual encaró Falcioni aquel partido de hace cinco días, Burruchaga hizo que su equipo luciera, que ganara en eficacia y que desnudara los serios problemas de coyuntura por los que atraviesa Colón, convertido ahora en un equipo permeable, fácilmente vulnerable, previsible, como dijo Mohamed, y llamativamente lento en todo.

“Ser previsible es lo peor que le puede pasar a un equipo”, dijo el Turco luego del partido. Y tiene razón. ¿Cómo no va a ser previsible Colón si juega “a dos por hora”?, ¿cómo no va a ser previsible si Bertoglio choca, si Rivarola no aparece por sorpresa como antes, si Pellerano es el abanderado a la hora de hablar de lentitud?, ¿cómo no va a ser previsible si desde atrás viven tirando pelotazos frontales a los delanteros para que, a lo sumo, peinen la pelota para que en una segunda jugada aparezca alguno por detrás de los defensores y aproveche alguna ocasión aislada que casi nunca se dio en los dos partidos?

Colón se olvidó de todo. Perdió peligrosamente la memoria y se encerró en un laberinto que lo obnubila y no le permite ver una salida. Su técnico plantea una situación límite y se emplaza; los dirigentes no quieren que se vaya, le brindan respaldo y le otorgan libertades totales para que toque lo que deba tocar. ¿Entonces, de quién es la culpa? Sin ser exclusiva, lo que sorprende y llama la atención es el bajo nivel futbolístico del equipo. Y aquí es donde la responsabilidad pasa a tener nombres y apellidos y son los propios jugadores. Mohamed asume la suya y hasta lo expresa públicamente en una demostración de honestidad intelectual, porque cuando un técnico enfrenta a la prensa y dice “me equivoqué”, está poniendo en juicio su capacidad, su credibilidad y hasta su aceptación en la gente.

Nadie en Colón discute visceralmente a Mohamed. Se le podrán achacar algunas cosas puntuales, pero en lo grueso del análisis no surge nada a la vista con la suficiente fuerza para impedir que siga siendo el técnico de Colón hasta que termine su contrato o el torneo. Por eso, seguramente, la dirigencia sabalera le ofreció dos años más de contrato, porque saben que es un técnico cuyo grado de rendimiento ha sido lo suficientemente convincente como para motivar el “exceso de confianza” que parece, en este histérico fútbol argentino, que una comisión directiva disponga renovar el vínculo con el entrenador que hace dos años que está en el club, por otros dos años más.

El momento es de crisis futbolística. Esto es lo que asoma a primera vista. Una amnesia peligrosa que le hizo perder terreno en forma inesperada y en apenas 9 días, cuando antes de Central se pensaba en la punta del campeonato y que la amargura de la eliminación copera había quedado desterrada para siempre.

Los dirigentes no lo van a echar y la gente no quiere que se vaya. Pero Mohamed ha visto que dos rivales le ganaron con armas demasiado simples: agruparse con muchos hombres del medio hacia atrás regalándole el terreno y luego atacándolo con eficacia. Para eso, al margen de méritos propios, hubo un común denominador en los dos partidos que se perdieron ante Banfield y Arsenal: la extrema lentitud de Colón, la falta de reacción, la ausencia de claridad casi absoluta y la poca vergüenza para pelear el partido con otras armas cuando las cosas, jugando al fútbol, no salían.

Esto es lo preocupante. Y de esto se tienen que hacer responsables no sólo el entrenador, sino también los jugadores. O que alguien levante la mano o tire la primera piedra si cree estar exento de esta responsabilidad por entender que jugó bien los dos partidos.


10

Partidos

Llevaba Colón marcando goles. Luego de aquel encuentro del 5 de diciembre del año pasado, ante Atlético Tucumán, que terminó con la victoria del local por 2 a 0 en el Jardín de la República, los sabaleros marcaron goles en todos los encuentros que disputaron.

6

Goles

En dos partidos le han marcado a Colón. Fueron tres ante Banfield y otros tres ante Arsenal, todos de jugada.