Luego de una charla con el presidente Lerche...
Mohamed se autoemplazó pero
tiene todo el respaldo dirigencial
Dejó entrever que una nueva derrota provocaría su alejamiento como entrenador sabalero.

Lejos de ser el desequilibrio y desborde continuo, aprovechando su velocidad, Germán Rivarola también entró en la crisis que domina al equipo sabalero. Ayer estuvo lejos de su nivel habitual.
Foto: Agencia Télam
Enrique Cruz (h)
(Enviado Especial a Buenos Aires)
Dejó secuelas la derrota. Y duras. Antes de enfrentar a la prensa, el técnico conversó con el presidente Lerche. Sólo podían observarse gestos ampulosos de ambas partes. No pareció ser una charla acalorada ni mucho menos una discusión, pero se ve que la tristeza de la derrota y de la mala actuación del equipo se conjugaba en reproches de ambas partes. De lo que se puede dar fe es que no existe ánimo de parte de la dirigencia de terminar con un proceso que está a punto de cumplir dos años -el de Mohamed como entrenador- y que sigue siendo exitoso. Las derrotas y la caída estrepitosa del equipo son los elementos que alarman y se convierten en señales inequívocas de que algo no funciona bien dentro del plantel. Pero ninguno de los directivos sabaleros -estuvieron Lerche, Moncagatta, Eusebio, Chemes, Marín y Aduriz en Arsenal- ponía en tela de duda la continuidad del entrenador.
Mohamed salió a enfrentar la situación y públicamente se autoemplazó: “Tres derrotas seguidas desbarrancan cualquier proceso, así que el partido ante Gimnasia puede ser clave”, dijo el Turco, palabras más o menos. Y enseguida fue contundente con sus dichos: “Estamos entregados, somos un equipo tan vulnerable como previsible”, disparó, con poco ánimo de analizar y dar más explicaciones.
Dicen que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y así fue el Turco a la hora de calificar este mal momento del equipo: “Muchos se sorprenden porque en el segundo tiempo me metí adentro del banco de suplentes y no salí de ahí, pero cuando un técnico habla, hace los cambios y no hay respuesta del equipo, no hay nada más por hacer”, señaló, explicando una situación puntual que se dio en la parte complementaria y que llamó la atención, porque al Turco ni se lo vio pararse durante todo el desarrollo del juego.
¿Enojados con Garcé?
Por más que nadie lo haya expresado, hay enojo respecto de lo ocurrido con Garcé. El Chino salió a hacer el calentamiento con uno de los kinesiólogos, se sintió bien y pidió jugar. Había salido prematuramente del partido con Banfield por un tirón en el aductor de una de sus piernas. “Por la forma en que salió, ese jugador no puede estar a disposición cuatro días después”, fue el pensamiento de muchos. Sin embargo, el Chino habló con Mohamed y pidió viajar. Calentó y le dio el ok al técnico, quien asumió la responsabilidad de ponerlo, compartiendo inclusive dicho compromiso a sabiendas de que se estaba arriesgando.
Mohamed vio que Garcé no caminaba bien luego del tremendo error cometido en el segundo gol de Arsenal y lo sacó. A la luz de lo ocurrido, lo temido e inesperado se dio y la responsabilidad de incluir a un jugador que no estaba bien para jugar resultó compartida y fue otro de los errores cometidos en una nueva noche para el olvido en Colón.
¿Se justifica haber arriesgado poniendo a Garcé? Con el resultado a la vista, de ninguna manera. Ocurre que Garcé no es un jugador más en este plantel; igual que el Bichi Fuertes, tienen ascendencia en el grupo, su presencia dentro de la cancha es fundamental y, futbolísticamente, nadie duda de que, estando bien, es garantía de seguridad para la defensa. Pero Garcé jugó estos últimos dos partidos en un nivel bajísimo y con problemas físicos indisimulables.
“Hacé lo que tengas que hacer”
Así como en el propio estadio, luego de concluido el encuentro, se reunieron Lerche y Mohamed, en la cena en el hotel, antes de emprender el regreso a Santa Fe, comieron y conversaron de estos temas el presidente, el vice Moncagatta, el Turco y su ayudante Gustavo Lema. En ambos cónclaves, la comunicación hacia el cuerpo técnico fue clara: hacer bisturí hasta los huesos.
Es decir, en esa charla con el presidente, el Turco se llevó en claro dos cuestiones que tienen que ver con el pensamiento y sentimiento directriz: 1) que tiene el total respaldo; 2) que los directivos le dieron el vía libre para que ponga mano en el equipo y haga los cambios y los retoques que crea necesarios.
Lerche y su gente no quieren que dos o tres partidos echen por tierra con un proceso que, más allá de los buenos resultados y ese protagonismo conseguido en los dos torneos del año pasado, tiene una fuerte base de política deportiva y está basado en el apoyo irrestricto a las divisiones inferiores, algo que el Turco entendió desde el vamos y consideró como un aspecto a defender y respaldar.
La comunión de objetivos se hizo extrema en la relación técnico-dirigentes, al punto tal que Mohamed ha reconocido y valorado algunas actitudes, como aquélla que se dio justamente luego de un partido ante Arsenal, en la temporada anterior, cuando amagó con irse, fue muy duro en los conceptos y “mereció” que buena parte de la dirigencia se trasladase al predio para darle el apoyo y para “tirarle de las orejas” por esa intención solapada de querer bajarse del barco cuando nadie ni siquiera se lo insinuaba.
“Hacé lo que tengas que hacer, sacá al que debas sacar y armá el equipo que te parezca”, fueron, palabras más o menos porque resultó imposible escuchar los términos de aquella charla, lo que le habría dado como mensaje el propio presidente en nombre de la comisión directiva.
Hoy, Colón tiene una solidez deportiva que permite contar con esa solvencia para decidir que a los dirigentes le dan las buenas campañas. Lerche tuvo que definir siempre la continuidad o no de un entrenador con la soga al cuello. Pasó con Toresani primero, con Falcioni después y luego con Astrada. En todas esas ocasiones, el fantasma del descenso acuciaba. Y cuando llegó Mohamed a Colón, al segundo partido jugaba de visitante, ante Independiente, con su equipo en descenso directo. Hoy, a lo sumo, lo que puede ocurrir es que el equipo quede fuera de la conversación en la lucha por el campeonato (está clasificando y con margen para la Sudamericana), pero esto no se acerca ni por asomo a aquellos momentos de zozobra deportiva que se vivían hace dos o tres años en Colón.
Lerche va a defender la continuidad de Mohamed y no va a provocar de ninguna manera su alejamiento. Si el Turco amenaza con irse si no le gana a Gimnasia es porque se trata de su decisión. No hay un solo directivo que quiera ponerle punto final a su ciclo por más que el momento deportivo sea de inesperada crisis por el inexplicable bajón del equipo.
Mohamed y los dirigentes han destacado siempre el buen clima que existe dentro del grupo. Y quizás haya llegado la hora de que los jugadores demuestren hasta qué grado de compromiso son capaces de asumir para hacerse cargo de este mal momento y dar señales convincentes de cambio. Hoy, el técnico necesita resultados que lo alejen de los “malos pensamientos”. Y para conseguirlos, no sólo tendrá que trabajar él, sino responder los jugadores.
¿Qué se puede criticar de Mohamed?, ¿que haga cambios permanentes en el equipo (en el 70 u 80 por ciento se justifican)?, ¿que un jugador como Quilez pase de la nada al todo (fue titular con Banfield) y que luego baje a jugar a reserva sin un paso previo por el banco, al menos?, ¿que lo ponga y lo saque a Nieto, que fue su goleador en el último torneo?... Ninguno de los interrogantes tiene peso por sí mismo. Y juntos, tampoco alcanzan para cuestionar el trabajo de un entrenador que dio sobradas muestras de capacidad desde su llegada a Santa Fe.
Hoy, Colón necesita de respuestas lúcidas. Pero sobre todo, habrá que entender que este es otro momento en el que se tendrán que asumir responsabilidades para sacar al equipo de la crisis en la que está inmerso y que lo llevó a un notable decaimiento futbolístico.





