EDITORIAL

Costos siderales

por estatización

Cuando se estatizó Aerolíneas Argentinas en 2008, el entonces Secretario de Transporte, Ricardo Jaime (hoy acusado en varios juicios por corrupción), dijo que el propósito era darle valor a la empresa, ordenarla, y luego permitir el ingreso de capitales privados nacionales o extranjeros.

Los escépticos no le creyeron, conociendo la pulsión estatizante que circula desde la nervadura central del kirchnerismo. El tiempo dio la razón a los incrédulos, pero también aportó cifras de escalofrío sobre el barril sin fondo que es la línea de bandera en manos del Estado.

Según la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública, el gobierno subsidió a Aerolíneas con 870 millones de dólares desde que asumió la gestión de la compañía en julio de 2008. De ese total, unos 594 millones de dólares (2.299,6 millones de pesos) fueron girados a la empresa durante el período 2009, lo que es igual a 1,62 millones de dólares por día, o también a 67.500 por hora.

Algunas comparaciones son esclarecedoras: lo subsidiado en 2009 a Aerolíneas casi iguala las exportaciones de hierro y acero de 2008, que fueron de 599 millones de dólares. Otro dato: para sacar de la quiebra a General Motors, el gobierno le otorgó un préstamo de 70 millones de dólares, que fue exhibido como un esfuerzo supremo para mantener la producción, cifra que es similar al subsidio de Aerolíneas en 2 meses.

Pero existe una diferencia notable, y es que para producir hierro, acero o automóviles, debe gestionarse la empresa para que sea rentable y deje utilidades. Una preocupación de clara raíz capitalista, que por tal, no puede ser incluida en el destino nacional y popular asignado a la aerolínea, que se nutre de los impuestos pagados también por aquellos que nunca viajan o viajarán en avión.

Tan es así, que el actual CEO de la empresa (título incierto para quien gerencia con subsidios siderales) Mariano Recalde, a mediados de febrero de 2010 expresó taxativamente que “el objetivo de Aerolíneas, como servicio público, es dar conectividad a los argentinos, no ser una empresa rentable”.

De hecho, Recalde abrió el paraguas por lo que vendrá. La consultora Oliver Wyman (contratada por Aerolíneas para auditar la empresa) advirtió en diciembre que si la compañía mejora sus ingresos y baja sus costos, perdería solamente 403 millones de dólares en 2010, y 601 millones entre 2011 y 2013.

Claro que para perder solamente esos mil millones de dólares en 3 años, debería suspender algunos vuelos no rentables y prescindir de unos 1.400 mecánicos y pilotos, sobre todo teniendo en cuenta que la empresa estatal tiene 25 pilotos por avión, cuando la media internacional es de 10 a 12 pilotos.

La despreocupación de Recalde por la rentabilidad era entendible en febrero. Es probable que en marzo esté algo desasosegado, ahora que el Congreso decidió impedir los manotazos del Ejecutivo sobre las reservas del Banco Central.