Distinguieron un trabajo de la Facultad de Trabajo Social de Uner

Acciones para tomar nuevos caminos de ciudadanía en Paraná

La iniciativa está vinculada a 700 familias paranaenses que trabajan con los residuos urbanos y obtuvo un reconocimiento a nivel internacional. El hecho de ser una experiencia novedosa y que ha tenido impacto en la comunidad fueron las características que le hicieron merecer los galardones.

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Los responsables del proyecto recibieron la distinción durante la V Feria de Innovación Social de América Latina y el Caribe, realizada en Guatemala,del 10 y al 13 de noviembre de 2009.

Foto: Gentileza Prof. Anzola

 

Mariana Rivera

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El proyecto “Trabajo y Ciudadanía: la inserción socio-laboral de los recicladores urbanos de residuos a través de una estrategia en red” -que viene desarrollando la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Entre Ríos, bajo la supervisión de la Prof. Griselda Anzola- fue una de las trece experiencias finalistas en el Concurso de Experiencias de Innovación Social Ciclo 2008-2009 organizado por Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), con el apoyo de la Fundación W.K. Kellogg.

Trabajo y Ciudadanía también recibió un premio de la Universidad de San Carlos de Guatemala por ser una experiencia universitaria y una mención de honor de Naciones Unidas por la iniciativa.

La propuesta -que se desarrolla desde 2003- consiste en el trabajo mancomunado entre los docentes y alumnos de esa facultad y la comunidad barrial que vive en situación de extrema pobreza que trabaja con los residuos urbanos en la zona sur de la ciudad de Paraná, Entre Ríos.

El proyecto se localiza en las inmediaciones del relleno sanitario municipal de basura de esa ciudad, adonde viven alrededor de 3.500 habitantes, cerca de 700 familias, en condiciones de extrema pobreza.

El 95% de las familias de la zona realiza alguna actividad relacionada con la búsqueda, selección, acopio, venta o reciclaje de desechos y comida para su supervivencia. Este sector presenta altísimos niveles de contaminación y no cuentan con conexiones domiciliarias a los servicios básicos. Los niños y niñas enfrentan una enorme vulnerabilidad. Su infancia transcurre entre escolaridades discontinuas y deben quedar al cuidado de hermanos más pequeños, ya que tienen que acompañar a sus padres y madres en el trabajo de cirujeo, asumiendo roles de adultos. Sólo juegan entre animales y camiones cargados de basura.

El cirujeo consiste en el trabajo informal de la basura tendiente a la supervivencia y al autoconsumo, mediante la recuperación de materiales de deshecho, realizado en condiciones de suma precariedad por miembros de familias en exclusión social.

Trabajo en red

“Lo que presentamos a la convocatoria de Naciones Unidas fue toda esta estrategia, adonde mostramos que no hay otra posibilidad de llevarla adelante sino es en red, convocando a las organizaciones gubernamentales que tienen responsabilidad en esta tarea pero también a otras organizaciones empresariales, religiosas, sindicatos. Es decir, todos los que nos puedan acompañar en este desafío de atender y mejorar las condiciones de vida y de trabajo de la comunidad más postergada de Paraná y también aportando una solución al conflicto ambiental más grave que tiene la ciudad”, explicó la Prof. Anzola.

A lo largo de estos años de proyecto se ha beneficiado a 300 niños, niñas y adolescentes que han dejado de trabajar en el reciclaje y hoy tienen una escolaridad estable y derecho a vivir su infancia. También se lleva adelante una propuesta productiva con los adultos adonde se dignifica su trabajo y se transforman en un eslabón más de la gestión de los residuos de esa ciudad desde un planteo ergonómico, cuidado de la salud y mejora de sus ingresos.

En este punto, la docente advirtió que “no sólo se trata de una reconversión laboral y de una mejora en sus condiciones de vida sino que el proyecto se llama Trabajo y Ciudadanía porque creemos que estos compañeros comienzan a transitar nuevos caminos de ciudadanía. Por ejemplo, para poder organizar la primera forma asociativa dentro de un galpón que nos dio la municipalidad para reciclar la basura hemos tenido que diseñar campañas y operativos de documentación porque era una población altamente indocumentada. También hemos abierto dos centros de alfabetización porque el hecho de que sea una población analfabeta e indocumentada ha favorecido la explotación de estos trabajadores por parte cuatro o cinco acopiadores que siguen pagando lo que ellos quieren por el trabajo de estas personas”.

Beneficio para todos

Consultada en relación a la respuesta de la gente a esta iniciativa, la profesora admitió que “al principio, estaban preocupados por su destino laboral porque se había dicho que el volcadero de la ciudad de Paraná no podía continuar funcionando de esa manera. Esos niños y jóvenes son una población que no ha tenido posibilidades de escolarizarse ni de tener otra oferta laboral. Clausurando esto ellos quedaban sin ninguna posibilidad laboral”. Sin embargo, aseguró que “si seguían realizando esta actividad como lo hacían iban a enfermar y a morir”.

Por último, mencionó que “seguimos en este trabajo, lo que no significa que no tengamos dificultades. Es una necesidad de todas las ciudades medias y grandes el hecho de tomar la problemática ambiental y tener en cuenta que no sólo es una estrategia técnica sino que hay un gran componente humano al que hay que respetar”.

En tanto, precisó cómo se realiza actualmente la discriminación de la basura en los domicilios paranaenses: “Por el momento sólo se hace en un sector de la ciudad porque el municipio firmó convenio con nosotros y también formó una mesa de gestión de los residuos en el que participan organizaciones ambientalistas (como Eco Urbano), haciendo la sensibilización; y el Consejo de Educación (lo que implica trabajar en las escuelas y las vecinales). Empezamos con una zona, con algunas vecinales, y con la zona centro, que son los grandes generadores de residuo inorgánico (papel limpio por los bancos, la justicia y el comercio) que nos da un gran empuje para la cooperativa. Así que estamos recién iniciando esta tarea de separación en origen y comprando las maquinarias para formar la planta definitiva”.

También adelantó que “atendiendo a este problema y a la actividad de estas personas que hace tanto tiempo se dedican a eso, se ha construido una estrategia que tiene que ver con la separación en origen de los residuos. De esta manera, los paranaenses comenzaremos a sacar diferenciado lo que es húmedo de seco, orgánico de inorgánico. Todo lo que es inorgánico (papel, cartón, vidrio y plástico) va a parar a una organización de estos trabajadores que es la que nosotros estamos acompañando”.

Y agregó: “Todos tenemos una responsabilidad y tenemos que poder ver que el destino final de este esfuerzo (que es menor porque tendremos que tener dos tarros de basura en nuestras casas y no sacarla todas las noches sino ciertos días) es mejorar las condiciones de vida de muchos vecinos de Paraná que se dedican al trabajo informal con la basura. A futuro, toda la ciudad se va a ir incorporando separando en origen y de esta manera se irá incorporando la totalidad de los trabajadores en esta planta. Lo de Cepal dio visibilidad a la ciudad y demostró que se trata de un proyecto viable, sustentable y reconocido por otras organizaciones internacionales”.

Tres generaciones igual

En el reconocimiento del trabajo que la Facultad de Trabajo Social lleva adelante en esta comunidad de recicladores urbanos de residuos en Paraná, el año pasado, la nueva gestión del municipio firmó un convenio con ésta para que tome a su cargo la dimensión más social del problema, ya que pretende eliminar este volcadero a cielo abierto.

“A partir de esta estrategia, la Municipalidad se impuso el cierre de este volcadero a cielo abierto, medida que se inscribe en las recomendaciones del Protocolo de Kyoto y de la eliminación de los gases de metano. Ocurre que los paranaenses generamos 300 toneladas diarias de basura que van a parar a ese volcadero a cielo abierto, sin ningún tipo de tratamiento, que genera esta combustión natural por la cantidad de años y la escala de basura que se tira, contaminando el medioambiente no sólo alrededor de este volcadero sino de toda la ciudad”, explicó la Prof. Anzola.

Y agregó: “Gracias a este convenio, la Municipalidad nos otorgó un galpón en lo que era la Dirección de Limpieza Municipal. Ahora estamos en el proceso de compra de toda la maquinaria que solicitamos: una balanza, una enfardadora, un zampi para cargar los fardos. Nos aprobaron un proyecto en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación por el cual acercaremos más maquinarias y elementos de trabajo, de higiene, de seguridad y de vestimenta”.

Por último, mencionó que “con los trabajadores paranaenses hemos visitado la cooperativa Dignidad y Vida Sana, de Santa Fe, y fue una experiencia muy motivante para ellos. Vieron la planta y hablaron sobre las cosas en las que les ha ido bien y cuáles fueron las dificultades. Volvieron estimulados para poder trabajar. Desde esto, la gente de Paraná es consultada y ha compartido una experiencia en Buenos Aires con otras organizaciones”.


1.000

proyectos

de América Latina y el Caribe fueron presentados a esta convocatoria de Cepal.

20

proyectos

quedaron seleccionados, entre ellos el de la Facultad de Trabajo Social, que fue evaluado en terreno por Cepal, y luego quedó entre los 14 finalistas.

300

niñas,

niños y adolescentes dejaron de trabajar en el reciclaje a partir de esta iniciativa, pudiendo retomar su escolaridad.

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Acciones para tomar nuevos caminos de ciudadanía en Paraná

Muchos niños que estaban en el volcadero de Paraná ahora tienen posibilidades de escolarizarse y ejercer su derecho a jugar y disfrutar su infancia.

Foto: Flavio Raina

Unas 700 familias trabajan en este proyecto de inserción socio-laboral de recicladores urbanos de residuos de Paraná.

Foto: Gentileza Prof. Anzola