Categorías TZ en Esperanza

Un zonal que sigue creciendo

Yacob, Alanda y Emmert se llevaron sendos triunfos desde el circuito Los Toboganes, donde se realizó un sentido homenaje a Juan José Perlo.

Daniel Monticelli

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La primera fecha de las categorías TZ, desarrolladas ayer en el circuito Los Toboganes de la ciudad de Esperanza, que llevó la denominación de “Gran Premio Homenaje a Juan José Perlo” —activo dirigente y periodista fallecido en enero último—, resultó todo un éxito. Un aceptable parque de máquinas tanto en el TC 4000 (20 autos), como en los Fiat 128 TZ (15) y los Fiat 600 (17) conformó un espectáculo de buen nivel. La programación se completó con absoluta normalidad y donde nadie descuidó detalles. El público que se dio cita en muy buen número (cerca de 2.000 personas) palpitó entretenidas finales. En el TC 4000 se llevó la victoria el campeón Ariel Yacob con el Chevrolet. En los 128, hizo lo propio Cristian Alanda, mientras que en los Fiat 600 llegó el primer triunfo para Gabriel Emmert.

Este columnista cumple en esta temporada 30 años con la actividad y muchos de quienes le posibilitaron construir esta “carrera dentro del automovilismo deportivo”, siempre le recalcaron: “La mejor manera de aprender en el ámbito motorizado, es no dejar de lado a las categorías regionales”. Y efectivamente tenían razón; el codearse con las categorías que se practican en distintos trazados de manera genuina, enseñan y mucho. Más allá de que nadie regala nada y que todos corren en pos de ganarle a los otros o de escalar hacia mayores objetivos, el esfuerzo y la solidaridad se ponen de manifiesto a cada instante. Eso ocurrió ayer, desde los dirigentes de los Toboganes Motor Club, pasando por los responsables de las TZ, como el ente fiscalizador en todos sus rubros, facilitan enormemente la tarea de quienes desempeñan una función.

Convengamos que el aggiornamiento lógico que se debe hacer permanentemente le sienta muy bien al deporte mecánico. Si los directivos que rigen la categoría Turismo Zonal Santafesino se desenvuelven profesionalmente; si los responsables de la institución organizadora están a la altura de lo que sucede; si los servicios de seguridad, sanidad o rescate se caracterizan por actuar en acontecimientos ya sea de naturaleza zonal, como regional, nacional o internacional de forma sobresaliente, la resultante es óptima. Eso fue lo que aconteció en el fin de semana inaugural de los TZ.

En lo deportivo

En el TC 4000 TZ —en un trazado que no le cayó bien la lluvia del viernes y que conspiró contra el estado del piso del escenario esperancino—, lo de Ariel Yacob con el Chevrolet 400 fue notable. No dejó espacio alguno para que nadie le arrebatara la primera posición desde el principio y hasta el banderazo final. El piloto de San Jerónimo Norte no tuvo mayores sobresaltos para quedarse con un merecido triunfo. La segunda colocación de Alejandro Huber con el otro Chevrolet, fue mérito de su manejo; le ganó el puesto en los últimos tramos al Falcon de Franco Marcuzzi sin atenuantes, siendo ambos protagonistas casi excluyentes de la carrera. Más atrás arribaron: Adrián Canavesio (Chevrolet); Osvaldo Zehnder (con un Falcon estéticamente muy bien presentado) y Jorge Canavesio (Dodge). Completaron los diez mejores: Fabián Albrech (Ford); Martín González; Germán Argañaraz (ambos con Chevrolet) y Lautaro Merge con una cupé Chevy.

En los Fiat 128 TZ y haciendo su primera experiencia con neumáticos slick de competición, Cristian Alanda no tuvo mayores inconvenientes para alzarse con un cómodo triunfo. Más allá de mostrar la “chapa” de campeón, el piloto de María Juana se vio beneficiado por la sanción impuesta a Sergio Sacco —lo recargaron con 10” por adelantarse en la largada—, quien podía presentarle lucha y además por un par de interrupciones con el ingreso del Auto de Seguridad. En principio, fue por quedar mal ubicada la máquina de Leandro Vega posterior a un trompo y el segundo caso ocurrió por toque entre Bonfanti y Bonvín, sin consecuencias físicas para ninguno de los involucrados. Mientras, el santafesino Luis Rodríguez en una labor consistente culminó segundo y logró su primer podio dentro de la categoría. Román Debórtoli terminó tercero. Después llegaron: Sergio Sacco, Guillermo Sinievicz, Nicolás Stalder, Marcelo Zanabria, César Galetto Campo, Ezequiel Guisoni y el chico de Monte Vera, Iván Parano.

En lo que refiere a los “600” fue quizás lo más vibrante de la tarde. Es que hubo lucha entre “vecinos” y hasta de preparadores. Los pilotos de Humboldt, Gabriel Emmert y Maximiliano Sangalli no se dieron tregua a lo largo de toda la competencia. Solamente 230 milésimas los separaron. Al ganador (Emmert), Widder le desarrolla el auto, mientras que a “Maxi” la responsabilidad recae en los Pfening. Tercero finalizó Maximiliano Palamedi y después concluyeron: Mauro Widder, Rafael Marcuzzi, Alejandro Méndez, Joaquín Schneider, Carlos Dei-Cas, Hernán Colman y Gustavo “Alejo” Almirón.

Un zonal que sigue creciendo

Emotivo. Fue el homenaje que se le realizó al querido Juan José Perlo, presidente de Los Toboganes Motor Club, que falleció en los primeros días de este año.

Foto: Gentileza José Solís

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Ganador. El Chevrolet de Yacob muestra el camino en el circuito esperancino.

Foto: Gentileza José Solís

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Al frente. El campeón Cristian Alanda ya tomó la delantera y se encamina hacia el triunfo en los Fiat 128 TZ.

Foto: Gentileza J. S.

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Largaron. Los Fiat 600 TZ rumbo a la primera curva, donde Gabriel Emmert se impondría después de 12 vueltas.

Foto: Gentileza J. S.

Juan José Perlo se lo merecía

En un acto muy emotivo, autoridades del automovilismo zonal, dirigentes de “su” institución, Los Toboganes Motor Club, familiares, amigos y todo el ambiente automovilístico le realizaron un justo tributo a Juan José Perlo, el presidente de la entidad esperancina y periodista de automovilismo, que nos dejó el pasado 20 de enero. Momentos previos a la disputa de las finales y frente a la recta principal, todos los pilotos encolumnaron sus máquinas de competición y “dejaron de hacer sonar”, sólo por un momento, los escapes de los motores. Después de un minuto de silencio y en presencia de Arminda, madre de Perlo, su esposa Mirian, su hijo Ramón y sus nietas Milagros y Ángeles, junto a un nutrido grupo de amigos y varias personalidades de la disciplina, se pronunciaron con referencia a lo que significó Juan. Todos coincidieron en que Perlo fue una persona de bien en todos sus aspectos, un excelente ser humano. Posteriormente, y junto a la base del mástil, se descubrieron tres placas que perpetuarán la memoria de quien trabajó hasta sus últimos días para el engrandecimiento de la tradicional entidad de Esperanza.