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Fisfe: no sacar los pies del plato
Industriales santafesinos reiteran su adhesión al modelo y comparten la idea de dar nuevos roles al Banco Central. Sus dirigentes cuestionan en la UIA posibles acuerdos con otras organizaciones críticas. Admiten temor por cambios de signo político.
Félix Canale
fcanale@ellitoral.com
En medio de renovadas versiones sobre criterios dispares dentro de la Unión Industrial Argentina, la semana pasada la entidad ocupó dos titulares periodísticos. En un caso, porque la central empresaria invitó a su sede a la ministra de Industria y Turismo, Débora Giorgi, para una reunión que la UIA calificó oficialmente como productiva, ya que la funcionaria “se mostró partidaria de continuar con los incentivos para el desarrollo de la industria nacional.”
Este acercamiento con quien podría reemplazar a Amado Boudou en Economía, se produjo mientras otra noticia anunciaba un inminente acuerdo entre la UIA, la Mesa de Enlace agropecuaria y la Asociación Empresaria Argentina (AEA), para emitir un documento crítico llamando a la cordura política, la defensa de las instituciones democráticas, la corrección del avance inflacionario y advirtiendo que la discusión sobre precios y salarios se puede ir de las manos.
En ese mismo paquete informativo, se mencionaba la existencia de fuertes cruces entre los dirigentes industriales por el supuesto acuerdo, señalando a Carlos Garrera, presidente de la Federación de Industrias de Santa Fe (Fisfe) y vicepresidente Pyme de la UIA, como el portavoz del malestar. El viernes 12 El Litoral dialogó con Garrera.
Con la ministra
En la reunión con Giorgi, la UIA mostró datos propios para sugerir algunos pasos necesarios, a fin de mantener la actual etapa de crecimiento de la actividad industrial. Los temas centrales fueron financiamiento a la producción, ART y la cuestión salarial.
Sobre el primer punto: “La capacidad instalada se está completando y estamos cerca de los niveles precrisis. Si no comenzamos a invertir ahora, en 2011 estaremos otra vez con la capacidad instalada completa”, explica Garrera, quien estuvo en la reunión.
Es sabido que, con las actuales tasas, muy pocos toman préstamo. Habría que subsidiarlas o buscar otros mecanismos, y allí entra en juego el Banco Central, entidad que para el presidente de Fisfe “no sólo debería cuidar el valor de la moneda, sino velar también por cómo se produce más y mejor”.
El razonamiento pasa por que el BCRA facilite los créditos a la producción. Según la UIA, hoy la banca presta entre un 12 y 14 por ciento del PBI y solamente entre 2 % y 4 % se destina a la producción, mientras que el resto se orienta al consumo. La propuesta concreta a la ministra es que el porcentaje pase del 12 % al 20 % del PBI, y que el diferencial de 8 puntos vaya exclusivamente a la actividad productiva, entendiendo por tal a toda la cadena comercializadora.
Con respecto a las ART, el leitmotiv es conocido: los juicios por resarcimientos amenazan a las Pymes con una deuda que ronda los 2 mil millones de dólares. “Son recursos que les quitarán a las empresas, mientras se incrementa el costo de las cuotas. El problema es grave y le solicitamos a la ministra su intervención, para que el Ministerio de Trabajo genere una ley que permita resolver el tema de manera definitiva”, informa Garrera.
Los salarios
En el caso de las retribuciones, la cuestión primordial es que no existe información fidedigna sobre la inflación, lo que crea expectativas desmedidas. Por el camino que se va -se le dijo a Giorgi- el salario terminará siendo un factor inflacionario, ya que un crecimiento remunerativo superior a la media real de la inflación resulta en más inflación.
“Debemos ir a una negociación salarial moderada y con índices realistas, no alegremente. Algunos gremios piden 20 por ciento; otros, 25, y se llega a casos que aspiran a más de 30 por ciento. Esto es una cosa de locos. Desde nuestra perspectiva, algo razonable se ubica entre 14 y 20 por ciento”, plantea el directivo.
Cuando se le señala que en los dos primeros meses de 2010 la inflación promedia un 4 por ciento, lo que da una proyección, como mínimo, de 24 % anual, Garrera cuestiona la simplificación aritmética.
Dice: “En el primer trimestre se siente el arrastre inflacionario de 2009. Ese índice se morigerará, porque las empresas comenzaron a producir más con el mismo personal (ya que tienen capacidad ociosa), incrementando rentabilidad por volumen, lo cual permitirá mantener los precios sin que ello signifique un sacrificio económico. El impacto inflacionario irá disminuyendo. De allí la necesidad de ser realistas, mirando la tendencia, lo que nos hace estimar que, hacia fin de año, la inflación estará entre 14 y 20 por ciento”.
El mismo día en que Garrera dialogaba con El Litoral, la Unión Obrera Metalúrgica (250 mil empleados) puso sobre la mesa su aspiración a que el piso del incremento salarial sea de 25 por ciento.


















