El nombre de mi calle cumple cien años

Prof. Graciela Noemí González.

DNI. 6.368.880.

Señores directores: Este año en que todo gira en torno al Bicentenario de la Revolución de Mayo, llevada a cabo en el Puerto de Buenos Aires a partir de intereses económicos propios de los porteños más que del resto de los argentinos, creo que es importante recordar “pequeños centenarios”, como el del nombre de mi calle.

La arteria en cuestión es San José, enclavada en el corazón de barrio Roma y que junto con San Juan y Santiago de Chile, recibió aquella denominación en marzo de 1910, ya que hasta ese momento eran la 1ra., la 2da. y la 3ra. sin nombre, contándose desde la Avda. Freyre —por entonces, desde 1908, calle Córdoba— hacia el oeste. El nombre es un homenaje a San José, esposo de la Virgen María y padre putativo —p.p., de allí que a los José se les sobrenombre como Pepe— de Jesús.

Respecto a la numeración, la primera ordenanza que dispuso la misma es de 1888, señalando que cada arteria tuviera 50 números entre ambas aceras, cantidad que, en 1901, se asignó a cada vereda, es decir 100 números en total, para cada cuadra. En 1924 se reglamentó la asignación de 100 números —pares a la derecha e impares a la izquierda—, desde el 1001 para las calles que corren de sur a norte, desde Juan José Paso y desde el 900, a partir de calle Laprida para las que corren de este a oeste.

En mi calle, San José, que, de sur a norte nace en el 800 y termina en el 8500, a la altura del 3800 de este a oeste y presenta varios cortes en su larga extensión, se encuentra enclavado, en la cuadra del 2300, mi colegio, “el Sagrado” considerado la piedra basal del barrio Roma, ya que a partir de la instalación en 1889 de las Hnas. Esclavas en la tradicional esquina de San José y Mendoza empezó a conformarse la barriada que más tarde se consolidó con la instalación, a tres cuadras del colegio, del hoy trasladado Mercado de Abasto Proveedor de Santa Fe.

A más de este importante centro educativo, la calle es cortada, a la altura de 2900, por el Parque Juan de Garay, espacio verde que, a falta de plaza en el barrio, sirve de propicio ámbito de esparcimiento no sólo para los vecinos de la zona sino de un amplio hinterland.

Escribió Jorge Conti: “Las calles de Santa Fe tienen nombres. Sin embargo, para cada uno de nosotros son —antes que nada— una atmósfera, un color, un perfume particular que se entrecruzan con recuerdos personales y que son mas fuertes que los nombres, o más bien, han terminado por “ser’ esos nombres”.

Mi calle centenaria es eso para mí: el escenario natural donde transcurrió y transcurre mi existencia porque en esa arteria están la casa paterna, mi casa familiar, mi colegio de toda mi vida y el parque Juan de Garay, que sigue siendo un ámbito significativo desde mi niñez, entre otros puntos que atesora el corazón. Por todo ello, ¡feliz centenario, calle mía!