Cómo quedó el ámbito legislativo tras las remodelaciones
Cómo quedó el ámbito legislativo tras las remodelaciones
Cedieron las antiguas butacas del
Concejo al recinto de Santo Tomé
Se cambiaron los pisos, los muebles y las luminarias. Se logró mayor espacio y un estilo más funcional. La inversión rondó los $ 134.000. También se donó el estrado de presidencia. Dos bancas fueron conservadas como patrimonio de la ciudad.

El viejo estrado vs. el actual
El antiguo lugar que ocupaba la presidencia fue cedido al Concejo de la vecina ciudad de Santo Tomé. El nuevo estrado respeta el estilo racionalista propio de la década del ‘40, pero con criterios contemporáneos. Lo mismo sucedió con las bancas de los concejales, que fueron reemplazadas por un mobiliario más moderno.
Foto: Luis Cetraro y Flavio Raina
De la redacción de El Litoral
Este año el Concejo Municipal luce renovado. Nuevo mobiliario, flamantes pisos y luminarias modernas forman parte de una propuesta arquitectónica racional, acorde al estilo fundacional del edificio.
Para el mejoramiento de este ámbito, se conformó un programa funcional y espacial acorde a las necesidades de las actividades legislativas y ciudadanas. Uno de los puntos centrales es que, gracias a las modificaciones, se ampliaron las posibilidades de ubicación del público y autoridades.
Qué se cambió
La distribución de las bancas individuales y los desniveles utilizados para su disposición fueron considerados inadecuados por los arquitectos al frente de las mejoras. En este sentido, se tuvo en cuenta la necesidad de “transformar un lugar que desempeña periódicamente sus actividades una vez a la semana, por un ámbito donde se puedan promover otro tipo de actividades, tales como las asambleas ciudadanas u otros eventos que relacionan al Concejo Municipal con la ciudadanía”, detalla el informe de los profesionales a cargo de la obra.
Fue así que de tres gradas se pasó a dos, dejando un espacio más amplio en el centro del recinto, útil por ejemplo en las audiencias públicas. Asimismo, las bancas individuales fueron reemplazadas por mobiliarios integrados. De esta manera, ante un eventual aumento de la cantidad de concejales, podrían sumarse a la actividad legislativa, sin necesidad de ninguna alteración.
¿Qué pasó con las butacas originales? El presidente del Concejo, José Corral, comentó que “fueron cedidas al Concejo de Santo Tomé, con una chapita que dice que pertenecieron al Concejo de Santa Fe”. El mismo destino tuvo el estrado de la presidencia del Concejo. Por otra parte, dos de las bancas fueron conservadas por el gobierno local como patrimonio de la ciudad.
El piso de algarrobo fue reemplazado por otro de incienso, más valioso y vistoso que el anterior. La luminaria también fue cambiada por una más moderna.
Mejoras técnicas
También se remodeló el espacio asignado a la prensa y se dotó al cuerpo de taquígrafos de un lugar fijo y con incorporación de tecnología. La propuesta también incluyó el mejoramiento de las instalaciones de audio y la colocación de un cañón para proyectar material multimedial. Asimismo, el recinto cuenta con una mejor iluminación y climatización.
Los trabajos se realizaron en el marco del convenio con un equipo de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (Fadu) de la UNL, coordinados por los arquitectos Ramiro Piva y Natalia Silvetti.

Menos gradas, más espacio
La intervención respeta la conformación hemicíclica del recinto y despojó los distintos agregados que se sucedieron sin tener en cuenta los criterios formales de la obra. Gracias a la abolición de la tercera grada, quedó un espacio más amplio en el centro del Concejo, que será más provechoso para las audiencias y foros públicos. Foto: Flavio Raina y Luis Cetraro


El estilo racionalista
El edificio de la Municipalidad de Santa Fe fue construido por iniciativa del intendente Hugo Freyre en el período 1941-1945. La obra demandó entre su aprobación, habilitación final y puesta en funcionamiento el escaso tiempo de 4 años. El desarrollo del proyecto fue realizado por la Dirección Municipal de Obras Públicas, coordinado por los arquitectos Leopoldo Van Lacke y Carlos Galli. El predio elegido para la realización de la importante obra fue el circunvalado por las calles Salta, al frente del edificio, 1º de Mayo al oeste y 4 de Enero al este; este solar pertenecía al denominado chalet de Llambi Campbell.
El edificio adhiere (aunque con algunas interpretaciones propias de los proyectistas) a la corriente del racionalismo europeo, que venía siendo impulsada con fuerza desde la década del “30. Dicha corriente sostenía la polémica sobre la necesidad de terminar con la ornamentación en la arquitectura y encauzar una reacción antiacademicista.
En Sudamérica rápidamente sumó adeptos y, en Argentina, el arquitecto Alberto Prebisch se convirtió en uno de sus defensores. Éste declaró que “la arquitectura es ante todo un fenómeno de índole funcional y que el estilo es sólo su resultado”.