Huelga docente

Rodolfo Juan Oviedo.

DNI. 6.613.060, ciudad.

Señores directores: El prolongado paro de la docencia santafesina nos lleva a reflexionar nuevamente sobre la situación educativa de nuestros jóvenes, reflexión que finaliza una y otra vez con un juicio crítico sobre nuestra conducta social.

Sabido es que en los países con futuro la educación es la inversión más cuidada que realizan sus dirigentes. Inversión cuyo desarrollo se deja en manos de educadores altamente capacitados y correctamente pagos.

En nuestro Santa Fe, el salario inicial de un maestro de grado no supera los dos mil pesos y pese a ello es, en comparación con el de los docentes del resto del país, uno de los más altos. El de una enfermera o un agente policial, tanto en Santa Fe, como en las restantes provincias, es igual y a veces menor a dicho monto. La precariedad de estas remuneraciones adquiere una vergonzosa obscenidad si se las compara con los ingresos de un jugador de fútbol o un “mediático” televisivo que “trabaja” en nuestra Argentina. Si como sociedad retribuimos más el desempeño “laboral” de estos últimos en vez de hacerlo con quienes nos educan, cuidan de nuestra salud y protegen nuestra seguridad, es evidente que a todos nos interesa más el fútbol y el chimento televisivo que la educación, la salud y la seguridad.

Éste es el país que estamos construyendo.

Esta degradación de lo valioso, esta exaltación de lo banal, de lo superfluo, diariamente expuesta en nuestros hogares por una televisión basura, de mayor importancia formadora que nuestras propias escuelas, es causa principal del desinterés de nuestros jóvenes por desarrollarse intelectualmente.

Jóvenes que “leen” y actúan en consecuencia con este mensaje social.

En objetiva conjunción con esta inducción mediática, nuestra dirigencia política, más allá del discurso altisonante, no refleja en los hechos concretos la preocupación que afirma poseer por revertir esta afligente situación.

Como cita Guillermo Etcheverry en “La tragedia educativa” desde “1980 a 1995, mientras la cantidad de alumnos en la educación primaria y secundaria argentina creció en 65 %, el número de maestros lo hizo en un 55 % y la inversión en educación sólo creció un 13 %.

Nada indica que estos desalentadores porcentajes se hayan modificado en años posteriores.

Bien se dice que “Los niños son los mensajes vivientes que enviamos a un tiempo que no hemos de ver”.

Pobre mensaje el de nuestra generación.