EDITORIAL

El comercio con China

Quienes tenemos un poco de memoria recordamos cuando en el año 2004 el entonces presidente Néstor Kirchner anunció que nuestros problemas de subdesarrollo llegaban a su fin porque China multiplicaría las compras de nuestros productos y, además, realizaría formidables inversiones en nuestro territorio. No hace falta decir que apenas se conoció la información todos creíamos tocar el cielo con las manos. Como se sabe la ilusión duró poco. El primer mandatario chino se encargó de refutarlas personalmente.

De todos modos, en esos tiempos las relaciones comerciales fueron buenas, hasta el día en que a nuestros mandatarios se les ocurrió poner un límite a las importaciones de productos chinos invocando para ello la defensa de la industria nacional y el mercado interno. Según parece, los Kirchner supusieron que los chinos no se molestarían demasiado por esta decisión, del mismo modo que no les importaría mucho que nuestra presidente haya decidido no viajar a este país invocando las maniobras destituyentes de su vicepresidente Julio Cobos.

Los hechos demostraron que las especulaciones del gobierno argentino no se correspondían con la realidad. En estos días el jefe de Estado de China acaba de anunciar que en su gira por América Latina no está incluido nuestro país. Por si esto fuera poco, han decidido, además, suspender la importación de aceite de soja por considerar que no se ajusta a las reglas sanitarias que ellos exigen. En los dos casos no hace falta ser un experto en política internacional para percibir que el régimen de Pekín se está cobrando las ofensas políticas infligidas por los Kirchner.

El problema es que si estas amenazas se efectivizan se corre el riesgo de herir de gravedad a nuestra estrategia exportadora. La suspensión de la compra de aceite de soja implica derrumbar o herir de muerte un negocio de miles de millones de dólares. Para colmo de males, voceros chinos anunciaron que el veto podría extenderse a otros productos agrícolas lo cual, atendiendo al dato cierto de que la actual economía capitalista se orienta hacia los mercados del Pacífico y China es el principal comprador, los peligros que se nos avecinan son graves y en esos términos se han expresado las cámaras exportadoras.

Ocurre que en materia de política internacional los Kirchner suelen ser algo autistas. Ellos suponen que pueden tomar medidas proteccionistas o promover desaires a otros jefes de Estado sin pagar ningún precio por ello. En el mundo globalizado no se puede actuar como en 1945, entre otras cosas porque se corre el riesgo de que el país perjudicado por esa decisión pague con la misma moneda, que es exactamente lo que está haciendo China con nosotros en estos momentos. Los hechos le están demostrando a la pareja gobernante el error que cometen al privilegiar a los comerciantes de Tierra del Fuego, por lo que sería de desear que corrijamos los errores cometidos antes de que sea demasiado tarde, porque de no ser así hacia el futuro nos aguardan horas negras.