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“El caserón de Rosas”
En su trazado fundacional de la que es hoy Buenos Aires, Juan de Garay determinó que lo que sería conocido como Palermo de San Benito fuera destinado a tierras de cultivo de uso común. Más tarde, esos terrenos y bañados serían vendidos, y el primer poblador que intentó explotar esas tierras fue el capitán Doménico, quien fue cambiando su nombre hasta asumir el de Juan Domínguez Palermo, por su nacimiento en la capital siciliana. El gran territorio, al principio sin interés por su carácter anegadizo e inundable con las sudestadas, fue adquiriendo importancia a partir del siglo XVIII, y a principios del XIX se convirtió en objeto de una gran cantidad de pleitos.
“Cuando en la década de 1830 Juan Manuel de Rosas emprendió la iniciativa de adquirir estas tierras y unir las diferentes propiedades, se encontró que todo estaba repartido y en uso, que había casas y diferentes construcciones, y si bien su proyecto era factible, no le fue fácil, inclusive desde sus cargos políticos”, nos recuerdan Daniel Schávelzon y Jorge Ramos en “El caserón de Rosas”, publicado por Corregidor.
“Los que hoy son los llamados Bosques de Palermo, uno de los parques más conocidos del continente, tuvieron su origen en una obra de gran escala que hicieron Juan Manuel de Rosas y sus arquitectos e ingenieros. A lo largo de más de diez años, adquirió masivamente tierra de ese sector abandonado hasta entonces y lo transformó en el primer parque del país”.
En su libro, Schávelzon y Ramos dan testimonio de un fascinante estudio arqueológico e histórico sobre el enorme Caserón que hizo construir Rosas en este terreno, que a su vez fue objeto de un diseño de lagos, arroyos y jardines, que más tarde Sarmiento destinaría a parque público y que, finalmente, tomaría la forma de las obras proyectadas por Carlos Thays hacia 1900.
El texto se acompaña de una nutrida serie de material iconográfico.