Caja rica del Arte de Curar con jubilados pobres
Dorita D. de Ceruti, Susana Stefanutti de Rodríguez, Martha Minetti, y siguen numerosas firmas.
Señores directores: Un sistema de previsión con activos aportando alrededor de $ 600 por mes para jubilarse con $ 1.800 mensuales, ya no es sólo un problema de injusticia y de falta de respeto a la inteligencia de la gente, ni sólo un problema de ineptitud o de políticas erradas, estamos más allá, estamos en el absurdo, víctimas de una sicopatología política.
Lejos está esta situación del objetivo fundamental de la Caja, que debe ser la previsión de sus afiliados, esto es, que sus jubilados y pensionados logren un haber de pasividad equiparable al que percibían cuando estaban en actividad.
A diferencia de esta realidad de miseria, de privaciones, de abandono en que nos encontramos actualmente los pasivos, los directores cobraron de acuerdo con el balance 2008 alrededor de $10.000 mensuales y los empleados según el mismo balance tuvieron haberes promedios de $ 9.000 por mes, más premios cada seis meses y cantidad exorbitante de horas extras. No tenemos el ejercicio 2009, pero nos imaginamos un aumento significativo de estas cifras.
En definitiva, el objetivo de los directores han sido sus sueldos, sus viáticos, los viáticos del Consejo de Representante y Comisión Fiscalizadora, sueldos, premios y horas extras de los empleados y hasta el faraónico cambio en informática que tenía un costo de $ 1.000.000 y llevan gastado cerca de $ 3.000.000, en lugar de ocuparse de la situación de los verdaderos dueños de la caja: activos, jubilados y pensionados.
La omnipotencia del directorio en la conducción de la Caja es un claro botón de muestra de lo que sucede en ella, con el agravante de que la omnipotencia es la madre de la impunidad y ésta de la corrupción.
Además de la insistencia ante el Poder Legislativo para modificar la ley, es fundamental en las próximas elecciones optar por candidatos alejados de la vieja dirigencia y comprometidos con una renovación y un cambio de situación.
Lluvias de otoño
Publio Benuzzi
Un pensador poético
¡Lluvias de otoño! Las hojas empiezan poco a poco a desprenderse de los árboles, caen negras y mojadas sobre la vereda de mi casa, yo las miro desde la ventana, a los días, se vuelven amarillas, y un pajarito baja de un árbol, las picotea y sigue volando, y con un breve viento, las hace volar y al albañal. Van a parar. De todo el dolor que aquí nos es dado, finamente divisible como la lluvia que cae. Sólo la lluvia en el mar no le hace nada, a veces inquieto y solitario, como un humano que a nadie ama que sin amor, sin contrincante, sin pasiones, sin mujer, acaba sus sueños por sí mismo.
“Vuelo hacia mi último destino, como la levedad de las alas del ave sin herir a ninguno”.




