Durante el mes de búsqueda de los 3 ovejeros robados, su familia adoptó una PP (puro perro) llamada Morena. Hoy los 4 disfrutan de su hogar.

Durante el mes de búsqueda de los 3 ovejeros robados, su familia adoptó una PP (puro perro) llamada Morena. Hoy los 4 disfrutan de su hogar.
Historias de cuatro patas
El próximo 29 de abril es el Día del Animal. Y para adherir a la fecha y agasajar a aquellas personas que comparten sus vidas con ellos, rescatamos estas emotivas historias de reencuentros, adopciones y segundas oportunidades que la vida brinda.
TEXTOS. AGUSTINA MAI.
El milagro de Ken
En julio de 2009 una señora nos llamó diciendo que en la calle había un perro que no se levantaba y toreaba todo el día. Con mi compañero de Dignidad Animal, Gabriel (hoy presidente de la institución) y Patricia (colaboradora) salimos a buscarlo. ¿Cómo explicarles el olor que tenía? Insoportable, flaco, sucio, con bicheras, ciego y casi sordo. Lo llevamos a la veterinaria de Belén Rosas, profesional que colabora con nosotros, quien nos dio para hacer una radiografía.
Lo llevé a casa, lo pelé y bañé. Empezó a usar pañales, a comer y tomar su medicación. Lo llamamos “Ken” porque ya teníamos una barbincha, a la que pusimos “Barbie” (Ken es el novio de la muñeca Barbie). Le sacamos la radiografía y recibimos la triste noticia de que no iba a volver a caminar.
Estuve un mes y medio levantándome a las 6: le cambiaba el pañal, lo lavaba, le daba de comer y lo preparaba para llevarlo conmigo al trabajo -tengo una peluquería canina-. Luego hacía la leche para mis hijos y mi marido, llevaba a los chicos al colegio y me iba a la peluquería con Ken.
Como no movía las patas traseras, implementé colocarle una bufanda por debajo de la panza y lo sostenía de arriba para que empezara a ejercitar sus músculos. Un día le aflojé la bufanda y ¡¡caminó!! No lo podíamos creer. Sentí plenitud y que no fue en vano todo lo que había hecho por él.
Hoy Ken camina sin ayuda, hace sus necesidades solo, está gordito, me huele a metros y se desarma para saludarme y recibir una caricia. Tiene cicatrices en su cuerpo y eso nos da la pauta de la vida de mierda que le dieron. Pero es admirable las ganas que siempre le puso a las adversidades. Se lleva bien con mis 8 hijos de cuatro patas, con mis propios hijos y con mi marido. Lo queremos. Me siento feliz de haberlo ayudado. Este caso para mí fue un desafío y estoy orgullosa de él.
Mis agradecimientos para Belén Rosas, que siempre me dio esperanzas; al doctor que le hizo la radiografía porque se equivocó; a mis valores por haber hecho oídos sordos a los que me dijeron que lo pasara a mejor vida; y a todos los que colaboraron con donaciones.
La oportunidad de vivir que le brindé me hizo grande como persona; mis hijos, mi familia y amigos lo vieron, y eso para mí es suficiente. Después se formó Dignidad Animal y Ken fue el primer caso que atendimos.
María Soledad Rossitto.
Marroc, de la calle a un hogar
Marroc apareció un día en el barrio Centro-Sur. Fue arrojado una mañana muy temprano desde una camioneta en calle Sara Faisal y Zazpe, a la que persiguió y luego -muy tímido- regresó al lugar donde lo dejaron. Se quedó hecho una bolita todo el día, esperando en vano que lo buscaran. Varios vecinos le acercamos agua y comida, pero ese día no comió nada. Estaba muy triste, pero “sonreía”. A partir de ahí, quien lo conocía no podía resistirse a su “sonrisa”, dulzura y tranquilidad. Una vecina lo dejaba dormir en la entrada de su casa y sus nenas le pusieron Marroc -como el bocadito de chocolate-.
Marroc, poco a poco, se fue ganando el corazón de varios vecinos; todos lo queríamos tener, pero ninguno podía alojarlo... sólo darle comida y algunas caricias. Con el tiempo, tomó confianza e hizo suyo el barrio. Según la hora, tenía sus lugares de estar. En el ingreso del edificio donde vivo se quedaba algunas noches; en una galería comercial de peatonal sur, a la siesta. A quien quería su compañía, él estaba dispuesto a darla. La comida estaba en segundo plano; el quería mimos y palabras.
Como siempre, no todas las personas quieren un perro callejero en la entrada de su casa; algunas estaban molestas. Por eso me propuse buscarle un hogar, y ahí apareció mi amigo Oscar de Sauce Viejo.
Lo vino a buscar un martes. Como ya era la siesta, yo sabía que estaba en el negocio comercial. Marroc nos recibió con una “sonrisa” inmensa. Cuando Oscar le abrió la puerta del auto, no dudó en subir. Los acompañé por razones de seguridad: no sabíamos cómo reaccionaría, si se asustaría, si querría salir del auto... pero no. Fue un viaje espectacular: le pusimos el cinturón de seguridad y se lo dejó, se recostó hacia mí, tranquilo. Cada tanto me miraba, me hacía una caricia, lamía mi manos.
Marroc ya se adaptó a su nueva vida, lejos del ruido, de muchos autos y gente. En Sauce, corre en su gran patio, sale a recorrer su barrio, juega con otros perros. Esta historia es para los mascoteros a los que le “duelen” los perritos de la calle como a mí.
Graciela Iriarte.
La agonía de una familia
Casi todas las personas que tenemos perros los consideramos parte de nuestra familia. Para muchos esto es difícil de entender o indiferente. Pero a nadie, absolutamente a nadie, le gusta que le roben parte de su familia.
En octubre del 2009 vivimos la espantosa experiencia del robo de nuestros tres perros ovejeros alemanes cerca de Rincón. Durante 33 días dimos vuelta cielo y tierra: pegamos carteles desde Arroyo Leyes hasta Sauce Viejo, hablamos a todos los medios de comunicación. Nada. Fueron 33 días de incertidumbre y dolor. Recibimos más de un centenar de llamados telefónicos. Eran todas falsas alarmas.
A pesar del inmenso dolor, fue tremendamente gratificante conocer a tanta gente solidaria. A la vez, fue terriblemente entristecedor conocer tantos casos de mascotas perdidas, robadas, desaparecidas.
Un día, 33 días después, un llamado fue diferente. Una persona juraba haber visto a los “tres perros que salieron en el diario”. Una vez más, fuimos... ¡y eran! Fue inexplicable la alegría del reencuentro. Mutuo. De ellos tres, “mis chicos peludos”; de nosotros, “los grandes”; de mis hijos, “los chicos”; de todos. Las instancias de recuperación fueron tensas. Quien los tenía aseguraba haberlos comprado de buena fe y quería recuperar el dinero. Fue todo muy confuso porque no se entendía bien cómo alguien compra tres perros adultos, sin saber de dónde salieron, si son malos, mordedores, viejos o enfermos y asegura haber comprado por derecha. ¿Derecha de qué? Comprar algo sabiendo que es robado es casi lo mismo que robarlo.
Logramos traerlos de regreso a casa. Y empezamos a enterarnos de la enorme cantidad de perros de raza que son robados cada día para luego pedir rescate. El argumento se repite: “fueron comprados de buena fe”.
Con los centenares de perros abandonados que hay, la enorme cantidad de cachorros tirados y el desborde que se vive en el Refugio de la Protectora de Animales, aún hay personas que compran perros robados. Esa es la otra cara de la moneda: si alguien roba un perro es porque hay todo un mercado comprador. Hay gente que adquiere perros a sabiendas de que son robados. Y esos son más sucios e inescrupulosos que los propios ladrones.
Si alguien quiere un perro, puede tenerlo gratis de mil maneras. Si alguien quiere comprar un perro, puede hacerlo en cualquier criadero o a particulares. Pero quien compra perros robados, está robando parte de la historia de una familia, está apropiándose de afectos ajenos, está lastimando profundamente a chicos y grandes, además de a los propios canes. No hay buena fe en comprar algo robado. Ni un perro ni un estéreo. Quisiera aprovechar para extender nuestro agradecimiento a todos los involucrados en nuestra búsqueda.
Ana Candioti.

ken disfruta de su nueva vida en familia.

Cuando encontraron a Ken, no podía pararse y necesitaba pañales. Hoy es un perro sano y feliz junto a su familia.

Jorgito logró conmover a Bombi. Hoy los 2 forman parte de la familia de Laura.
Protegido por San Roque
El 9 de junio de 2004 saliste de casa y no volviste. Para encontrarte recurrimos a todos los medios existentes en Santa Fe. El 27 de julio Malena, que trabajaba en el Centro de Exposición de Guía de Turistas, llamó por teléfono desde Paraná. Estabas ahí, cuidado por ella y sus compañeras... ¡tan lejos! Alguien te llevó y te abandonó, sin medir el daño que estaba causando.
Mientras te buscábamos aquí, en tu ciudad, ellas buscaban tus dueños allá, en Paraná. Tu foto en el Canal Si y el amor de estas almas llenas de bondad fueron el nexo de nuestro reencuentro. 48 días lejos de tu casa, lejos de tu familia, pero San Roque te estuvo protegiendo siempre.
El 9 de febrero de 2010 te operaron de un tumorcito en la tiroides. Te la bancaste como todo un héroe. Sabemos que ya estás algo viejito, pero estamos seguros de que te recuperarás. Pese a los malos pronósticos, vas a seguir teniendo esa fortaleza que nos hace sentir orgullosos de vos. Dios dirá hasta cuándo estarás con nosotros, pero lo importante es que te seguiremos cuidando, mimando y velando para que sigas siendo ese perrito humano feliz, que forma parte de esta familia. ¡Fuerza Tobi! Marcela Belén Nicolau.

Marroc fue abandonado. lo cuidaron vecinos, hasta que consiguió un hogar.

Toli era buscado en Santa Fe, pero lo habían abandonado en Paraná.
Amor a primera vista
A Jorgito lo encontró una amiga en la Curva de Roces (Blas Parera y Boneo) en marzo del 2008. Una moto lo chocó y lo dejó tirado con una patita quebrada. Estaba muy asustado y flaquísimo. Nadie podía tenerlo para hacerle la rehabilitación y luego darlo en adopción, así que me ofrecí a cuidarlo un par de semanas hasta que sanara su patita malherida.
El problema era que yo vivía en un departamento con Bombi, mi perra de toda la vida, que tiene muy mal carácter. Nunca pudo socializar con otros perros, así que la presencia transitoria de otro animal en el hogar iba a ser complicada.
Al día siguiente del accidente, Jorgito llegó con su patita enyesada. Conociendo el malhumor que caracteriza a mi “niña”, lo mantuve apartado en la cocina. Jorgito seguía asustado y durante los dos primeros días no probó bocado.
Al tercer día tomé coraje y decidí que se conocieran. La primera reacción de Bombi fue la indiferencia, pero a la tarde pasó algo sorprendente: en el patio, bajo el último rayo de sol del atardecer, estaban los dos juntitos. Retraté ese momento porque no lo podía creer. Siempre que cuento esta historia, digo que fue amor a primera vista. Aparentemente Jorgito despertó su instinto maternal y fue Bombi quien decidió adoptarlo. No hice más que respetar su decisión y ahora son muy felices los dos, como madre e hijo del corazón.
Laura Buttini.