TODOS MIRAN A LOS LIBERALES DEMÓCRATAS
TODOS MIRAN A LOS LIBERALES DEMÓCRATAS
El partido menos votado tiene la llave para cambiar el sistema electoral británico

Nick Clegg (izquierda) coincidió con David Cameron y Gordon Brown en un acto realizado hace pocos días para celebrar la conmemoración del fin de la Segunda Guerra en Europa.
Foto: EFE
EFE
Los liberal-demócratas de Nick Clegg, el partido menos votado de los tres principales en las elecciones del jueves en el Reino Unido, tiene, sin embargo, en este momento en sus manos la oportunidad histórica de cambiar el sistema electoral de este país.
Claramente perjudicados por el tradicional sistema electoral conocido aquí como first-past-the-post (unipersonal mayoritario), que da el único escaño por una circunscripción a quien obtiene la mayoría simple de los votos y deja sin representación al resto, los liberal-demócratas reclaman con urgencia una reforma en profundidad.
Quieren un sistema de representación más justo como sería el proporcional, y esa exigencia podría ser el principal obstáculo para la alianza de gobierno que les han ofrecido los “tories” de David Cameron, que los necesita para formar una mayoría estable que les permite gobernar durante los próximos años.
Los “tories” se oponen a cambiar el sistema vigente, que ha permitido la alternancia en el poder de laboristas y conservadores en detrimento de los partidos más pequeños, y Cameron les ha ofrecido como mucho crear una comisión de todos los partidos que estudie el tema, tal vez una forma de dejarlo para las calendas griegas.
Su principal argumento es que el actual es el único sistema que garantiza el gobierno fuerte que necesita el Reino Unido, más aún en momentos en los que un déficit y un endeudamiento extraordinarios van a exigir de los ciudadanos sangre, sudor y lágrimas.
Preocupados
A los británicos parece asustarlos todavía algo que es, sin embargo, normal en la Europa continental y en otras partes del mundo como son las alianzas y los pactos de gobierno entre partidos que no han conseguido la mayoría absoluta, algo que obliga muchas veces a largas negociaciones y a compromisos y concesiones.
Durante toda la campaña electoral, los “tories” y sus abundantes corifeos mediáticos se dedicaron a asustar a los ciudadanos con el espantajo de un Parlamento en el que ninguno de los partidos tuviera la mayoría absoluta.
Esas advertencias, repetidas todos los días en grandes titulares, tal vez contribuyeron al decepcionante resultado de los liberal-demócratas, que quedaron muy por debajo de lo que indicaban los sondeos, pero no evitaron, sin embargo, que los “tories” se vieran igualmente frustrados en su principal objetivo de gobernar solos.
Ahora no podrán hacerlo si no es mediante una difícil alianza o acuerdos puntuales con los liberal-demócratas —un partido ideológicamente progresista y muy alejado de los tories—, que, conscientes de la fuerza que tiene en este momento pese a su limitado número de escaños, trata de marcar sus líneas rojas.
Los liberal-demócratas no sólo aspiran a un nuevo sistema electoral, que no vuelva a dejarlos infrarrepresentados en el Parlamento, sino que quieren también otras reformas políticas como acabar con los miembros hereditarios en la Cámara de los Lores y democratizarla finalmente.
Clegg tiene un as en la mano en sus negociaciones con los “tories” ya que frente a una posible alianza contra natura con éstos puede esgrimir la posibilidad de una amplia coalición con los laboristas que incluyese también a nacionalistas escoceses y galeses la primera parlamentaria verde, todos ellos mucho más favorables a la reforma electoral que reclama. Pero esta posibilidad presenta también sus problemas: uno es la dificultad de que dure una coalición con partidos de tan distinto color aunque todos ellos presuman de progresistas, y otro lo problemático de la continuidad a su frente del político que perdió las elecciones: el todavía primer ministro, Gordon Brown.
Y, por último, en caso de que éste finalmente decidiese poner un plazo para dejar el liderazgo laborista, ¿quién y cuándo le sustituiría?
El resultado del jueves no permite en ningún caso una salida fácil como la que reclaman con urgencia los mercados.