Mi hasta siempre a dos compañeros

de la vida y de la música

Adriana Cornú

Se fue también Jorge... Ahí nomás, a unos meses, de la partida de Ricardo.

Ambos, para mi gusto, muy temprano...

De niña creía que algunos muertos se llevaban a un ser cercano para no se qué cuestión... Y Jorge Edgard Molina Battini (San Luis, 19 de abril de 1934; Santa Fe, 25 de mayo de 2010) y Ricardo Pérez Miró (Paraná, 5 de junio de 1952; Buenos Aires, 22 de noviembre de 2009) fueron cercanos entre ellos -y conmigo- en la música y la vida, aun cuando la vida los -y nos- había puesto en distintos lugares y evoluciones, pero con el respeto y cariño intactos que las fuertes historias comunes pueden forjar.

Jorge dedicó su vida a la enseñanza de la música y de la composición. Fue, hasta su jubilación, docente del Instituto Superior de Música de la Universidad Nacional del Litoral y uno de sus directores en el retorno de la democracia. Mientras tanto y, aun después de su retiro, su actividad se concentró en la composición, tarea que realizaba asiduamente -siempre trabajando en algo nuevo, en un nuevo agrupamiento tímbrico, en una nueva sonoridad-, además de estar presente como jurado, asesor e investigador de numerosos eventos universitarios, provinciales o nacionales.

Ricardo pasó su -demasiado corta- vida dando clases de música en los liceos municipales de Coronda y Santa Fe y de composición electroacústica en el Instituto Superior de Música, en donde fue el creador y director del EFME (Laboratorio de Fonología y Música Electroacústica), una institución, en su género, pionera en el país. No tuvo tiempo de retirarse y la muerte lo encontró en plena y madura actividad, dedicado fundamentalmente a la enseñanza y composición de música electroacústica, participando en asociaciones nacionales e internacionales para su difusión y trabajando en la investigación interdisciplinar.

Ambos eran compositores. Jorge, preferentemente, de música acústica, es decir, para los instrumentos tradicionales, y Ricardo, en particular, de música electroacústica, la que se efectúa a través de las nuevas máquinas generadoras de sonidos que trajo el avance de la técnica de los últimos años.

Ambos, a través de algunas organizaciones -Temuc, Taller Experimental de Música Contemporánea; Taller Musical de Santa Fe; Agrupación de Música Contemporánea de Santa Fe; Asociación de Compositores de Santa Fe y en el Instituto Superior de Música-, se dedicaron férreamente a la difusión de las nuevas músicas locales, nacionales y extranjeras, a través de conciertos, cursos, seminarios, etcétera, siendo en muchas oportunidades los primeros en traer, a Santa Fe, verdaderas personalidades del quehacer musical contemporáneo y en otorgar al público santafesino obras en primeras audiciones (actividades de las cuales también fui partícipe).

Para mí, fueron mis compañeros de ruta, de objetivos a conseguir... De amores y desavenencias... De alegrías y tristezas... Encuentros y desencuentros... De carcajadas y llantos... En fin..., de la vida

Me toca hoy despedir a Jorge, estando aún despidiéndome de Ricardo. Me quedo con sus músicas, sus obras, vencedoras de la ingrata muerte y con los maravillosos recuerdos imborrables e intransferibles de los años compartidos...

Hasta siempre, queridos, queridísimos compañeros.

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Jorge Edgard Molina

Foto: Archivo El Litoral

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Ricardo Pérez Miró

Foto: Archivo El Litoral