Conciencia ambientalista

Gonzalo Zurvera.

DNI. 34.673.669.

Señores directores: Es fin de semana en Santa Fe y, como es habitual, quiero pasar un rato por la Costanera. Disfruto mucho las tardes soleadas a orillas de la laguna, ver cómo la gente camina libremente, algunas paseando en sus vehículos y otros simplemente sentados, como yo.

La Costanera santafesina es un lindo lugar para pasar el día, para distraerse, despegarse de la dura semana, compartir un buen rato en familia o con amigos.

Entre tan lindo momento y tantos buenos sentimientos, se presenta entre ellos uno de los regalos más lindo que Dios nos puede ofrecer, y es el acto de comer, lo que muchas veces nos provoca una sensación placentera, de gozo y de bienestar siempre que se lo haga con el respeto y la responsabilidad que se merece.

Aunque muchas veces deje de cumplir su verdadero rol de necesidad básica, y ocupa más una necesidad producida por el antojo, los impulsos, costumbre o pasatiempo, deja de perder valor el hecho de compartir algo con alguien. Pero de todas formas esto no es de lo que quiero hablar en esta carta. Quiero hacer hincapié en un tema relacionado, que tiene que ver con lo que se podría llamar el vestido de los alimentos, es decir, en dónde son contenidos los mismos. Me refiero a los envoltorios que cubren las galletitas, las botellas plásticas que contienen las gaseosas, los vasitos plásticos que se utilizan una sola vez y quedan como si no sirvieran más, o las bolsitas de nylon que nos dan cuando compramos algo, por más mínima que sea esa compra. Sé que este tema es complicado, ya que prácticamente todo lo que consumimos está cubierto con este tipo de materiales, pero es hora de que tomemos conciencia de lo que está pasando y de cómo, sin darnos cuenta, afectamos constantemente nuestro planeta, creyendo que un simple papel o un plástico no afecta en nada, lo que no es cierto, ya que es uno por persona y es cosa de todos los días, así que imagínense si hiciéramos una suma de la cantidad de habitantes que somos y de todo lo que consumimos diariamente.

Es cierto que se trabaja mucho con el tema del reciclado y la separación de residuos, pero al ritmo que vivimos y consumimos creo que no alcanza sólo con un buen manejo. Se trata de algo crucial, como lo es la vida, y éste es el momento ideal para empezar a revertir esta situación, en vez de esperar a que llegue lo peor.

Es imposible no vivir de los recursos del planeta, pero sí es posible hacerlo de una manera más correcta, que nos dé la esperanza de seguir viviendo en el mundo mucho tiempo más. Prestemos más atención a la manera en que hacemos las cosas; perdamos ese miedo que nos ata a vivir como pretende este sistema consumista, y mirémonos un poco más desde nuestras raíces como seres humanos y de lo que en realidad significa la vida.

Entre todos podemos hacer algo, todo empieza en uno sin importar lo insignificante que ese cambio sea. Siempre será un buen paso que podría llegar a marcar el principio de algo y el fin de otro.