En el Centro Cultural Provincial
“La edad de la ciruela” estrena Grupo Habima
La obra pertenece al dramaturgo argentino Arístides Vargas y se caracteriza por su alto contenido poético.
De la redacción de El Litoral
Para este domingo, a las 20, en la Sala Mayor del Centro Cultural Provincial, está anunciada la presentación del Grupo Taller de Teatro Habima, del Círculo Israelita Macabi con el estreno en nuestra ciudad de “La edad de la ciruela”, obra del dramaturgo argentino Arístides Vargas.
Habima es el grupo de taller de teatro del Círculo Israelita de Macabi, de larga trayectoria en la escena local. Ha representado obras de grandes autores como Roberto Cossa, Jorge Goldenberg y Sholem Aleijem. Son sus integrantes Cecilia Ajun, Martín Benítez, Marta Eidelman, Diana Korzin, Silvia Rossi, Clarita Scheiner, Frida Steimberg y Perla Zentner. En el equipo técnico están en iluminación, Javier Forni; en video y fotografía, Laura Fiori, y el vestuario, maquillaje y escenografía fueron realizados por el mismo grupo. Todos, bajo la coordinación y dirección de Silvia Campos.
Sobre la puesta en escena, se adelanta que “hay una casa y un árbol. El lugar de reencuentro de dos mujeres, todas las mujeres, signadas por el tiempo, por su paso y su detención. Un juego de recuerdos vivos, de aromas y emociones, con y sin reproches. Una mirada más al ayer, para volver a elegir, partir, buscar, crecer y, a veces, ser feliz”.
El autor, quien pasó su niñez en tierras mendocinas, aunque nació en Córdoba, es uno de los nombres más destacados del teatro latinoamericano en su doble función de dramaturgo y director. Exiliado desde 1975, ha recorrido varios países fundando teatros que han hecho y siguen haciendo historia: la Compañía Nacional de Teatro de Costa Rica, el grupo Justo Rufino Garay de Nicaragua, el grupo Taller del Sótano de México, la compañía Ire de Puerto Rico y el excelente Grupo Malayerba de Ecuador, que dirige actualmente.
Sus obras tienen siempre una estructura muy personal; en este caso en particular, está fuertemente expresada en un lenguaje marcadamente poético que resulta muy atractivo, pero que, al mismo tiempo, es innegablemente teatral porque aquéllas fueron escritas por alguien que vive el escenario.
Vargas construye en “La edad de la ciruela” -obra que ha sido presentada en diversos escenarios de la Argentina y del mundo hispanohablante- una pieza con alto contenido poético. Puede advertirse que en sus entramados las casas suelen ser habitadas por familias. Y en una familia, como en un país, hay un lugar que se ama de una manera extraña porque es un lugar seguro, un árbol que no crece en otro lugar.
¿Deberían ser las casas como árboles? ¿Deberían ser las casas como nidos? “La edad de la ciruela” propone a los espectadores un árbol, un ciruelo testigo del devenir de los afectos familiares, afectos que a su vez han sufrido el inevitable devenir de una ciruela.
Y una casa, aquella que albergaba sólo mujeres que querían irse de allí; mujeres hermanas jugando el juego del recuerdo, el juego del reencuentro, el juego de jugar para vivir, de jugar para partir. Y también, la búsqueda desesperada de la felicidad, más allá del tiempo, más allá de la muerte y de la maldición familiar.




