EDITORIAL
EDITORIAL
Las internas dan
salud al sistema
Conviene reflexionar sobre el reciente proceso electoral interno realizado en la provincia de Buenos Aires entre candidatos radicales. Y conviene hacerlo porque desde hace años, por un motivo o por otro, las internas partidarias no se efectivizan. Pareciera que un mecanismo de selección de candidatos cuya razón de ser es el pluralismo político y el debate, está mal visto. Los argumentos para desestimar las internas son los clásicos: se considera que alientan peligrosamente el conflicto, que pueden provocar la ruptura partidaria y, como en muchos casos lo que se decide son exclusivamente destinos personales, a la mayoría de los afiliados no les interesa participar. La alternativa a ello es la selección por “consenso”, un mecanismo legítimo pero inferior desde el punto de vista de la participación democrática, inferior al de las internas.
Si las internas inevitablemente fueran así queda claro que su implementación no sería aconsejable, pero no bien se presta atención, se aprecia que las internas no necesariamente deben ser la antesala de la disgregación política o el mecanismo para legitimar desmesuradas ambiciones personales. El “internismo” es el vicio de las internas como el democratismo es el vicio de la democracia. Para los autores clásicos, las internas no fueron concebidas para destruir los partidos sino para darles vida a través de la democracia. Siempre es preferible que los procesos de renovación de los partidos se hagan por la vía de este sistema y no fraccionando el partido o tomando decisiones a espaldas de los afiliados.
Una verdadera interna pone en juego estrategias, visiones de la realidad y también liderazgos. Los beneficiarios de estas situaciones son los afiliados que cuentan con la posibilidad de movilizarse para elegir los candidatos que consideren más adecuados para representarlos. Desde el punto de vista histórico las internas son atributos de los partidos democráticos, porque en los partidos cerrados o totalitarios este sistema no existe.
Habitualmente, se las descalifica porque corren el riesgo de dividir el partido. Esto suele suceder con partidos en crisis, de ello que se deduce que las internas cuando son tales son un síntoma de salud partidaria. Que un partido se fraccione no es culpa de la interna sino de quienes crearon las condiciones para que en el partido el debate interno corra el riesgo de destruirlo.
En las sociedades democráticas, los sistemas de selección de candidatos se hacen a través de internas. Estados Unidos es el ejemplo paradigmático, pero no el único. La reciente elección interna entre Barak Obama y Hillary Clinton fue un ejemplo de debate y participación política que en lugar de debilitar fortaleció al partido Demócrata. En la Argentina, los dos grandes procesos de selección de candidatos de la democracia se llevaron a cabo a través de este sistema. Son los casos de Alfonsín en 1983 y Menem en 1989.