Artes Visuales

“A cada cual su silla”

Por Domingo Sahda

En un ámbito de complejo, fracturado recorrido visual, la artista plástica Susana Ocampo subjetivamente conmina al ocasional visitante a la exposición de sus trabajos expuestos en el Centro Cultural La Ribera de nuestra ciudad, titulada un tanto provocativamente como: “A cada uno su silla”, a que adopte una actitud en tal sentido y se defina según donde se ubique. Mixtura en esta muestra pinturas ortodoxamente entendidas y elaboradas como tales con objetos intervenidos y/o creados por la expositora, a saber: “sillas”.

Ocampo mixtura en este particular espacio que ella organiza, contando con la complicidad y complejidad arquitectónica del lugar, obras elaboradas desde la planimetría plástica con otras obras en las cuales la definición tridimensional del objeto silla, entendido como cuerpo en el espacio, las convierte en protagonistas de esta singular proposición plástica. Ambos caminos expresivos se vinculan como particular construcción metafórica centrada esencialmente en el color, su densidad expresiva y su contraste, la violencia gestual y el itinerario de cada pieza las relaciona.

En las pinturas entendidas como tales la artista ataca fragorosamente el plano visual sin medias tintas, descartando cualquier evanescente contraste, haciendo de la “actitud”, de la gestualidad un modo particular de dejar señales y marcar límites.

Este modo de expresión altamente personalizado en esta muestra presenta altibajos tanto técnicos como expresivos. Vale la pena hacer esta acotación en tanto se interpreta que la energía creadora que Ocampo pone de manifiesto se incrementa en trabajos pictóricos en los cuales consigue un equilibrio expresivo entre proceso y producto. En estos casos, las obras posponen el desafío y la audacia de superficie para profundizar en esa densidad expresiva de angustiosa presencia que se asoma y reafirma en miradas de personajes sin pupilas, en ojos que demandan nuestra participación subjetiva para así abrirse a mundos posibles en una epifanía incierta.

En estos trabajos la artista subraya perfiles, anota accidentes y giros tonales con soltura, en el desparpajo de plasmar figuras femeninas que trasudan una sutil ansiedad existencial apenas encubierta por los desafíos plásticos autoimpuestos como escritura en el plano pictórico. Detrás, por debajo del compulsivo trazo de sus dibujos-pinturas elaborados con crayones sobre papel, la autora encauza su vitalidad pictórica y en ella se cuelan sus logros más conmovedores. Figuras de osado desparpajo que proyectan melancólicas ausencias y se recortan como frágiles y sensitivos seres expuestos al vendaval de la vida.

El sujeto observador participa de este “sonoro e inaudible” diálogo que toma otro giro en inesperada vuelta de tuercas. Una intención y un fragoroso discurso visual en el plano se tornan en irónico juego de roles. La complicidad inicial entre la mirada y el cuadro se traspasa a la corporalidad del gesto y el recorrido entorno.

Aparece el “dime en qué silla te sientas y te diré quién eres”.

El irónico juego-desafío de las sillas intervenidas, modificadas o inventadas, además de ser un modo oblicuo de explorar y observar conductas sociales no se desata, el observador de esta muestra difícilmente romperá al cerco social autoimpuesto jugando el rol que sugiere la expositora en ésta, su muestra, diciendo desde la acción corporal quién cree que es. Se sabe de antaño que los juegos son ceremonias de comprometido pensamiento, sentimiento y acción semipública o pública que traen aparejado el riesgo del juego de roles defendibles y/o risibles. El intento de la autora en su enérgico y desafiante, lúdico y quizás proteico juego naufraga como tal, deviniendo cada silla en objeto de apreciación visual. Se mira a estos objetos como soluciones o proposiciones plásticas intangibles, objetos que “se miran pero no se tocan”. Ciertas audacias aparecen como excesivas si no se pondera previamente el destinatario posible.

Esta teatralización nada inocente remeda a su modo el “juego de la Verdad” creada por la “Nouvelle Vague” francesa de los ‘60 y exige, a ojos vistas, lugares y públicos más desenfadados para producir el efecto buscado. Muchas veces, el “buen tono” conspira con las mejores intenciones.

El coherente recorrido de sus pinturas es y se percibe como un sonoro latido intuido, un soterrado grito. En medio de esta planificada vorágine cromática, la autora, Susana Ocampo, para quien el arte de pintar, el arte de hacer, es un compromiso que eventualmente no busca adeptos incondicionales, pero sí alienta sacudir modorras. En todo este restallante ámbito cromático hay, no tan inopinadamente, una Silla Reina que “mira y controla” aquello que sucede a su alrededor. Expectante y admonitoria, es el epicentro del espacio de la muestra, y en ella esta silla-personaje juega el juego propuesto. ¿O no?

Orlando Romano- Acuarelas

En espacio del 7º Distrito de Vialidad Nacional, 27 de Febrero y Salta, el artista plástico Orlando Romano expone una colección de acuarelas, determinando así que esta muestra se convierta en una “Rentree” en el territorio del arte plástico santafesino, en su caso como artista expositor de sus trabajos. Alejado, momentáneamente, y dedicado por largo tiempo a la docencia artística, Romano retorna al “ruedo” y lo hace con esta colección de acuarelas de formato medio-menor en las cuales organiza un espacio plástico de particular organización abstracta del espacio. Nada es descriptivo ni denotado, mas las evanescentes formas convocan con claridad a las formas, por alusión y rememoración, creando espacios y situaciones perfectamente recognoscibles desde una mirada poética. Se trata de claros -en el sentido de “no ambiguos”- trabajos en los cuales se evidencia que en modo alguno las reducidas dimensiones conspiran en contra de la calidad artística. Buenos trabajos que vale la pena apreciar con detenimiento en los cuales se mixturan inteligentemente procesos y producto final.

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