Chávez , Bolívar y el realismo mágico
El comandante Hugo Chávez está llevando adelante una inédita operación de revisionismo histórico. En este caso, no se trata de elaborar una lectura alternativa de la historia oficial, sino profundizar el texto canónico de la llamada “revolución bolivariana”. La maniobra asombra simultáneamente por lo audaz, desvergonzada y delirante. Chávez ha ordenado exhumar los restos de Simón Bolívar porque quiere probar que el Libertador fue asesinado y que el responsable de la muerte es el héroe nacional de Colombia, Francisco de Paula Santander, con lo cual ajusta cuentas por esta singular vía con su rival más enconado, el saliente mandatario colombiano Álvaro Uribe. La propuesta cuenta con el aval de historiadores venezolanos y colegas europeos interesados en vivir emociones telúricas más allá de los rigores de la heurística y la hermenéutica.
No hay antecedentes de una movida historiográfica de semejante envergadura. Se sabe que a los políticos, y en particular a los dictadores, les gusta manipular la historia y tomar prestado del pasado el prestigio de algunos héroes para asumirlos en tiempo presente. Es lo que ha venido haciendo Chávez hasta este momento. El dictador venezolano ha “inventado” un Bolívar hecho a su imagen y semejanza, y justifica cada uno de sus actos invocando la memoria del prócer. Historiadores, investigadores, cientistas sociales, han sido puestos al servicio de esta causa. Asimismo, se ha bloqueado toda alternativa de un discurso histórico que ponga en tela de juicio el texto oficial.
Pero ahora hay una vuelta de tuerca. Los revisionistas, incluidos nuestros revisionistas criollos, a su manera dejaban a los muertos en sus tumbas. Chávez ha roto con ese hábito. Ahora, los muertos salen de sus tumbas y los cuerpos son interrogados para que digan no la verdad sino la verdad que el poder desea escuchar.
Mientras tanto, Uribe en Colombia protesta contra la manipulación a la que es sometida la figura de Santander. Y en esta operación delirante de confundir el pasado con el presente, denuncia que la Venezuela de Chávez es un santuario de guerrilleros de las Farc.
Esta denuncia opera por partida doble: mantiene intacto el clima de beligerancia y obliga a Juan Manuel Santos, el presidente electo, a tomar distancia de Chávez.
Como se recordará, no bien ganó las elecciones en la segunda vuelta, Santos se alejó de Uribe designando ministros sin consultar a su antiguo protector y haciéndole guiños a Chávez como para dar a entender que la nueva gestión es distinta de la anterior. Tan manifiesto es el cambio de posición que Santos no vaciló en invitar para el acto de asunción no sólo a Chávez, sino también al presidente de Ecuador, Rafael Correa.
En este contexto, Uribe hace pública la denuncia sobre guerrilleros colombianos en Venezuela, mientras Chávez, por su lado, lanza esta insólita polémica histórica destinada a justificar en nombre del pasado las miserias del presente.




