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Con su esposa, Adalgisa, y sus hijos Danilo, Dino y Rosita, en la casa familiar de General Paz 6900.

El legado de un inmigrante que dio todo por los suyos

Este año se cumple el centenario del natalicio de Sergio Gon. Llegó a Santa Fe desde Italia en 1927 y, a lo largo de una prolífica vida, trabajó con tesón por su familia y por la gente de su colectividad. Presidente fundador del Centro Friulano, fue partícipe del desarrollo constructivo de la región.

TEXTOS. DINO GON. FOTOS. GENTILEZA FAMILIA GON.

Nació el 2 de agosto de 1910 en el pequeño pueblo de Ialmicco, a sólo 3 km de Palmanova, “la cittá stellata”, ciudad estratégica amurallada en forma de estrella.

Hijo de Giuseppe (Bepo) Gon y Rosa Maccoratti, fue el tercero de cinco hermanos varones: Elio, Nillo, Sergio, Fulvio y Eldo, nacidos entre 1906 y 1920. El padre trabajaba en su quinta y otros menesteres. Cursó hasta tercer grado en el pueblo y ya de adolescente estudió dibujo técnico en una escuela de Artes y Oficios, en Palmanova.

Manifiestamente disconforme con la vida que llevaba y seducido por los relatos de muchos paisanos que estaban acá y otros que habían vuelto a Italia para servir en la guerra (y luego se quedaron allá), partió para América en 1927, antes de cumplir los 17 años.

Vino directamente a Santa Fe, recalando en la casa de la familia Macor, hasta que se agregó a la familia del tío Antonio Marán y tía Assunta (hermana de su madre), que se instalaron en Santa Fe un par de años después, con sus tres hijos: Mario, Ángel y Berenice.

LA NUEVA PATRIA

Sergio trabajó en distintas empresas constructoras, hasta que dominó el oficio de albañil, al que le sumó sus incipientes estudios de dibujo, por lo que era bastante completo. Hasta hubo un tiempo que, con el título de capataz, podía firmar y presentar en la Municipalidad planos de construcciones sencillas.

Vivió un momento muy pujante de Santa Fe (salvo los primeros años de la década del 30) y luego como empresario, solo o en sociedad, fue partícipe del desarrollo constructivo generado por la bonanza de la posguerra. Aún hoy a muchos de los edificios que construyó (algunos con más de 50 años de uso), se los ve fuertes y lozanos.

En 1957 comenzó con la empresa familiar propia, que durante quince años tuvo un creciente desarrollo. Muchos años después, por problemas de salud, fue abandonando progresivamente la actividad, hasta su jubilación.

Tuvo un manejo dinámico de sus bienes, lo que le permitió tanto el cumplimiento de sus metas y anhelos personales, como la preservación de un patrimonio del que aún hoy hace usufructo y agradece su familia. Hizo también una fuerte apuesta a facilitar el estudio y la capacitación de sus hijos.

SU FAMILIA

Conoció en 1938 a Adalgisa Falilone (Gige) y se casó muy poco después, el 17 de diciembre del mismo año.

Alquilaron una humilde casa en Boneo y San Martín. Tiempos favorables le permitieron comprar, en 1945, su casa en Lavalle 5927, a medias con su socio. La mudanza a la casa familiar definitiva de General Paz 6952, se produjo en 1953.

Tuvo tres hijos. Nueve nietos y seis bisnietos (hasta ahora) serán los encargados de prolongar su legado en el tiempo.

PRIMER VIAJE A ITALIA

Si bien se fue de Italia casi sin el visto bueno (por no decir la manifiesta disconformidad) de su padre, Sergio quedó muy ligado a su casa por cartas. En cambio, durante la guerra, las cartas era muy esporádicas primero, venían censuradas luego y por último se cortó por completo la relación, a punto tal que en Italia se enteraron del nacimiento de su hijo Danilo mucho tiempo después de ocurrido.

Por tal motivo, tan pronto consiguió el dinero, se embarcó en el primer buque mixto carga-pasajeros que consiguió. Salió de Buenos Aires a comienzos de 1947 y luego de un mes tuvo la alegría de ver que toda su familia estaba viva. Casi hacinada, pero viva.

Por casi un año trabajó intensamente para reanimar a su familia, muy afectada por las secuelas de la guerra. Ayudó también a rehacer vínculos entre familias y emigrantes, tarea que ya no abandonaría más en su vida.

LOS VIAJES A ITALIA

En junio de 1967 fue nuevamente a Italia, junto a parte de su familia y una comitiva de unos quince paisanos y amigos, con quienes compartieron una experiencia más que gratificante.

En 1970 organizó otro viaje a Italia, pero no ya con sus paisanos sino que lo hizo extensivo a toda la comunidad. El objetivo era armar un charter. Sí, un avión completo de aquella época (150 pasajeros aproximadamente) para reducir costos y permitir así que muchos pudieran ir. Presentó el proyecto en instituciones italianas de la ciudad y el interior, viajó, habló, tramitó, hasta que armó un contingente de 50 pasajeros. Muchos especularon que quería sacar provecho de los pasajes liberados que la compañía le brindaba, pero él repartió el beneficio entre todos los viajeros.

En 1972 fue con su esposa. En 1979 tuvo una invitación para un congreso de emigración.

A mediados de 1985 fue a ver a su hija que ya vivía en Italia, pero fundamentalmente para asistir a otro congreso de emigración y a fogonear la edición del libro “Ialmicco emigrante”, que resumía las vicisitudes de los habitantes de su pueblo que se vieron forzados a emigrar. El esfuerzo y los desarreglos del viaje hicieron empeorar sus dolencias y falleció un mes después de su regreso, el 23 de diciembre de 1985.

El libro, que trasunta todo el afecto por sus paisanos y amigos, fue editado y presentado en 1994.

EL CENTRO FRIULANO

Habrá sido por la nostalgia de su tierra natal que nunca dejó de acompañarlo, por su reciente viaje a Italia, por la llegada de su hermano Nillo y familia y muchos friulanos más, aproximadamente entre 1948 y 1953, por un período de marcado progreso económico, o por todos estos motivos juntos y muchos más, que en 1951 promueve, junto a un nutrido grupo de paisanos, la creación del Centro Friulano, del que fue su presidente fundador.

Trabajó a destajo, primero aglutinando y organizando voluntades y luego con la compra del terreno y la construcción del galpón original. En esta tarea convocaba (y lograba el apoyo) de todos los gringos y muchos argentinos que se acercaban a la pujante institución.

Dominaba bien el castellano. Sólo algunas palabras permitían descubrir su origen, y tenía una elocuencia tal que contagiaba y redondeaba su carisma muy particular. Eran esperados, ovacionados y muy festejados sus discursos en todas las fiestas. Era realmente un referente. En algunos períodos dejó de ser presidente, dando lugar al empuje de dirigentes más jóvenes. Luego volvió por algún período, con un perfil diferente, pero con el mismo ímpetu de siempre.

Muchos hombres tienen algún sesgo por el cual dejan marcada una cierta impronta en la sociedad, una manera de trascender a su existencia física. Sergio Gon lo canalizó principalmente a través del Centro Friulano y de una permanente inquietud por reanudar lazos familiares imprevistamente rotos por la emigración. Fueron muchos los que, gracias a las investigaciones, contactos, cartas, encontraron familiares acá o allá, reanudaron vínculos, conocieron tíos, primos o antecedentes familiares, en épocas en que eso no se centraba en un mezquino interés por huir de la Argentina con una ciudadanía italiana, sino en un genuino interés por reencontrarse con las raíces.

Por todo eso, el presidente de Italia le otorgó una medalla al mérito por su acción en beneficio de la comunidad italiana en el exterior, distinción que poco tiempo después se transformó en la de “Cavalliere della Reppublica Italiana”.

LOS EMPLEADOS

Fue un patrón exigente, duro y recto. En la misma medida que pretendía determinados rendimientos, se exigía a sí mismo para cumplir con sus obligaciones patronales, más allá de los altibajos a los que se ve sometida una actividad como la construcción. Nunca abandonó su ropa y oficio de albañil, lo que le valía una cercanía muy especial con el trabajador.

A la distancia, se puede reconocer a todos sus circunstanciales empleados su participación en el gran cometido que fue construir la Santa Fe, la Argentina de aquel entonces. Todos supieron tener y defender un lugar en una sociedad inclusiva, no igualitaria pero sí con fuertes lazos de interdependencia y respeto entre diversos sectores. Seguramente no habrá sido sencilla la tarea; había diferencias étnicas, de idioma, de cultura, pero sobraban ganas e intenciones de hacer las cosas en serio, correctamente.

Esto se deduce también de los padrinazgos. Fueron muchos los obreros y paisanos que a don Sergio le confiaron esa misión con sus hijos, y muchos también los que, ya retirados de la actividad, lo visitaban simplemente para saludarlo y rememorar otras épocas.

TRIBUTO A LOS FAMILIARES Y A LA AMISTAD

Pensando en rendir este homenaje a la memoria de Sergio Gon, surgió claramente la importancia de su entorno.

Primero, su abnegada y consecuente esposa Adalgisa, una compañera que apuntalaba desde todo punto de vista el accionar de su esposo. Quizás en un perfil muy propio de la época, relegó lo suyo, acompañando desde lo familiar. Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que al momento de partir Sergio -con mucho de aventura y hasta de riesgo- a la Europa de posguerra, ella contaba con sólo 27 años, y se quedó sola, a cargo de dos hijos por casi un año entero.

Hubo gente que disimuló, quizás en más de una oportunidad, alguna situación incómoda, apuntalando las iniciativas y obras de una personalidad avasallante. Gente que descubrió, más allá de cuestiones formales, la pureza, el desinterés y rectitud de sus intenciones y procederes y que supo no tomar en consideración sus aristas personales más ríspidas (su carácter fuerte, enérgico y a veces hasta autoritario; su tozudez).

Seguramente todos, en alguna oportunidad, adhirieron entusiastamente o menearon la cabeza en una resignada forma de prestar consentimiento ante las propuestas, iniciativas, órdenes, manejos que don Sergio planteaba. No siempre tenía razón, pero ¿cómo hacerle entender razones a este gringo duro de roer, convincente, elocuente, emprendedor, de andar arrollador?

Pienso que la gran mayoría reconocía en él su capacidad de análisis y la consecuente toma de decisiones, la transparencia de sus actos públicos y privados, la noción de justicia y la nobleza de objetivos que subyacían en cada determinación. Es por eso que quizás fue un referente para muchos que lo acompañaron sin requerir demasiadas explicaciones. Simplemente lo “bancaban”. ¿Y quién es el que se “banca” a una persona en sus virtudes y defectos, en sus alegrías y penas? Es un amigo. No se puede desprender su vida de ese entorno que le brindó contención y aliento.

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Con hijos, sobrinos y amigos en la moto Bianchi que tuvo durante un año.

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La elocuencia, una de las características de su personalidad.

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Sus padres, Rosa Maccoratti y José Gon, y de pie los hermanos Eldo, Elio, Nillo, Sergio y Fulvio. La foto puede datar de 1932, por lo que Sergio, que se encontraba ya en Argentina, fue agregado mediante truco fotográfico.

AGRADECIMIENTO

A esa legión de familiares que ayudaron a que concretar sus proyectos y realizaciones. A los obreros que estuvieron a sus órdenes en distintas épocas y que, con su trabajo cotidiano, prestaron su esfuerzo y colaboración. A los amigos de don Sergio Gon, a los que le permitieron ser quien fue. Vaya pues a todos ellos nuestro tributo emocionado, el agradecimiento más sincero y profundo de su familia. La actitud prudente, comprensiva y afectuosa que Sergio Gon recibía, sigue hoy clara en nuestras retinas. Saludamos a esas sociedad que hombres simples cimentaron y ayudaron a construir.

Hoy, a cien años de su nacimiento, agradecemos al Señor el habérnoslo prestado y a ésta, ya nuestra patria, el haberlo cobijado.