El día de los chicos
El día del niño suele ser el primer domingo de agosto, pero este año los comerciantes lo corrieron al 8 por cuestiones lógicas: nadie cobró el domingo 1ero. y todo esto es muy tierno pero se trata, finalmente, de plata. Si se corren las fechas de las muertes de los próceres, ¿por qué no la del día del niño?
TEXTO. NÉSTOR FENOGLIO. DIBUJO. LUIS DLUGOSZEWSKI.
Tengo militante opinión respecto de los “días de...” y casi siempre es negativa. Pero cuando se trata de los pibes, tus pibes encima, perdiste la batalla por varios frentes. Un frente es tu esposa, la madre de la criatura; otro es la tele (fuiste, y por goleada), otros frentes abiertos son los abuelos y otros decisivos, los propios interesados, que cada vez tienen más y menos cosas qué decir sobre el tema: quiero eso.
Antes, el día del niño se resolvía en el pueblo o en el barrio con una chocolatada rubicunda y generalizada, y con una tarde de juegos entre todos los pibes. Podía aparecer un juguete, pero no era lo importante, pues los juguetes quedaban par el cumpleaños propio, para Navidad y para Reyes.
Pasaba que la relación que teníamos con nuestros hijos era mucho más cercana, de rienda corta (en el sentido de proximidad, no tanto en el del afecto, pues los papis antes eran medio toscos y mezquinos para el abrazo) y de mayor entorno familiar y así era probable que el abuelo hiciera sin problemas en su tallercito del fondo un camión de madera, arreglara una bicicleta o te hiciera un barrilete sin necesidad de ningún día de. Era el día de hacerlo y punto, tomá, jugá.
Ahora, los padres parece que mejoramos en la cuestión de transmisión de afectos, somos menos ogros, abrazamos más, pero estamos menos tiempo -generalizo, desde luego, no me interrumpan, que ya vengo lanzado, carajo- con los hijos y quizás eso genere alguna cosa culposa que los pibes cazan al vuelo. Acá hay una debilidad, acá trabajamos, acá vamos con el cuchillo hasta el fondo, dicen los pibes.
El día del niño es un ejemplo. Ese día, lo han logrado, tenemos la guardia baja y por allí los energumenitos se filtran y van por todo. Vos ese día concedés y no es más como antes en que resolvías mano a mano con tu pareja en la juguetería los regalos para todos los hijos, sobrinos y amigos.
Ahora, el interesado va personalmente con vos a la juguetería y él transa mano a mano con el juguetero, que tiene cara de juguetería por estos días.
Y si vos amagás para aquel lado, digamos mmññnnncuenta pesos, él, tu hijo, tu propio hijo, la sangre de tu sangre, va para allá y marca una cosa que sale por televisión y que sale ¡cuatrocientos no sé cuántos mangos! y vos ves cómo tu sueldo se pulveriza como si fuera de juguete.
De pronto estás al horno. Antes vos tenías, incluso en la juguetería, un montón de opciones pero los pibes; ahora van al grano y parece que sólo hay tres juguetes posibles y todos representan una parte importante de tu sueldo.
Y después están esos subversivos que son los abuelos. En familias organizadas, hay acuerdos y hasta consultas previas respecto de qué comprar, cómo y cuánto, de manera de no sólo no superponer o patotear regalos, sino hasta coordinar y dispersar los diferentes intereses de tus chicos. Pero la mayoría de los abuelos te primerean. Tienen tiempo, los guachos, y entonces ya le compraron tal o cual juguete dos semanas antes y te dejan el campo minado para que vos te hagas cargo del juguete caro, que para eso sos el padre.
Y nos vamos. Valentina y Chiara, hijas mías, retoñitos, dije que nos vamos, qué Barbie ni que ocho cuartos. Porque además el día del niño ya fue y porque además esto que van a celebrar es el día del niño y no de la niña. Y porque en el día del padre ustedes me arreglaron con un dibujito y yo quiero hacer exactamente lo mismo. Un dibujo para cada una con todo mi amor paterno. ¿Estamos?