“Me gusta hacer de mala”

Tiene una larga y vasta trayectoria como actriz. Hizo infinidad de papeles en TV, ganó dos Martín Fierro, e incursionó en teatro y en cine. Actualmente, interpreta a la mala de la novela “Alguien que me quiera” que se emite por El Trece. En esta entrevista exclusiva, Viviana Saccone confiesa que tiene dos asignaturas pendientes: animarse a cantar y escribir un libro.

TEXTOS. GEORGINA LACUBE

La actuación es el trabajo que elegí y me siento muy afortunada de vivir de lo que me gusta. Pero es eso, una parte de mi vida. Lo más importante, lo que me da la alegría más grande, es la vida en sí, mi familia, mi pareja, mi vida como mujer.

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Terminó de almorzar apenas unos minutos antes, y ahora nos recibe en bata, pero perfectamente maquillada y peinada, es decir, 100 % lista para ponerle el cuerpo a Katia Pérez Alfonso, su personaje en “Alguien que me quiera”. La cita es en su camarín de los estudios Pol-ka, el mismo que comparte con las actrices María Leal y Julia Calvo, con quienes bromea unos segundos antes de comenzar la nota.

Saccone tiene 42 años y es mamá de 2 hijas: Allegra, de 6, y Serena, de 4. Oriunda de Jeppener, partido de Brandsen, la simpática y esbelta actriz sonríe en todo momento, mientras que se acomoda en una silla enfrentada al enorme espejo iluminado por pequeños focos que hay en el lugar y se dispone a hablar de todo con Nosotros.

- ¿Te gusta hacer de mala?

- Sí, la verdad es que lo disfruto y me divierte muchísimo hacer de Katia porque es un personaje totalmente impune. Puede hacer cualquier cosa y todo se le justifica. Su historia es la de una mujer común y corriente que sentía amor, pero cuando vio que todo se le iba de las manos empezó a recurrir a cualquier cosa para que su hombre (Rodolfo Rivera, interpretado por el actor Osvaldo Laport) siguiera al lado de ella. Así, se transformó en una villana inventando cosas pesadísimas que uno en la vida no haría.

- ¿Es verdad que las villanas tienen más letra que los personajes buenos?

- No creo que sea así. Sí, son personajes más atractivos para los actores, lo cual es mi caso. Me divierte más hacer de mala que de buena, más que nada por eso de que uno termina haciendo cosas que en la vida no haría. Claro que sabiendo que todo es un juego. También son atractivas para el espectador.

- ¿Como es la vida después de hacer de mala todo el tiempo?

- Normal. Una vez que oigo el “corten” vuelvo a ser quien soy y listo. No traslado el personaje a mi vida privada.

- ¿Cómo manejás tantas horas de trabajo con la vida personal?

- La actuación es parte de mi vida, es el trabajo que elegí y me siento muy afortunada de vivir de lo que me gusta. Pero es eso, una parte de mi vida. Lo más importante, lo que me da la alegría más grande, es la vida en sí, mi familia, mi pareja, mi vida como mujer. Me arreglo como cualquier mujer que trabaja de maestra, oficinista y periodista. Todas nos ordenamos para estar con los hijos y para trabajar.

- Hiciste cine, teatro y televisión ¿qué te falta probar?

- En principio, me gustaría seguir actuando por mucho tiempo más pero en algún momento me gustaría dirigir también. Tengo dos aspectos que llamo mis zonas frustradas porque no los capitalicé: ser escritora y cantar. Me gustan las novelas y los ensayos, no me veo escribiendo de política pero sí sobre cosas de la vida. También cantar. Estas son dos cosas que tengo pendientes.

- ¿Qué proyectos tenés a futuro?

- No tengo nada programado ahora, pero tengo muchas ganas de hacer cine porque es lo que menos hice en mis 22 años de carrera. Mi sueño es trabajar con el director argentino Pablo Trapero porque me gusta su manera de contar historias. Hace un cine exquisito, de tipo internacional.

- ¿Te gusta algún medio más que otro?

- No tengo uno preferido. Tengo etapas, si hago mucha tele me saturo y me dan ganas de hacer teatro o cine, pero disfruto de todos.

- ¿Te acordás del momento exacto en que decidiste ser actriz?

- Recuerdo que fue en la etapa de pre adolescente. Tendría 12 años. Estaba terminando la primaria y ya decía que quería ser actriz.

IMAGEN Y MODA

- ¿Qué importancia le das a la imagen?

- Depende, si cuando decís imagen estás hablando de lo estético, el cuidado y la belleza te diría que poco o nada. No hago gimnasia, ni tratamientos, ni me pongo cremas. Sólo las uso cuando me demaquillo después de las grabaciones. En esta profesión es importante pero hoy se vive el tema de la imagen como una obsesión. Se considera como sinónimo de belleza algo vinculado a perpetuar la juventud y me parece contraproducente. No quisiera caer en eso, me gustaría seguir madurando en esta profesión acorde a los años que tengo. Por supuesto que quiero hacerlo de la mejor manera posible pero lo digo más por un tema de salud física y mental que estética. Una persona sana, en el buen sentido, es una persona bella más allá de las arrugas o de los kilos de más.

- ¿Cuál es tu relación con la moda y los diseñadores?

- Me gusta mucho la ropa. Soy fanática de las lanas, y de la ropa original y con diseño. La verdad es que no tengo un diseñador particular que me guste. Me visto como me siento cómoda. A veces mal (risas) pero priorizando la comodidad.

MADRE E HIJA

- ¿Te gustaría que tus hijas se dediquen a la actuación?

- Sí, siempre y cuando ellas lo elijan y lo amen. De todos modos, también sería feliz si optan por otra profesión completamente distinta; lo importante es que ellas estén contentas.

- Un plan favorito.

- Una rica comida, tomar vino, leer un buen libro, mimos con mi pareja, juego en familia, con mis hijas. Algo hogareño. Cada vez que tengo un tiempo elijo quedarme en casa.

- ¿Qué es lo que más te gusta de este trayecto que hiciste de la chica de pueblo a la mujer que sos hoy?

- Creo que lo que más gusta es que hay un punto donde nunca me fui y que, si bien maduré y fui eligiendo distintos caminos, creo que siempre lo hice con mucha conciencia de mis raíces. Sigo siendo como una pueblerina.

- Como mamá, ¿te ves parecida a la tuya?

- En algunas cosas sí y quiero cambiarlas (risas). Me fui dando cuenta de que lo que uno más detesta de los padres es lo que en realidad heredó de ellos. Supongo, haciendo algo así como una filosofía barata, que de tanto que uno rezongó por esas cosas terminó por incorporarlas.

- Parecés bastante autocrítica. ¿Lo sos?

- Sí, mucho.

- ¿Cómo te definís?

- Soy una mujer simple, sencilla, e intento vivir honestamente conmigo misma. Trato de disfrutar cada momento, ser feliz y además soy muy tímida. A mis 42 años me doy cuenta de que estoy hablando con alguien que me dice algo y me pongo colorada. Y me digo: ¡pero qué tonta! A veces siento que me queman los cachetes y bueno, lo asumo y no lo puedo cambiar.

PERSONAJES Y PREMIOS

- ¿Qué personaje te falta interpretar?

- Ninguno. En general me llaman para hacer de mujeres finas y no quiero más ese rol. Por ahí quisiera ser una mina que vive en una villa, sin recursos. Me dicen: “tenés cara angulosa”, pero creo que en las villas debe haber muchas mujeres con cara angulosa.

- ¿Cómo fue recibir el premio Martín Fierro dos veces?

- Fue maravilloso. El primero, que fue en el año 1993 por mi labor como actriz de reparto en “Princesa”, fue un estímulo muy grande porque me llegó cuando recién arrancaba y empecé a ser reconocida por mis pares. El segundo, en 1996 por la novela “Montecristo”, fue hermoso por todo lo que representaba en cuando al personaje. Yo no lo pude recibir en la ceremonia porque estaba filmando una película y subió a recibirlo en mi nombre Pedro García Nadal, un nieto recuperado. Fue una alegría muy grande que él lo reciba.

LA PROFESIÓN COMO UN JUEGO

- ¿Se puede ser actor desde muy chico?

- Creo que sí, siempre que sea el chico el que quiera ser actor y tenga la contención suficiente para entender la profesión como un juego. Es muy difícil lo que pasa en la vida después. Es que la gente empieza a verte en la tele todos los días y comienza a tener como una especie de posesión hacia vos, como una impunidad por sentirse parte de tu vida, te pregunta cosas, te toca, te agarra, o te idolatra. Si no tenés la madurez necesaria para entender que te están haciendo creer una mentira puede ser peligroso. Si bien está bueno que te mimen, hay que saber que uno no es un ser sobrenatural.

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hoy se vive el tema de la imagen como una obsesión. Se considera como sinónimo de belleza algo vinculado a perpetuar la juventud y me parece contraproducente. me gustaría seguir madurando en esta profesión acorde a los años que tengo.