Entrevista a Miguel Ángel Gavilán
De la palabra como luz del instante

Miguel Ángel Gavilán.
En su primer libro de narrativa, “Llueve en Arizona”, Miguel Ángel Gavilán despliega un conjunto brillante de cuentos en los que se destacan múltiples y vivísimos personajes, nítidamente perfilados a través de sus voces.
Una escultora de clase alta vive sola en un departamento de Río de Janeiro. Su mucama se acaba de marchar, y la mujer decide ordenar su casa e inspeccionar el cuarto de servicio que había ocupado la muchacha. Entra en la pieza que, contra sus sospechas, está limpia y ordenada. Pero al abrir el ropero aparece una cucaracha. Al principio parecen quedar ambas hechizadas, hipnotizadas. Después la mujer medio aplasta al bicho, y observa salir como de un tubo el reguero blanco de las tripas, milímetro a milímetro. Después se acerca a la cucaracha y la devora. Esto es lo que cuenta “La pasión según G.H.”.
Dos niños de mediana edad sentados en el umbral de una casa a la hora de la siesta. Aún no estamos en la época de tiempo completo programado para ellos por los adultos. O sea que los niños pueden filosofar, arte cuyo ejercicio les es facilitado por no saber nada de filosofía, ni estar enterados de que existe una palabra para describir su modo de preguntar. Todavía no han aprendido a clausurar la interrogación. Todavía son niños. Entonces surgen diálogos como éste: