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Edición del Viernes 10 de diciembre de 2010

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“El coraje de la verdad”

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“La boca de la verdad”, en Roma.

Foto: Archivo El Litoral

La parrhesía, el decir veraz, es el objeto del último curso que dictó Michel Foucault en el Collège de France, en 1984 (pocos meses antes de morir) y que se recoge en El coraje de la verdad (El gobierno de sí y de los otros II).

Comienza introduciendo en primer término un término, aleturgia, que define como “la producción de la verdad, el acto por el cual la verdad se manifiesta” (y también: “conjunto de los procedimientos posibles, verbales o no, mediante los cuales se saca a la luz lo que se plantea como verdadero, en oposición a lo falso, a lo oculto, a lo indecible, a lo imprevisible, al olvido. Podríamos denominar “aleturgia’ a ese conjunto de procedimientos y decir que no hay ejercicio del poder sin algo que se asemeje a ella”).

Lo que en definitiva está en juego es el estudio, sobre todo en la antigüedad, de la constitución ética de sí mismo, que “supone la adquisición de una serie de conocimientos más o menos numerosos y complejos que conciernen a dominios más o menos extensos y más o menos lejanos próximos al propio sujeto: verdad fundamental sobre el mundo, la vida, el ser humano, etc.; verdades prácticas sobre lo que conviene hacer en tales o cuales circunstancias; en síntesis, todo un conjunto de cosas por aprender”. Pero Foucault agrega que la constitución de sí mismo como sujeto ético también implica otro juego de la verdad, ya no el del aprendizaje sino “el de la atención dirigida hacia sí mismo, hacia lo que uno es capaz de hacer, hacia el grado de dependencia que ha alcanzado, hacia los progresos que debe hacer y le quedan por hacer”, cosas en suma que no se enseñan ni se aprenden, sino que son frutos de ejercicios que se hacen sobre uno mismo: autoexámenes, pruebas de resistencia, etc. Y finalmente, Foucault señala que todo esto no es suficiente, que “no basta con ese ejercicio de la verdad sobre sí mismo”. Porque “éste sólo es posible, sólo encuentra un fundamento sobre la base de una actitud que es la del coraje de la verdad: tener el coraje de decir la verdad sin disimularla en nada y a despecho de los peligros que entrañe”.

Así, la parrhesía, aparece bajo dos aspectos: “el coraje de decir la verdad a aquel a quien se quiere ayudar y dirigir en la formación ética de sí mismo, y el coraje de manifestar frente a todo y contra todo la verdad sobre sí mismo, mostrarse tal cual uno es”.

Claro que a este punto se llega a la insolencia, crítica, desprejuicio y agresividad de los cínicos. Pero, acota Foucault, su idea no es dar al cinismo un lugar esencial en la ética antigua, sino uno de los límites posibles “entre los cuales se despliegan los cuidados de sí y del coraje de la verdad”. Sería mejor, concluye, presentar las cosas diciendo que la filosofía antigua ligó uno a otro: “el principio del cuidado de sí (deber de ocuparse de sí mismo) y la exigencia del coraje de decir, manifestar la verdad”. Publicó Fondo de Cultura Económica.



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Viernes 10 de diciembre de 2010
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