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Mariano Mores y el espectáculo del tango - Escenarios & Sociedad Escenarios & Sociedad

Preludio de tango

Mariano Mores y el espectáculo del tango

Mariano Mores  y el espectáculo del tango

 

 

Manuel Adet

Es uno de los mitos vivientes del tango. Con más de noventa años sigue en actividad y sus seguidores siempre están atentos a una nueva presentación suya. Es un mito viviente del tango, pero es un mito controvertido, polémico. Los tangueros lo reconocen como un excelente compositor, como un protagonista genuino de la historia del tango, pero le reprochan su tendencia a sacrificar la calidad en nombre del espectáculo, sus puestas en escenas propias de un showman que de un director de orquesta y, para colmo, de orquesta de tango.

Mores no es Pugliese, no es Di Sarli, no es Salgán, pero le alcanza y le sobra con ser Mores. Sus críticos más duros dicen que todos los vicios los aprendió con Canaro con quien estuvo diez años. Es verdad que fue el pianista estrella de Canaro, un hombre que sabía hacer plata, pero también es verdad que sabía mucho de tango. Como dijera uno de sus biógrafos, Mores fue a Canaro lo que Orlando Goñi a Aníbal Troilo y Fulvio Salamanca a Juan D’Arienzo.

Por motivos no siempre nobles, muchos en algún momento lo “ningunearon” y es probable que él haya dado algunos motivos para ganarse esos desplantes. De todos modos, ni sus adversarios más enconados pudieron negarle talento musical. Tampoco quienes en 1990 lo designaron para que dirija la Orquesta Sinfónica del Teatro Colón o, en 1997, la Orquesta Sinfónica de Londres.

Al lado del principal comerciante del tango, Mores ejercitó su ojo escénico, su capacidad para montar un espectáculo donde todo: la música, las voces, los vestuarios, la iluminación, estuviera en sintonía con el objetivo de seducir al público, entretenerlo. Mores en el escenario toca el piano con una mano, con las dos, se pone de pie, dirige la orquesta, saluda. Esa puesta en escena se relaciona con el tango, pero a los viejos tangueros no les gusta. La polémica sigue abierta, entre otras cosas porque el objeto de la polémica es un músico excepcional con una capacidad de composición notable que, además, frecuentó y se tuteó con las grandes personalidades de la historia del tango.

Por otra parte, Mariano Mores nunca se propuso ser la encarnación del alma del tango ni mucho menos. El mismo admitió que sus inicios musicales siempre estuvieron relacionados con el gran espectáculo y que al tango llegó casi por casualidad. De todos modos, ningún libro que se escriba sobre la historia del tango podrá prescindir de sus grandes creaciones musicales.

Mores, Marianito Mores como se le decía entonces, compuso para los mejores poetas de su tiempo: Discépolo, Castillo, Cadícamo, Contursi, Vacarezza, Taboada, Battistella, por mencionar los más conocidos. El tango “Uno” es considerado por muchos su creación más inspirada. Pero algo parecido puede decirse de “Cafetín de Buenos Aires”, para no hablar de ese verdadero himno del tango que es “Cuartito azul”.

Temas musicales como “Taquito militar” “Adiós pampa mía” “La calesita”, son clásicos del género. Algo parecido puede decirse de “Frente al mar” y “Patio de la morocha”. Las encuestas no son decisivas para opinar de música, pero algo dicen. En el caso que nos ocupa, señalan que los temas “Uno” y “Adiós pampa mía”, se hallan entre los diez tangos más interpretados del mundo. Como se suele decir en estos casos: “por algo será”.

En definitiva, les guste o les disguste a los críticos, Mores es un protagonista de primer nivel del género y sus defectos comerciales”, según se mire, pueden ser también sus virtudes. El hombre demostró a lo largo de su carrera que es un artista, un gran artista. Sus veleidades supuestamente comerciales no deberían escandalizar a nadie que participe del mundo del espectáculo. El gran Louis Armstrong también se dedicó al espectáculo y nadie puso en duda su genio, todo lo contrario.

Mariano Mores, en realidad Mariano Martínez, nació el 18 de febrero de 1918 en San Telmo aunque su infancia y su primera juventud transcurrieron en Villa del Parque. El apellido Mores en realidad pertenece a su esposa, Myrna, a quien conoció en la academia de tango de Luis Rubistein que funcionaba en Callao al 420 y que contaba entre sus alumnos privilegiados a Hugo del Carril, Azucena Maizani, Ada Falcón y Amanda Ledesma.

Myrna y su hermana Margot, integraron con Mariano el trío Mores. Cantaban de todo y lo hacían bastante bien. De todos modos el grupo musical no duró mucho, aunque lo que sí duró fue el matrimonio.

Cuando Mariano se incorpora a la orquesta de Francisco Canaro como pianista, empieza a ser conocido como Mores. Para esa fecha tiene algo más de veinte años y durante una década al lado del gran maestro aprenderá todo lo que un alumno decidido a ser showman debe saber. A Canaro se lo presentó Ivo Pelay. El viejo pirata descubrió en el acto las condiciones del músico y le dio el lugar que le correspondía.

Mores se inició al lado del pianista Luis Riccardi, pero para 1941 él llegó a ser el pianista oficial de la orquesta. Mores integró la orquesta de Canaro y esa otra orquesta que el maestro uruguayo tenía para grabar que se llamaba “Quinteto Pirincho”. Para esa época ya había compuesto “Cuartito azul”, tema al que luego Mario Battistella escribió el poema. Se trataba efectivamente del cuartito de una casa ubicada en calle Terrada al 2410, en el corazón de Villa del Parque y a una cuadra de la casa de las hermanitas Mores. “Cuartito azul”, fue interpretado por primera vez por Ignacio Corsini el 17 de julio de 1939. Ni lerdo ni perezoso, al otro año Francisco Canaro lo graba con la voz de Francisco Amor.

Pero el gran acierto musical de Mores fue, sin dudas, el tango “Uno” que, además, luego estará presente en la película “Corrientes calle de ensueño”. Ese tango, Mores lo imagina, lo tararea por primera vez en la famosa confitería “Real” de Corrientes y Talcahuano. Los testigos de ese acto creativo en la vía pública fueron Charlo, Julio de Caro y Cadícamo. Discépolo, a quien Mores conoció en el cabaret Marabú, demoró tres años en escribir la letra. La espera fue tan prolongada que Mores pensó en algún momento que el poeta se había olvidado de escribir. Finalmente llegó. Mores se la llevó a Canaro que con su infalible ojo crítico dijo: “Va a ser un éxito”. Corría el año 1943 y el tango fue estrenado por Aníbal Troilo con la voz de Alberto Marino.

“Adiós pampa mía”, fue presentado por primera vez en el teatro Alvear en 1945 y la presentación estuvo a cargo de la orquesta de Canaro y la voz de Alberto Arenas. El célebre tango instrumental “Taquito militar”, lo compuso en 1950 después de una curiosa actuación en el Ministerio de Guerra, pero se estrenó dos años después, primero con la orquesta de Mores, y unos meses más tarde con la de Francini y Pontier.

Para la década del cuarenta Mariano Mores ya es lo que va a ser toda su vida. Un artista consagrado por el gran público y respetado por la mayoría de los músicos y críticos de la época, algunos de los cuales no vacilarán en compararlo con Cole Porter y Gherswin. Recién para 1951 Mores formará su propia orquesta. Al escenario sube una multitud de músicos con instrumentos absolutamente originales en el género. Al bandoneón, los violines y el piano, se suman el arpa, las guitarras, el órgano y toda una puesta en escena donde había excelentes músicos, buenos cantores, pero lo que importaba en todos los casos era el espectáculo.

La Orquesta de Cámara de Marianito Mores debutó en Radio el Mundo y el Teatro Astral. Tania, la mujer de Discépolo, fue una de sus primeras cantoras. Por el lado masculino, los cantores de los primeros tiempos de la orquesta fueron Enrique Lucero, Carlos Acuña, Aldo Campoamor y Ponce de León, De todos modos, a lo largo de su carrera participaron en la orquesta personalidades musicales como Susy Leiva, Miguel Montero, Néstor Fabián, Hugo del Carril, Enrique Dumas, Tita Merello, Nelly Vázquez y Claudio Bergé

Según los críticos, el compositor fue devorado por el showman, Es posible; de todos modos, lo que los biógrafos y personas que lo han conocido recuerdan es que la muerte en plena juventud de su hijo Nito, lo partió por la mitad y que nunca se pudo recuperar de esa pérdida.



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