Colón le perdonó la vida a Vélez y sigue sin ganar
Otra cara, misma bronca. No lo puede creer Marito Sciacqua puso en campo un Colón valiente, comprometido y protagonista, justo ante uno de los mejores equipos de la Argentina como es Vélez. Hizo todo bien, menos liquidarlo y defender concentrado la última pelota. Foto: Amancio Alem.
Todo al revés que con Gamboa: el Colón de Sciacqua jugó bien, mereció ganar y no ligó casi nada. Era para noquear, lo dejó vivir y Gareca resucitó.
Darío Pignata
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Cometió tantos pecados este equipo de local con Gamboa que el mismo Domingo de Ramos decidió honrar uno de los Diez Mandamientos en la cuenta regresiva a la Semana Santa. Entonces, se acordó del “No matarás”, lo dejó con vida a un Vélez que la última media hora tenía menos piernas que una foto carné y al descuidar la última pelota de la tarde se enterró solo en su propio Cementerio.
Si un partido del fixture se podía poner como “perdible” en Santa Fe era, justamente, con Vélez. Para muchos, compartiendo con Estudiantes el cartelito de “los mejores”, aunque todos asegurando que el de Gareca llena mucho más y mejor la vista de los espectadores. Claro que la seguidilla de derrotas en Santa Fe, el cambio de técnico y el cansancio copero del rival lo llenaban de obligaciones a Colón.
Y, lejos de sacarle el cuerpo, Colón aceptó el desafío. Lo hizo con la mente fría para pensar, el corazón caliente para pelear y las piernas rápidas para correr. En apenas un par de entrenamientos se vio —de la mano de Sciacqua— la contracara de lo que veníamos viendo con Gamboa. No es la primera vez, no será la última. Suele pasar que un equipo cambia cuando cambia de entrenador. Esta vez, en un ratito, se pasó del desorden táctico y estratégico de hace una semana con Olimpo a esta imagen mucho más acorde a los nombres de la plantilla. Si el primer objetivo era ordenarse defensivamente, se logró. Ayudaron los jugadores, es cierto. Pero también ayudó el esquema simple que eligió Marito, con un mensaje claro: primero asegurar los cimientos, después pensar en techar. La palabra “sacrificio” fue clave y se notó el compromiso para sacar la empresa adelante.
Además de cambiar el césped —mucho más corto, a pedido de los players, lo que desnudó al ras algunas imperfecciones en la hierba, motivo por el cual ya se compraron 10.000 semillas importadas de cara a la Copa América— y la camiseta (ayer de negro), Colón cambió todo. O casi todo. Se mostraron las líneas compactas, con un concepto tan claro como viejo: siempre dos o más jugadores locales encima de la pelota.
Los dos volantes centrales, parejitos, escalonaron la marca de Moralez por el medio. Cuando se tiró a los costados, Quiroga le avisó que por su lado no viniera y el patadón lo mudó al toque del otro lado donde estaban Moreno-Quilez que lo controlaron. Los zagueros —Garcé y Raldes— fueron vivos para no darle espacios a Silva.
Como nunca hubo temblor, Colón se animó a jugar. Hubo salida por las puntas (mucho de Quilez en el primer tiempo por derecha y bastante de Quiroga en el complemento por izquierda), juego por las bandas y un “5” (Ledesma) que se animó a desprenderse.
A Gamboa, muchas veces, lo salvó la capacidad de gol de los atacantes: “Bichi” en Mendoza, Higuain en Floresta, Lucas Acosta en el Gasómetro. El resto, bien gracias. Ayer, todo al revés: con un poco de contundencia, Colón lo enterraba a Vélez en el Cementerio.
Quiroga la tiró atrás después de una linda corrida y Damián Díaz hizo besar el caño; Fuertes habilitó a Acosta, Lucas lo esperó y “Bichi” le pegó mordida a la carrera; jugada similar de contra y Ledesma que le pega cruzado con Vélez regalado; un “tres dedos” de Acosta pasa por las manos de Barovero, pega en el travesaño y se va al corner; se abre demasiado Fuertes y la bocha queda entre sus piernas, dándole tiempo a Barovero. Un repertorio de Colón, con Vélez arrastrando en Santa Fe su cansancio copero.
Pensando que sería más fácil el trámite, Gareca guardó al “Burrito” en el banco y lo puso estando 0-1. No pasaba nada. Ni con él ni con Silva. Hasta que llegó el tiro libre previsible desde la mitad de la cancha y pasó lo increíble. El equipo que mejor toca y toca en la Argentina empataba en Santa Fe a los pelotazos, con un centro a la olla. Colón, que hizo todo bien con Sciacqua, encontró su peor pecado en uno de los Diez Mandamientos. No lo mató y Vélez resucitó. El equipo mejoró del día a la noche y Gamboa lo vio por tele. El fútbol es para todos pero dirigir este Colón no es para cualquiera.
COLÓN 1
VÉLEZ 1
Colón: Diego Pozo; Ismael Quilez, Ariel Garcé, Ronald Raldes, Juan Quiroga; Iván Moreno y Fabianesi, Sebastián Prediger, Cristian Ledesma, Damián Díaz; Lucas Acosta y Esteban Fuertes.
DT: Mario Sciacqua.
Vélez: Marcelo Barovero; Fabián Cubero, Sebastián Domínguez, Fernando Ortiz, Iván Bella; Augusto Fernández, Franco Razzotti, Víctor Zapata, Maximiliano Moralez, David Ramírez; y Santiago Silva.
DT: Ricardo Gareca.
Goles: en el segundo tiempo, a los 21, Moreno y Fabianesi (C); y a los 48, Zapata (V).
Cambios: en el segundo tiempo, a los 18, Ricardo Alvarez (V) por Moralez; a los 24, Juan Manuel Martínez (V) por Fernández; a los 31, Carlos Luque (C) por Díaz; y Agustín Vuletich (V) por Ramírez; a los 41, Salustiano Candia (C) por Moreno y Fabianesi; a los 45, Federico Higuaín (C) por Fuertes.
Árbitro: Pablo Lunati.
Cancha: Colón.
Tanto va el cántaro... Le rompió el arco Moreno. El “Torero” estaba parado, se sacó a Razzotti de encima, saltó más que todos y clavó un cabezazo inatajable para el buen arquero Barovero. Era la justa diferencia entre un equipo y otro en el estadio de la Copa América. Foto: Amancio Alem
Con alma y vida. El grito del “Torero” Un gol con forma de desahogo en el Cementerio de los Elefantes enterraba al Vélez que pelea en los dos frentes: campeonato local y Copa Libertadores de América. Jugando así, Colón está más cerca de ganar. Foto: Pablo Aguirre
POZO (6): sin demasiado trabajo en el mano a mano. Muy bien en los centros y con muy poco para hacer en el gol. Al pelotazo frontal no lo podía salir a buscar porque era lejos; después, Zapata la desvió solo.
QUILEZ (6): mucho más activo en el primer tiempo, donde se animó a escalar por derecha como en las mejores tardes. Sacó un par de centros y Barovero le tapó un mano a mano.
GARCÉ (7): volvió a recuperar la solidez para marcar, ordenar y contagiar a los del fondo. Jugó un muy buen partido, que no se empaña por perder el salto con Domínguez antes del gol de Vélez.
RALDES (6): su misión de borrar de la cancha al “Pelado” Silva se cumplió con éxito. Puso en campo todo el oficio el zaguero boliviano y le fue bien con su partido de uno contra uno.
QUIROGA (6): entraba cuestionado, por el error contra Olimpo. Borró las dudas con mucha actitud y levantó mucho con sus mandadas en el complemento.
MORENO (7): puso mucha actitud por el carril, llegó a posiciones de gol —un cabezazo claro en el primer tiempo— y abrió el marcador con un bonito cabezazo.
PREDIGER (6): fue importante en el arranque del juego para cortar el funcionamiento de Vélez en la mitad de la cancha. Se hizo fuerte, anticipando y metiendo.
LEDESMA (6): fue a presionar, de manera inteligente, mucho más arriba. Hizo la simple: quitó y tocó de primera. Casi se destapa con un remate desde afuera del área.
DAMIÁN DÍAZ (6): le puso mucho sacrificio a la banda, un puesto en el cual no sólo alcanza con jugar bien. Hay que correr y poner: hizo las dos cosas hasta que se cansó. Aplaudido.
LUCAS ACOSTA (5): con dos o tres pinceladas emparejó un poco el flojísimo primer tiempo. Dos asistencias y un tres dedos que sacó Barovero, pegó en el caño y fue córner.
FUERTES (5): le faltó, esta vez, esa capacidad para transformar la jugada de ataque en gol. Le entró “mordido” a una —pase gol de Lucas Acosta— y se abrió mucho en otra.
LUQUE (-): la idea de Sciacqua fue darle oxígeno a un carril donde Díaz estaba cansado.
CANDIA (-): otro ingreso por el desgaste, en este caso el de Moreno en la derecha.
HIGUAIN (-): increíblemente nada le sale bien en Colón. Tiene la mala suerte de hacer el foul en la mitad de la cancha del cual nació el empate de Vélez.