Edición del Sábado 14 de mayo de 2011

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El “Glostora Tango Club” - Escenarios & Sociedad Escenarios & Sociedad

Preludio de tango

El “Glostora Tango Club”

Manuel Adet

Significa evocar mis recuerdos de infancia, tal vez los más puros. Todas las noches, todas las noches de invierno, cenaba temprano -en realidad me daban de cenar- me acostaba y escuchaba la radio. Las voces aún llegan nítidas a mis oídos, las voces de Rafael Díaz Gallardo, Lucia Marcó y Valentín Villoria en “LR1 Radio El Mundo y su red azul y blanca de emisoras argentinas”. La consigna era inconfundible: “El Glostora Tango Club, la cita obligada de la juventud triunfadora”. La memoria extravía algunas palabras, pero se mantiene fiel a los sonidos y el recuerdo le otorga a ese instante la condición de mito o, como le gustaría decir a Proust, citándolo a Dostoievski, la condición eternidad.

Me relacioné con el tango a través del “Glostora Tango Club”. Para esa época, el programa ya tenía quince años de antigüedad, pero seguía convocando a la audiencia. Fue un programa raro. Duraba apenes quince minutos, el tiempo para interpretar tres tangos, uno cantado por Martel -después fue Larroca- otro por Carlos Dante y un tercero a cargo de Juan Carlos Godoy o, directamente, un instrumental. Quince minutos de felicidad, por lo menos así los recuerdo. Se escuchaba el aplauso del público que entonces colmaba las instalaciones de la radio, se oían voces y risas y uno se imaginaba un universo de estrellas, de hombres vestidos con elegantes trajes y mujeres con ropa de gala que disfrutaban de la vida de una ciudad lejana, perdida a la distancia como los sueños.

Yo no sabía entonces que Radio El Mundo estaba en calle Maipú 555, el único edificio entonces construido con el objetivo de ser una radio. Por el momento, me alcanzaba con saber que la radio era la ventana al mundo para un chico que en la década del cincuenta vivía en un pueblo perdido en la llanura y Buenos Aires podía estar tan lejos como Nueva York, Londres o Pekín.

Las ceremonias completas de aquellas noches azules de mi infancia se iniciaban a veces más temprano, con la formidable serie policial “Peter Fox lo sabía”, a cargo de José Tresenza y acompañado por el célebre inspector Bergmann, que entonces lo interpretaba el formidable poeta, autor de “El Ciruja”, Alfredo Marino. Después estaban los boleros de Gladys Marvel y, a las 20 horas, el “Glostora...”.

No terminaba allí la fiesta. Un breve noticiero y el infaltable y esperado sonido de la campanilla del teléfono y esa voz inolvidable que decía: “Sí, usted está hablando con la casa de los Pérez García”, el programa que contaba con la participación con Martín Zavalúa, Sara Prósperi, Celia Juárez y Jorge Norton. Programa que duró décadas, mi madre lo escuchaba de niña y yo lo seguí escuchando gracias a sus consejos.

El mundo de la niñez, de una niñez consentida y feliz como fue la mía, es por definición seguro, previsible, armónico. Pero por su lado, en la década del cincuenta, los programas de radio -yo viví una infancia y una adolescencia sin televisión- transmitían la visión un mundo afianzado en valores tradicionales, un mundo estable, convencional y reformista. Ésa era la imagen que transmitían los programas de las grandes radios. Ésa era la imagen de “Qué pareja” con Héctor Marelli, Blanquita Sánchez y la publicidad de jabón Rinso. O ese otro formidable programa que fue “Son cosas de esta vida”, interpretado por Raúl Rossi y Nelly Meden. O el adorable “Felipe”, a cargo de Luis Sandrini. O, -¿por qué no?- “El teatro Palmolive del aire”, donde descubrí en 1960 a Alfredo Alcón y Elcira Olivera Garcés en un novelón titulado “Algo que fue”.

A la distancia no estoy en condiciones de evaluar la calidad de esos programas. Tampoco importa demasiado. En el recuerdo son excelentes. Al tango lo descubrí en ese tiempo y nunca más lo abandoné. La lealtad a ese viejo amor ha sido sincera y creo que recíproca: escuchar tangos para mí sigue siendo un motivo singular de felicidad.

“El Glostora Tango Club” salió a la calle el 1º de abril de 1946 y se mantuvo en el aire hasta 1968, es decir, casi 22 años. Su orquesta emblemática fue la de Alfredo de Ángelis y sus cantores principales fueron Julio Martel, Carlos Dante, Oscar Larroca, y Juan Carlos Godoy. A la lista habría que agregarles los nombres de Roberto Florio, Carlos Aguirre, Lalo Martel, y Alberto Cuello.

Se dice que el programa debutó con el tango de Anselmo Aieta y García Giménez, “Carnaval”. A Oscar Luis Massa, director de radio El Mundo y, junto con José María Grau, guionista de “Los Pérez García, se le atribuye la invención. También se dice que la gomina Glostora ya había auspiciado un programa de tango, pero en radio Belgrano, que salía al aire los martes y jueves a partir de las 21.30: “La voz triunfadora en el cancionero Glostora” se llamaba y contaba con la participación de Alberto Castillo y los comentarios deportivos de Enzo Ardigó.

Sin duda que los años cuarenta fueron los años de oro del tango. Las grandes orquestas, los grandes músicos pertenecen a ese período. También los grandes programas de radio. La conjunción de radio, tango y turf fue un signo de la época. También la gomina. El éxito del Glostora proviene de esa conjunción. Fue un tiempo de esplendor que, como todo tiempo de esplendor, es irrepetible. Sobrevive en el recuerdo y en el mito. También como una expresión clásica que se transmite de generación en generación.

A ver si nos ponemos de acuerdo. El tango se mantiene más vigente que nunca, es nuestro principal producto de exportación cultural, cientos de miles de turistas llegan a la Argentina para escuchar tangos, sus letras y su música se disfrutan como cuando se estrenaron, pero ese aura, ese clima de tango de los años cuarenta, no regresará más. Nunca más habrá orquestas tan grandes, nunca más locales nocturnos y escenarios serán tan concurridos, nunca más los muchachos y los veteranos se movilizarán con tanto entusiasmo y tanta esperanza para disfrutar de una orquesta; nunca más el tango estará presente simultáneamente en las milongas de barrio, y en los aristocráticos salones del centro.

La noche que el “Glostora Tango Club” inició su ciclo, en el “Palacio de Baile del Patio de Retiro” actuaba la orquesta de Pedro Maffia y en la Confitería Nobel de Lavalle 892 -que acababa de reabrir sus puertas- iniciaba su ciclo Ricardo Tanturi con Roberto Quiroga y los poemas de Héctor Gagliardi. Todo esto ocurría un apacible lunes de otoño. Dichosos los que pudieron disfrutar de ese despliegue de talento musical y noche, porque fueron instantes sagrados que se marcharon para no volver. O para volver como “tiempo perdido”, como mito.

La relación de la radio con el tango merece un trato especial, porque sus historias coinciden. La radio se inicia en 1920 con los célebres “locos de la azotea” y su transmisión desde el teatro Coliseo. Y ésa es más o menos la fecha de inicio del tango en sus versiones más elaboradas. Los primeros cantantes que se animaron a probar la voz en la radio fueron Rosita Quiroga y Charlo. Después llegó el resto, incluido el propio Gardel, una de cuyas intervenciones fue transmitida desde Nueva York, oportunidad en que se despidió de los argentinos sin sospechar que esa despedida era definitiva.

En la década del treinta, ya estaban instalados entre el gran público los grandes programas de tangos. Radio Splendid, ubicada en el imponente palacete de de Ayacucho 1556, competía con El Mundo y Belgrano, fundada por Jaime Yanquelevich en 1934. Los programas eran conducidos por periodistas de lujo que convocan audiencias multitudinarias. Uno de los grandes programas de entonces fue “Ases del tango”, que se inició en las instalaciones de Radio Splendid, pero como la presencia del público desbordaba el local, empezó a transmitirse en los salones del teatro Casino. Por ese programa, pasaron los mejores: Tanturi con Castillo; D’Agostino con Vargas; Di Sarli con Rufino; D’Arienzo con Mauré; Fresedo con Serpa; Troilo con Fiorentino. Entonces, la locución estaba a cargo de Jaime Font Saravia y Juan José Piñeiro. “ Ronda de ases” después pasó a llamarse “Esquinas de mi ciudad” y, finalmente, “Casino”.

El programa “De Villoldo a Gardel” era conducido por el entrañable Lopecito, el apodo de Juan Francisco López; Roberto Giménez dirigía “Mano a mano con el tango; Jorge Serrano, “El tango y sus estrellas”; Josecito Pace, “Alma de tango”; Osvaldo Martín, “Una cita con el tango”; Julián Centeya, “En una esquina cualquiera”; Alberto Príncipe, “Los viejos tangos del cuarenta”; Tito Sobral “Estampas de antaño” y el poeta Juan Carlos de Lamadrid, “Tangos y jazz, mellizos de América”.

La relación de la radio con el tango era tan estrecha que el director de cine, Eduardo Morera, filmó en homenaje a esa singular pareja la película “Idolos de la radio”, con la participación de Ignacio Corsini y Ada Falcón. Son los años de las grandes revistas “ radiales”: “Radiolandia”, “Sintonía”, “Antena”...

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