En homenaje a “Nacha” (1989/ 2009)

Mundo felino

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La belleza de los animales de Domingo Sahda se puede apreciar en Galería Estudio 24, en San Martín 3026. Fotos: Luis Cetraro

 

Stella Arber

Un grupo de gatos descansan tranquilos, instalados en sus almohadones de la céntrica vidriera de la galería Estudio 24. Todos ellos son parte de una serie realizada por el artista Domingo Sahda, que no es la única vez que toma a este animal como centro de su trabajo visual.

En ellos, se puede observar una variada y amplia gama de especies dentro de la familia felina, diferencias expresas que sostienen todo el tiempo la dúctil plasticidad que caracteriza a los mismos.

Aparentemente, no es la idea del artista tratar de reproducirlos aproximándose lo más posible a sus conformaciones específicas, sino que los alude, los emula en estas representaciones y deja claro de qué especímenes se trata, siempre estableciendo de algún modo una relación directa con el modelo en cuestión, que en ningún caso posa para atender plenamente a sus detalles físicos.

Están realizados en cerámica, de rústico tratamiento en general, con el aporte de esmaltes en algunos casos y pátinas puntuales para dar con los tintes justos que necesita para acentuar rasgos, gestos o posturas. La gama cromática es acotada: neutros y grises de color son los utilizados y funcionan como apoyatura de las formas y estructuras que se perciben sin tensiones ni sobresaltos.

Delicado universo

El artista procura incorporar como fundamental la conexión con los objetos de referencia, que se pueden ver claramente y los presenta convertidos en tiernas mascotas predispuestas a las caricias y mimos de quien se les acerque, así como también marca subrepticiamente en sus expresiones la encarnación del salvaje instinto de cazador, elevándolo a su esencia absoluta para lo que fueron determinados por naturaleza. Nos muestra así, un delicado universo de ternura en apariencia, aboliendo a sabiendas todo rastro de violencia, ocultando la instancia de la amenaza latente, del zarpazo agazapado, y de la lucha por la presa que ejercen los gatos en presencia de un objetivo puntual. No deja dudas de las fuerzas destructivas que tienen implícitas, algo de lo que no se pueden sustraer, ni tampoco evitar. Desdoblamiento que los caracteriza y que no escapa al artista en el momento de lograr las expresiones de sus criaturas atravesadas por lo feroz y lo sensual al mismo tiempo.

Es decir son los gatos propios de Sahda, esos que portan su belleza intrigante, que expresan misterio y que todo el tiempo fluctúan en la dualidad cósmica entre lo divino y lo demoníaco.

Mundo arcano e impenetrable

Por momentos, encarnando tal vez alguna deidad a la que debiéramos rendirle culto y veneración, o asociados a algún status social intocable, la presencia enigmática de algunos de ellos sólo se ve afectada por el legendario misterio que traen de sus ancestros, que la refuerza más aún. Sabedores de su condición, nos observan inconmovibles desde el privilegiado púlpito sagrado de su impenetrable y arcano mundo.

Oscuridades ancestrales, significaciones ocultas, adoraciones paganas, o encarnación de deidades, todos los gatos de Sahda aun momificados en la pasta en la que fueron hechos, son portadores de una fuerte y potente personalidad, los atributos que muestran en su corporeidad los definen con las características insoslayables de su especie, pero gozan de un atributo que los hace únicos, su imperturbable “libertad”, alejados de cualquier sujeción o sometimiento, los gatos no se subordinan a nada ni a nadie. Prerrogativa que se torna un privilegio tomado por su especie con facilidad y soltura desde tiempos inmemoriales. Beneficio que los hace admirables y los transforma en símbolos absolutos de la ruptura de la esclavitud.

Atractivos, sensuales, privilegiados o adorados celebran una reunión imperdible en el centro de nuestra ciudad.


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