LEONARDO MOLEDO

“La ciencia es, por naturaleza, comunicación”

El matemático y periodista científico dio una charla, en el marco de la Jornada Regional de Comunicación, Universidades y Ciencia.

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“En el laboratorio se mide, se hacen experimentos, pero el laboratorio real está entre las cejas y el pelo. Ahí se hace la ciencia”. Foto: Luis Cetraro

Natalia Pandolfo

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Definir a Leonardo Moledo es enfrentarse al dilema de la frazada corta. Es periodista, pero también matemático. Escribió libros de difusión científica, pero también obras de teatro. Es profesor universitario y dirigió el Planetario de Buenos Aires. Escribió para adultos, pero también lo leen los chicos.

El jueves dio en Santa Fe la charla: “El arte, la ciencia y el periodismo”, en el marco de la Jornada Regional de Comunicación, Universidades y Ciencia que se desarrolló en la Universidad Tecnológica Nacional (ver El Dato).

Allí habló sobre ciencia con su estilo avezado en captar atenciones, en atrapar interlocutores. “La ciencia es comunicación. No es que exista ciencia y después exista comunicación: la ciencia existe si se comunica”, inició su intervención.

“La ciencia occidental instala una nueva manera de saber, que es necesariamente público. El núcleo explícito de la ciencia es el experimento, y éste tiene que ser reproducible, controlado por alguien. Una ciencia hermética no existe”, insistió.

“Galileo, uno de los héroes de la revolución científica, escribía en italiano, no en latín: fue quizá el primer ejemplo de divulgación científica moderna. Galileo publicita la ciencia, que no es patrimonio de quien la descubre, sino que es de todos”.

Ver la luz

“La ciencia está hoy tan naturalizada, se incorporó de tal manera en la vida cotidiana, que no la vemos”, sostuvo el docente. Y se quedó segundos apuntando con el índice a un foco. “Se trata de ver la luz, no sólo como algo que me permite leer, sino como algo que inventó alguien. Y pensar que si ese alguien lo hizo, fue porque antes otros habían empezado a pensar de qué se trataba esto de la electricidad. La ciencia enriquece la visión del mundo que uno tiene: es una aventura llena de emociones”, definió.

Para Moledo, así como lo público es la primera condición de existencia de la ciencia, la segunda es su carácter creativo. “La inducción (esto es, sacar una ley general a través de varios experimentos) es una operación creativa, metafísica, filosófica. La creatividad es una parte indisoluble de la ciencia”, sostuvo.

“El quehacer científico no sólo lo hace un científico: el científico utiliza para su quehacer todos los recursos que la cultura pone a su disposición, y también los que no pone. Copérnico trabajaba con la cultura de su época, con los prejuicios. Los científicos son un producto social. Y por otra parte, la ciencia es un derecho que tiene la sociedad, así como lo es la salud o el arte. La ciencia es pública por naturaleza, y es comunicación por naturaleza. El comunicador tiene que saber que cuando está comunicando la ciencia, está haciendo ciencia”.

Entre las cejas y el pelo

Para Moledo la ciencia es un lenguaje, que tiene su gramática, su sintaxis, sus lecturas. “La historia del universo es tan maravillosa como el más maravilloso de los cuentos de hadas. Y hay formas de contar la ciencia. Ver cómo funciona internamente una estrella, por ejemplo. O cómo el sol va a evaporar a la tierra, dentro de cinco mil millones de años. Éste es el relato que podemos escribir sobre el universo”, dijo.

En su charla también diseccionó la imagen del científico, esa que promueve Hollywood, la típica versión “Volver al futuro”. “En el laboratorio se mide, se hacen experimentos, pero el laboratorio real está entre las cejas y el pelo. Ahí se hace la ciencia”.

“Cuando entrevisto a un científico, trato de que sea en un café, no en el laboratorio. Que me muestre la ciencia desarmada. La ciencia es parcialmente exacta, parcialmente racional, parcialmente precisa. En todo caso, hay grados de precisión. La longitud exacta de una varilla no existe como tal, porque todo está en movimiento, no por cuestiones de frío/calor, sino por su propia naturaleza. Entonces: el científico es un ignorante; si no, no investigaría nada. Lo que no sabe, lo que quiere saber, eso es lo que interesa preguntar”.

“El científico resume la naturaleza; y en ese proceso de reducción, hay imprecisiones que se cuelan. Un hecho científico se compone de su historia, de su filosofía, de sus partes. Es como hablar de una ciudad: no sólo cómo es, sino cómo llegó a ser”, concluyó.

Milonga de Galileo y el taura (*)

“La muy santísima iglesia

reivindicó a Galileo

después de trescientos años:

lenteja, asigún yo creo.

Pero muy pocos conocen

la verdadera razón,

y el secreto bien guardado

de tal reivindicación.

Sucede que en Buenos Aires

allá en Barracas, que un día

se llamó Santa Lucía,

había un taura aficionado

a estudiar astronomía.

Se sentaba, noche a noche

a orillas del Maldonado

a contemplar las estrellas

y meditaba asombrado.

Qué taura tan grande fue

Galileo Galilei,

malevo como el que más,

y encima, varón de ley.

¿Cómo se puede admitir

que le hayan hecho un proceso,

en el que casi lo queman

y después lo manden preso?

Y un día como cualquiera

con el facón en la mano,

decidió cambiar las cosas

y viajó hasta el Vaticano.

Se fue derecho a San Pedro

y sin pedirle permiso

se plantó ante el propio Papa

achurando a un guardia suizo.

Y sin besarle el anillo

le dijo: Su Santidá

permitamé que le hable

con entera libertá.

¿Acaso la iglesia cree

que el sol se mueve a través

del cielo, y sigue ignorando,

que es justamente al revés?

Y dijo el Papa: “Hijo mío,

sabemos bien quién se mueve,

pero arreglar ese enriedo

ahora nadie se atreve.

“Resulta casi imposible

reparar todos los daños

que hizo la Inquisición

hace ya trescientos años”.

Y el taura: “Usté, como Papa,

tal vez lo pueda decir,

pero yo, como malevo

no lo puedo permitir”.

“Arreglarlo -dijo el Papa-,

es una complicación,

hay que citar un Concilio,

tal vez una Comisión,

hay seiscientos cardenales

cada cual con su opinión,

¿usted sabe lo que implica

semejante discusión?”.

“Mire, Papa -dijo el taura-,

no me importa lo que implica:

al amigo Galileo

usté me lo reivindica.

“Si no, Juan Pablo Segundo,

le voy a ser muy sincero,

me da el pálpito que pronto

habrá un Juan Pablo Tercero”.

Contestó el Papa: “Hijo mío,

estoy lleno de problemas,

no trates de complicarme

trayéndome nuevos temas.

“¿Sabés lo que significa

manejar el Vaticano,

la mafia, la corrupción,

y el crack del Banco Ambrosiano?

“Los sacerdotes rebeldes,

cada tanto un atentado,

y afinar el papamóvil

que tiene el motor gastado.

“Los curas que se me casan,

el aborto, el forro, el sida,

¿por un científico más

me voy a amargar la vida?”.

Y el taura: “Se lo repito,

le juro como malevo

que usté me lo reivindica

o tenemos Papa nuevo”.

Al tiempo que esto decía,

revoleaba su facón

en las narices del Papa,

con mucha resolución.

En fin, suspiró Juan Pablo,

cosas que el papado tiene,

¡solucionar un entuerto,

que no me va ni me viene!

Y vista la cercustancia

el Papa salió al balcón

y admitió que Galileo

tuvo toda la razón.

(*) De Leonardo Moledo. Con la lectura de este texto cerró su alocución.


Ciencia y ficción

Leonardo Moledo es escritor, matemático y periodista científico. Nació en Buenos Aires, en 1947. Además es docente universitario y autor de libros de difusión científica para niños y jóvenes.

Después de estudiar en el Colegio Nacional de Buenos Aires, se recibió de licenciado en Ciencias Matemáticas en la UBA. Siguió la carrera científica trabajando para el Conicet; y al mismo tiempo cursó Historia en la Facultad de Filosofía y Letras.

Fue profesor de Periodismo Científico en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, y de Problemática de la Ciencia y Periodismo Científico en la Universidad Nacional de Entre Ríos.

Es autor de tres novelas: “La mala guita”, de 1976, “Verídico informe sobre la ciudad de Bree”, de 1985 y “Tela de Juicio”, de 1987. También escribió dos piezas teatrales: “Las reglas del juego”, de 1985 y “El regreso al hogar”, de 1987.

Es autor de libros de divulgación científica para todas las edades, entre ellos: “De las Tortugas a las estrellas” (1995), “La evolución” (para niños, 1995), “El Big Bang” (para niños, 1995), “Dioses y demonios en el átomo” (1996), “Curiosidades del Planeta Tierra” (1997), “La relatividad del movimiento” (para niños, 1997), “Curiosidades de la ciencia” (2000), “La leyenda de las estrellas” (2007) y “Los mitos de la ciencia” (2008), entre otros.

También es autor de numerosos cuentos, incluidos en antologías y publicados en diarios y revistas argentinas. Actualmente dirige “Futuro”, el suplemento de ciencias de Página 12.

En 1997, recibió el premio Konex como Mejor Figura de la Última Década en la categoría Comunicación- Periodismo Argentino y, en 1994, el diploma al mérito como mejor figura en la ciencia - ficción.

Capacitación

La Jornada Regional de Comunicación, Universidades y Ciencia fue organizada por la Universidad Tecnológica Nacional y la Asociación de Prensa de Santa Fe y tuvo lugar en la sede de la UTN. El objetivo fue abrir un espacio de capacitación sobre las distintas formas de comunicar en las universidades y el sector científico tecnológico, difundiendo experiencias concretas de trabajo en esos ámbitos.