Edición del Sábado 26 de noviembre de 2011

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45 años de una tarde inolvidable para Unión - Deportes | Fixture | Resultados Deportes

Un día como hoy, de 1966, el Tate era de Primera...

45 años de una tarde inolvidable para Unión

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Parte del plantel de 1966. Parados: Tocalli, Sauco, Gómez, Cocco, Figueroa, Casal y Tremonti. Agachados: Asencio, Lapalma, Díaz, Mansilla y Ciaccia. Foto: Archivo El Litoral

Fue el primero de los seis ascensos. El presidente era el doctor Casabianca, quien dio la vuelta olímpica con los jugadores.

 

Tomás Rodríguez

(Especial para El Litoral)

La jornada más jubilosa de la rica historia de Unión fue, sin lugar a dudas, cuando la tarde del 26 de noviembre de 1966, hace hoy 45 años, derrotó por 3 a 0 a Talleres de Remedios de Escalada, se clasificó por primera y única vez campeón del torneo de Primera B, ascendiendo al círculo superior afista.

Uno de los más entusiastas, y demostrando que vivía uno de los momentos de mayor éxtasis de su vida, fue el presidente Marcelo Casabianca, hijo de Néstor, el hombre que a los 17 años con un grupo de amigos resolvió fundar el club Unión, en la casa de calle Catamarca 2652, enfrente de donde El Litoral, años después, tendría funcionando sus talleres...

Los hinchas recorrían las distintas avenidas de penetración de la ciudad de Santa Fe, que un siglo atrás fuera defendida exitosamente por el Brigadier Gral. Estanislao López, llamado El Patriarca de la Federación, de los ataques de los unitarios, entonces los simpatizantes tatengues con cánticos, improvisadas murgas y todo tipo de festejos, entonaban. “Y ya lo ve, y ya lo ve a los campeones de la “B”, vivando además al Dr. Marcelo Casabianca, presidente de Unión y gestor principal de esa proeza.

El anhelado ascenso demoró: varias veces estuvo muy cerca de concretarse el sueño, como en el desgraciado final de 1949, con años de pesares y lucha, pero llegó con toda la euforia. Reverdecieron los viejos laureles de la familia unionista, recordando a notables figuras que vistieron la camiseta rojiblanca desde Federico Wilde, Antonio Simonsini, Ángel Napoleoni, Alberto Galateo, Domingo Noe, Miguel Caffaratti; sin olvidar al “Turco” Jacinto Hussein, los hermanos Mieres, el “Sapo” Saboldelli, Federico Edwards, José Vicente Greco, Julio Enrique Avila, Gabino Ballesteros, el “Flaco” Acosta, Néstor Ítalo Isella y tantos otros futbolistas que habían llenado de orgullo a los tatengues hasta ese momento.

Según el Dr. Casabianca, en declaraciones formuladas al semanario El Gráfico, en el número 2.450 del 20 de septiembre de 1966, la popular entidad que presidía se había consolidado en la sociedad, habiendo asegurado que “Unión es la gran institución del pasado, del presente y del futuro”.

Al promediar la sexta década del siglo pasado, Unión había logrado alcanzar una madurez, con el respaldo de 16 mil asociados y un patrimonio de 400 millones de pesos, aunque se estimaba que esa cifra podría disminuir ostensiblemente si se llegara a concretar una serie de obras previstas. El prestigioso médico le ponía una sonrisa a su rostro eminente cuando informaba que “Unión dispuso de profesores para ayudar a los hijos de los socios en épocas de exámenes”.

Promesa cumplida

Recuerdo que durante la tarde más gloriosa (26 de noviembre de 1966) que vivió su club, en la sede social, el presidente del club reveló: “Vea, m’hijo, si hoy Unión sale campeón yo me pongo al frente del equipo y doy la vuelta olímpica con ellos, sí, sí, ¡qué me importa lo que digan! Y usted, señor secretario, también”, lo invitó al escribano Francisco Raúl Ringa.

Este dirigente (casado, dos hijos, miembro de la subcomisión de fútbol), ni lerdo ni perezoso, le respondió: “Sí, señor presidente, yo no sólo doy la vuelta olímpica, sino que me pongo la camiseta de Unión”.

Ambos cumplieron con la promesa y así se observó la presencia del Dr. Casabianca y otros directivos dentro del campo de juego, acompañando a los jugadores, cuerpo técnico y los hinchas que ingresaron para despojar de algún trofeo a los futbolistas (camisetas, pantalones, medias y botines)

Hasta entonces, Unión en el principal certamen de ascenso había logrado dos subcampeonatos en 1943 (campeón Vélez Sarsfield) y 1955 (Argentinos Juniors) y cuatro veces resultó tercero: 1949 (Quilmes), 1953 (Tigre), 1959 (Chacarita Juniors) y 1963 (había compartido la primera posición con el campeón F. C. Oeste, San Telmo y Sarmiento, jugándose una ronda decisiva por puntos).

El recordado “Pulpa”

Cuando Washington Miguel Etchamendi Sosa llegó a Santa Fe —con un bolsito colgado sobre su hombro—, el 15 de enero de 1966, en una jornada agobiante, en pleno verano santafesino, al reunirse con Casabianca, aseguró que venía a cumplir y hacer realidad la ilusión y el sueño de los hinchas rojiblancos.

El adiestrador tenía 42 años, casado, dos hijos, empleado del municipio y revendedor del diario “La Mañana”, un año atrás lo trajo Ítalo Pedro Giménez para dirigir a Colón, pero no pudo conseguir permiso laboral y sugirió a José Etchegoyen, quien esa vez regresó a Montevideo para dirigir el Departamento de Fútbol Amateur de Peñarol, no aceptando el ofrecimiento de Casabianca por razones familiares y propuso el nombre del “Pulpa” a los dirigentes tatengues.

El prestigioso oftalmólogo consolidó la unidad de la familia unionista, con el aporte invalorable de un ex futbolista de la institución y notable dirigente, el escribano Alejandro Ulla. El Dr. Casabianca no tenía opositores y una prueba de ellos es que un contrincante suyo en 1963, Osvaldo Kopp, actuaba como vicepresidente segundo.

Casabianca tenía como vicepresidente primero al empresario Ángel Pedro Malvicino y como asesor a cargo de la secretaría administrativa a José Raúl Echagüe Cullen, un apasionado unionista, quien había ingresado como socio en 1924 y ocupó distintas funciones en comisiones directivas anteriores, llegando a desempeñarse también en el cargo de presidente de la subcomisión de fútbol.

Futbolistas “baratos”

Una de las primeras decisiones del “Pulpa” Etchamendi fue sugerirle al presidente Casabianca una lista con nombres de futbolistas a los que consideraba “baratos”.

“Necesito hombres con hambre de gloria, con aspiraciones de grandeza, solidarios, que piensen primero en el equipo y luego en el lucimiento personal, tampoco voy a padecer interferencias de los dirigentes, en el vestuario mando yo y el profesor Hurtado; el día que esto no suceda, tomo el bolso y me voy”, aseguró con énfasis y mirando a los ojos al reconocido médico santafesino.

Llegaron desde Montevideo los refuerzos solicitados: Luis Ernesto Sauco Borges, de Nacional; José Gerardo Silva, de Defensor Sporting; Julián Pirez, de Platense; Rubén Luis Iglesias, de C.A. Cerro; Mario Olivera, libre y los argentinos radicados entonces en Uruguay (Pedro Enrique Mansilla, de Defensor Sporting y Julio César Fernández, libre de Nacional.

Después se agregaron Luis Ángel Tremonti, de Colón; Omar Asencio, de Arsenal de Sarandí; Luis Díaz, de San Lorenzo de Almagro y Luis Gregorio Ciaccia, libre de Gimnasia y Esgrima de La Plata.

También se había incorporado el centrodelantero Miguel Antonio Juárez (salteño, natural de El Tala, conocido también como Ruíz de las Llamas, departamento Candelaria), procedente de Central Córdoba de Rosario, actuando solamente en cinco encuentros. Se resintió de una antigua lesión frente a Los Andes y abandonó la práctica activa del fútbol, teniendo un gesto que lo enalteció durante toda su campaña: deportiva: devolvió al Dr. Casabianca el concepto que había percibido de prima.

Con ellos (jugaron casi todos en Primera y la mayoría titulares) y con los valores que estaban en el club (Hugo Francisco Figueroa, capitán), Victorio Nicolás Cocco, Ángel Enrique Cabrol, Jorge Alberto “Nene” Gómez, el paraguayo Juan de Rosas Cabañas y Orlando Ruiz, además de los pibes surgidos de la cantera rojiblanca), se armó el equipo del recordado ascenso.

¡Qué anécdota!

El “Pulpa” Etchamendi Sosa fue un director técnico especial, se concentraba sólo en un hotel ubicado en calle Suipacha, casi avenida Rivadavia de esta ciudad, porque no soportaba las bromas del plantel unionista, especialmente con los futbolistas más experimentados. Con el aval del presidente Casabianca, toda la responsabilidad del grupo humano estaba a cargo del Prof. Hurtado.

El plantel de Unión en 1966 durante casi todos los compromisos en Buenos Aires viajaba por vía aérea. Existía una notable organización, al plantel no le faltaba nada, incluyendo la infraestructura; vestimenta, elementos deportivos, transporte, los dirigentes cumplían con todo lo solicitado por el adiestrador uruguayo.

El sábado 12 de marzo, en vísperas del partido por la segunda ronda con Villa Dálmine (2-0, con tantos de Pedro Mansilla y Miguel Juárez), poco después de las 22, Etchamendi fue a comprobar si los jugadores estaban descansando o en que se entretenían en sus habitaciones.

En primer término, abrió la puerta donde descansaban Pedro Mansilla y el “Gitano” Juárez”, entre otros, un balde colocado en la parte superior de la puerta, con un dispositivo casero provocó el derrame del agua sobre la humanidad del técnico, que explotaba de la bronca, pronunciando conceptos irreproducibles. Luego se dirigió a la habitación del “Gringo” Tremonti (único arquero que mantiene un récord: no recibió goles en la primera rueda como local) y le ocurrió lo mismo. Al acudir a la tercera habitación y luego a las restantes, el técnico oriental empujaba la puerta, retirando el cuerpo hacia atrás para evitar un nuevo percance con el líquido elemento.

Tras comprobar que estaban todos los jugadores en sus habitaciones, se retiró rápidamente de la concentración malhumorado, con su vozarrón le gritó a Hurtado: “Profesor, dígale al Dr. Casabianca que por disposición mía, usted está ahora a cargo de la concentración del plantel”. Haciendo caso omiso al pedido de los futbolistas, afirmó con énfasis “yo no concentro nunca más aquí con estos irresponsables, vagos y forajidos, porque si me quedo aquí terminamos a las piñas”, partiendo raudamente hacia el hotel donde se alojaba en la capital santafesina, mientras las risas de los protagonistas se escuchaban hasta en la orilla del río Salado.


Goleadores.

Luis Díaz fue el goleador, con 14 tantos, seguido de Pedro Mansilla, con 12, el “Fantasma” Orlando Ruiz con 9 y Julio C. Fernández con 7.

45 años de una tarde inolvidable para Unión

Vista aérea de la cancha y el club en 1966. Se observan el patio, la vieja cancha de básquet, las de tenis y la tribuna de los pinos en Cándido Pujato. Foto: Archivo El Litoral

Entrenaban en doble turno

Según dispuso Etchamendi. Unión entrenaba en doble turno, de lunes a viernes. “Ésta es una manera de ocuparles el tiempo a los futbolistas para que no tengan espacios vacíos y se preocupen por lo suyo. También es una manera de hacerles vivir el clima del club, de hacerlos venir y contagiarles todo lo que aquí se sueña”. En Unión todo estaba previsto, desde los lugares de entrenamiento (en el Grupo de Artillería de Defensa Antiaérea, en Guadalupe), hasta el punto de concentración, una quinta del entonces vicepresidente primero Ángel Pedro Malvicino, en Sauce Viejo, o el Hotel Continental, en Diagonal Norte, en Buenos Aires.

Asimismo existían las visitas nocturnas no previstas, cualquier día de la semana (después de las 22) por parte de Etchamendi y Hurtado) y hasta la presencia de un psicoanalista (que aparentaba ser un hincha común y aparecía en el ómnibus o en alguna comida).

El cuerpo técnico estaba compuesto por Etchamendi, el profesor Hurtado y junto a ellos, como ayudante de campo, trabajaba Adio Frana, que había sido técnico campeón de la Liga en los últimos siete años en forma consecutiva y en forma invicta en 1966.

El Departamento Médico estaba a cargo del Dr. Orlando Domingo Rodríguez y en calidad de kinesiólogos se desempeñaban Héctor Luis y Rodolfo Calanchini (ayudaba en Buenos Aires el ex futbolista de la institución Justo Bustos, quien permanecía en el camarín).

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Luis Tremonti había ascendido con Colón y al año siguiente lo hizo con Unión.

Foto: Archivo El Litoral

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Don Ángel Malvicino, hombre fuerte del fútbol, junto a sus pequeñas hijas, el “Canario” Silva y Luis Sauco.

Foto: Archivo El Litoral

“Como el caballo Forli”

Juan Fernández, el prestigioso periodista santafesino, más conocido como El Bachiller, que durante muchos años trabajó en medios gráficos locales, en LT 9 Radio Roca Soler (cuando estaba en Rivadavia 2849) y radicado durante varias décadas en Buenos Aires, afirmó que “Unión ganó el campeonato de Primera B de punta a punta, como el caballo Forli”.

Remarcó que “Unión ganó el ascenso en 1966, lo ganó por juego y por machismo, porque en estas trenzadas de los sábados, porque además de saber, hay que tener algo de varón o de macho en el más rotundo sentido de la palabra”.

“Unión ganó el ascenso, lo ganó con gente que juega al fútbol casi siempre y no se achicó nunca: Tremonti, Figueroa, Sauco Borges, Gómez, Cocco, Cabrol, Casal, Ciaccia, Iglesias, Ruiz, Fernández, Asencio... Toros en cualquier rodeo... todos fueron valientes; todos hicieron su parte. Unión ganó el ascenso y lo hizo por muerte; ganó a lo Forli, de punta a punta, como deben imponerse los sangre pura futbolera”, reveló El Bachiller.



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