Edición del Sábado 24 de diciembre de 2011

Edición completa del día

El alma es un pájaro asustadizo

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“Crónicas de muertes dudosas, de Bruno Di Benedetto. Ediciones en Danza. Buenos Aires, 2011.

Por Roberto Daniel Malatesta

 

Se dice que bardo es quien, en ejercicio del arte del poema, no despega los pies de la tierra y canta lo que en ella acontece. El ejercicio del poema para Di Benedetto, en estas crónicas, es el trabajo del bardo, sólo que aquí sí se produce un despegue, y lo que sería crónica de aquello que en la tierra pasa, se convierte en una visión más completa: ahora lo que ocurre entre la tierra y el cielo es materia de poesía.

“No es cierto entonces/ que el alma es desalojada del cuerpo/ en el momento del morir./ No, el alma es un pájaro asustadizo/ y lo abandona un tanto antes”.

Esto que antecede nos dice uno de los personajes retratados en el momento de morir, es el caso de sir Thomas Doughty, cuya muerte se produce en Puerto San Julián, Santa Cruz, el 7 de julio de 1578. Y así al inicio de los poemas se nos informa el lugar, casi todos en la Patagonia, y fecha cierta o probable de fallecimiento; entonces, a modo de anti-epitafio -un poco como lo hizo el magistral Edgar Lee Masters-, el difunto pasa a relatar y, como el alma es un pájaro asustadizo, en muchas ocasiones no sólo vida y muerte, sino que, en otras tantas, nos regala algo de cielo, como es el caso de María Delfina Alvarado, viuda de Bianchiotta, quien falleció en Puerto Madryn, Chubut, el 25 de mayo de 1956, y nos dice:

“... se dejó acariciar por el aire/ y vio que el aire era bueno./ Y se dejó entibiar por el sol/ y vio que el sol era bueno/ y se dejó lamer por el vértigo/ y vio que el vértigo era mejor... ”.

Vemos que las muertes ocurrieron en un amplio lapso que va desde las primeras avanzadas españolas sobre lo que sería territorio argentino hasta nuestros tiempos, y más, Di Benedetto se aventura en el futuro como en J.F.I.L. Funes, quien fallecerá en Buenos Aires, el 26 de agosto de 2036, en claro homenaje al autor de la sentencia “Los espejos y la paternidad son abominables”. Y en el mismo impulso de entregar materia no documentada nos trae a T’ol K’ete-nk Aromkesh, mujer tehuelche de “el norte de San Antonio”, Río Negro, por allá, en 1828, cuando los barcos negreros del imperio del Brasil se extraviaban y eran capturados en medio de la guerra; así, produce un creíble -su arte lo permite- encuentro e historia de amor entre un negro africano y la aborigen tehuelche.

De esta forma, el poeta nacido en la provincia de Buenos Aires, pero desde joven afincado en nuestra Patagonia, más precisamente en Puerto Madryn -provincia de Chubut-, como un bardo que se despega de la tierra, como el que ve con un ángulo mayor: tierra y cielo, nos trae la palabra de aquellos que si alzan la voz dicen, como suele afirmarse “si los muertos hablaran”, más que los vivos.

Nota extra: el libro recibió nada menos que el premio de Poesía Casa de las Américas 2010. La edición de Ediciones en Danza, como siempre, impecable.



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Sábado 24 de diciembre de 2011
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