/// OPINIÓN
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Tácticas y estrategias
Enrique Cruz (h)
Cuando terminó el Apertura y Colón se regocijaba con los 31 puntos y el segundo puesto que coronó un torneo con sinsabores y vaivenes, el principal defecto que se le achacaba al equipo de Mario Sciacqua era la falta de volumen de juego. Colón había reemplazado eficacia en el dominio de la pelota por practicidad y contundencia, valores que muchas veces no se le reconocieron y hasta se llegó al límite de subestimar la capacidad de generar buenos resultados.
Sciacqua fue el primero en entender que se tenía que mejorar en ese aspecto, porque el resultado es la consecuencia del juego y no se puede prescindir de algo tan fundamental como es la tenencia del balón y su buena circulación.
Por eso vino Gracián, por eso se intentó en un principio que Garcé juegue de marcador lateral (para darle una salida prolija al equipo por ese sector), por eso Higuaín nunca resignó su condición de titular indiscutible más allá de la buena pretemporada de Chevantón.
Hubo un intento que duró poco por parte del técnico: jugar con tres puntas. Chevantón dijo que no se sentía cómodo y algo de esto se notó en la cancha durante los partidos de entrenamiento. Igualmente, prescindir de la posibilidad de tener a la dupla Chevantón-Fuertes como una alternativa es, lisa y llanamente, un desperdicio. Y por eso no hay que cejar en el intento de “reconstruir el diálogo” futbolístico entre estos dos delanteros que son, por sí mismo, sinónimo de gol.
El 4-4-2, más allá del intento de Higuaín por ser un nexo entre los volantes y el Bichi, no parece ser en este momento el libreto ideal en la búsqueda de ese tan mentado volumen de juego, teniendo jugadores verticales como Luque o el mismo Graciani para abrir la cancha por los costados.
Con Gracián, la cuestión cambia. Primero, porque es el típico enganche, el que sabe que tiene que jugar y hacer jugar; segundo, porque es el jugador sobre el que más descansa la pelota, el que puede manejar tiempos, hacer la pausa y acelerar en el momento indicado. Lo que se dice, un estratega que, quizás, le ha faltado siempre al equipo de Sciacqua más allá de su reconocida practicidad.
El 4-3-1-2 con más tenencia de la pelota y la presencia constante de dos volantes recuperadores como Bastía y Prediger es, al parecer, el distintivo básico de este equipo. ¿Se habrá acabado la búsqueda de ese tan mentado volumen de juego?