Al margen de la crónica

Alta infidelidad

Cuenta una leyenda germánica sobre el terrible y aleccionador castigo al cual Ondina, ninfa de las aguas, condenó a su amante luego de descubrir que éste la engañaba.

Lo sentenció, nada más y nada menos, que a ser responsable permanente de su respiración. Es decir, el infiel no podía olvidarse ni un minuto de que debía respirar. Ni siquiera podía dormir, ya que si lo hacía, corría el riesgo de perder el control consciente de la función respiratoria y morir.

En la mitología, las consecuencias derivadas de infracciones como la traición, solían ser letales. Por fortuna para muchos, los damnificados en la actualidad no ostentamos semejante poder.

No resulta del todo claro si los casos de adulterio han aumentado, o si los indiscretos han dejado vergüenza y culpa de lado, y hoy se permiten mostrarse más. Pero las parejas clandestinas, que antes se movían entre sombras y cuatro paredes, hoy pasean libremente por las calles de la ciudad.

A fin de aclarar un poco la situación, un sitio llamado “Second Love” realizó una encuesta que concluyó que en la Argentina los casos de infidelidad efectivamente han aumentado, mientras que la edad de los infieles ha disminuido.

En la mayoría de los casos, se trata de personas entre 20 y 35 años y que mantienen paralelamente relaciones de pareja estable, de muy poco tiempo.

Por otro lado, el informe determinó que la sensación más recurrente luego del engaño no es remordimiento, sino un aumento de la autoestima. Tal como lo expresó el 41% de los hombres y el 48,9 % de las mujeres.

En cuanto a las motivaciones, la mayoría sostuvo que la relación se había vuelto rutinaria y buscaban algo nuevo, un poco de ‘adrenalina‘.

Más allá de las cifras o las explicaciones que pueda argumentar quien pretende jugar fuera de la pareja, lo cierto es que para la víctima la cuestión no es tan divertida. Y es que, cualquiera que haya sufrido un desengaño de este tipo, entiende que el daño suele ser profundo e irreparable.

Y es en esos momentos, en los cuales no vendría para nada mal ser una ninfa mitológica.

Ondina no fue la única en sellar el destino del desalmado. A lo largo de los siglos son muchos y variados los escarmientos ejecutados por las agraviadas.

Uno de mis preferidos tiene un origen incierto. Se ignora si es un proverbio árabe o una maldición gitana. Bien podría formar parte de un tango. Pero más allá de su génesis, contiene en pocas palabras un pernicioso deseo: “Ojalá te enamores”. Así de simple, así de complejo. Una sentencia contundente. La más brutal de las venganzas.