Al margen de la crónica
“SpeechJammer”: El sueño de muchos
Al margen de la crónica
“SpeechJammer”: El sueño de muchos
El sabio Ernest Hemingway solía decir que se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar.
Hemingway no se equivocó. Y son muchos los momentos del día en los que comprobamos el empeño de algunos de invadir el silencio con palabras, aún cuando estas puedan carecer completamente de sentido y propósito.
Personas que no paran de hablar en reuniones de trabajo, discursos políticos que duran horas, verborrea sólo utilizada para herir o menospreciar al resto, rosarios enteros de cretinadas que hay que escuchar durante todo el día.
¿Alguna vez se preguntó qué pasaría si uno pudiese enmudecer al menos la mitad de esas cosas? Pues hoy el milagro es real y se llama “SpeechJammer”.
El instrumento es algo así como un bloqueador de discursos, capaz de dejar muda a la gente.
Desarrollado por los japoneses Koji Tsukada y Kazutaka Kurihara, se basa en el hecho de que para hablar correctamente, los seres humanos necesitamos escuchar lo que decimos, de forma que podamos ajustar nuestro discurso a medida que lo vamos emitiendo.
El problema aparece cuando hay un ligero retraso entre el momento en que se pronuncian las palabras y el tiempo en que se oyen. Si eso sucede la gente, desorientada, tiende a dejar de hablar.
Basado en un principio descubierto por psicólogos que sostiene que es difícil hablar cuando alguien nos repite lo que acabamos de decir, lo que el aparato provoca es que alguien que habla escuche sus propias palabras con un retraso de 0,2 segundos.
Para que esto ocurra, la máquina adjunta un micrófono direccional en una caja que contiene un puntero láser y un ordenador.
El mecanismo es simple: se apunta el arma a la persona que habla, con el puntero láser como guía y, a continuación, aprieta el gatillo. El efecto inmediato es que el “objetivo” comienza a tartamudear o, directamente, queda mudo.
El “SpeechJammer” funciona para distancias de hasta unos treinta metros y se carga con ocho baterías AA. No provoca ningún tipo de malestar físico y el afectado recupera el habla de inmediato.
Desafortunadamente no opera muy bien bajo ciertos ambientes. Por ejemplo, es muy eficiente cuando las personas leen en voz alta, pero debe ser calibrado manualmente cuando se trata de monólogos espontáneos. Y no funciona cuando hay gritos o se utilizan expresiones no verbales, como los balbuceos.
A pesar de la efectividad del dispositivo, sus inventores sostienen que no tienen planes de comercializarlo ya que su tecnología es tan simple, que es dudoso que pudieran patentarla de todos modos.
Aún cuando la utilización de un equipo de este tipo podría suponer un pisoteo de los derechos humanos en malas manos, también es cierto que, en determinadas ocasiones, todos hemos soñado con poder disparar algo parecido.