DISCRIMINACIÓN SOBRE RUEDAS
DISCRIMINACIÓN SOBRE RUEDAS
Siguen las denuncias por los pases para discapacitados

El pase para discapacitados está garantizado por la ley Nº 12.355, que dice que las empresas deben transportar “gratuitamente a las personas con discapacidad en el trayecto que medie entre el domicilio de las mismas y cualquier destino al que deban concurrir”. Foto: ARCHIVO EL LITORAL
Usuarios de empresas de colectivo larga distancia suman sus reclamos por malos tratos. Las situaciones ocurren cuando deben tramitar el pasaje libre que la ley contempla para aquellas personas que sufren alguna discapacidad.
Natalia Pandolfo
La nota “La odisea de viajar con un boleto para discapacitados”, publicada por El Litoral el 28 de febrero pasado, que planteaba las situaciones agraviantes que debió atravesar una persona para acceder a ese pase cuando viajaba de Santa Fe a Córdoba con la empresa El Práctico, funcionó a modo de resorte: decenas de personas que habían atravesado por situaciones similares aportaron sus testimonios a través de llamados y mails, denunciando a distintas empresas en las que el maltrato y la humillación viajan en primera clase.
“Soy de Villa Giardino, Córdoba, y tengo el mismo problema cada vez que viajo a Santa Fe con esa empresa. Ellos no se niegan a darte el pasaje, pero te tienen a las vueltas. Y cuando ya fuiste mil veces y llamaste dos mil veces, finalmente te dan el asiento que ellos quieren: lugares inaccesibles para una persona con discapacidad”, cuenta Francisco Serra. Junto a su esposa, Fabiana, más de una vez han sufrido situaciones de este tipo cuando tuvieron que viajar con su hija de 15 años, que tiene una discapacidad psicomotriz.
Perder el Norte
Mónica Bachot tiene 25 años y padece de fibrosis quística: “Suelo viajar a Reconquista con la empresa El Norte. Pedir un pasaje ahí es una odisea. El coche para en todas las ciudades o pueblos intermedios: el viaje es interminable, de alrededor de siete horas. Hay una línea directa, El Norte Bis, que hace el mismo recorrido en menor tiempo. Pero la empresa alude que no dan pases de discapacidad en esa línea, por lo cual el discapacitado queda condenado a viajar en el coche ‘lechero’”.
“No sólo eso: la empresa no te da boleto alguno. Cuando uno lo solicita, te anotan en un papel el horario, destino y número de asiento”, cuenta. El Litoral se comunicó con la boletería local y constató que El Norte Bis no permite el acceso a discapacitados, y que en El Norte no les otorgan pasajes. “El chofer ubica a la persona en la butaca directamente”, alegaron.
“Hace unos años, como tenía que viajar durante un fin de semana largo, tomé la precaución de ir unos días antes para no quedarme sin pasaje. Me anotaron en ese famoso papelito, pero el día del viaje, el chofer no me quería dejar subir: me decía que si tenía lugar me llevaba, pero que si no me iba a tener que dejar. Tenía a mi hija de dos años en brazos, dormida. Por suerte, y porque no me gusta quedarme callada, me subí a la fuerza al colectivo y me senté en el asiento que tenía asignado: le dije que no me iba a bajar. Así que de muy mala gana me dejaron viajar, pero el conductor no dejó de hacer notar a todo pasajero que subía y a los demás choferes de los colectivos de refuerzo que ‘por la chica discapacitada que está sentada ahí se me armó lío con los asientos’ y que si quedaba gente sin viajar ‘era por culpa de la chica discapacitada”, relata Mónica.
Mensajes
“En El Práctico no les dan a los discapacitados los asientos de abajo porque ellos los cobran a mayor precio. Mi esposo no puede subir las escaleras, así que se plantea una situación imposible de resolver”, explica Patricia Lindón, que también se comunicó con este diario a partir de la nota publicada.
“Una vez pedí hablar con algún encargado, en la Terminal de Ómnibus de Tucumán, pero no nos podía atender porque hablaba por su celular delante nuestro. Cuando por fin logré que me escuchara, me contestó que él no podía hacer nada y que me comunicara por teléfono a Córdoba. Pero, muy gentilmente, el chofer del coche nos dijo que no nos molestáramos, dado que a esa hora en Córdoba atendía nada más que la máquina y que nos iba de decir que dejáramos el mensaje”, recuerda.
“Es lamentable y doloroso ver las circunstancias que tiene que vivir un discapacitado para obtener el pase que le corresponde por ley. Nuestros discapacitados merecen un trato mejor, y mayor respeto”, reflexiona.
Humillados y ofendidos
El relato de Verónica Ensinas, periodista y testigo ocasional de una situación vergonzosa, supera el límite de lo imaginable. “El 10 de enero fui a la terminal a despedir a unos familiares. Realmente fue indignante el momento que pasamos antes de que saliera el coche de las 20.30 de la empresa El Práctico. Mientras subían los pasajeros, vimos a dos mujeres discapacitadas motrices con sus sostenes ortopédicos, que también se alistaban en la cola. Y sucedió lo que no esperábamos: uno de los choferes les dijo que no había lugar para viajar en la parte de abajo de la unidad y las ‘invitó’ a subir al segundo piso. Las mujeres intentaron resistirse, pero no tuvieron respuestas. Acto seguido, el chofer subió a una de ellas empujándola de las nalgas”, cuenta.
“Al ver eso, me animé a preguntar qué pasaba. El hombre me dijo: ‘Nena no te metas, que me estás comprometiendo’. Le dije que era mi deber meterme en el medio porque sí había lugar en la parte de abajo: mis familiares viajaban ahí y hasta mi hermana se ofreció a darle su lugar. Volvió a decirme que no me metiera, vino la guardia de la terminal y la responsable de la empresa. A todo esto, ya había subido la otra mujer discapacitada”.
“En el medio de la discusión, bajaron a la señora porque subió mi hermana. La encargada de la empresa insistía con que ‘era su problema’ cómo viajaban los pasajeros, y que no había ningún inconveniente porque la mujer ya estaba abajo, y no iba a hacer ninguna denuncia.
Ella me dijo que las mujeres sacaron tarde el pasaje, que sabían que no había lugar y que quisieron viajar igual. Yo le respondí que igual iba a dejar sentado lo que pasó, y les di mis datos a los guardias de la Terminal.
“Llamé a los números de la Comisión Nacional de Transporte y no me atendió nadie, porque era tarde. Al otro día, pude comunicarme y me dijeron que los discapacitados deben sacar su pasaje con 48 horas de anticipación. Me invitaron a denunciar en la delegación local de la CNRT. De todos modos, me parecía inhumano que viajaran en esas condiciones”.
“Unos días después regresé a la terminal y me confirmaron que las mujeres sí habían pedido el pasaje con 48 horas de anticipación, y que asentaron una denuncia. Me sentí un poco mejor, pero igual sigo preguntándome por qué no se cumple la ley”, concluye Verónica.
/// EL DATO
Derecho
“A fin de que las personas con discapacidad puedan vivir en forma independiente y participar plenamente de todos los aspectos de la vida, los Estados Parte adoptarán medidas pertinentes para asegurar el acceso de las personas con discapacidad, en igualdad de condiciones con las demás, al entorno físico, el transporte, la información y las comunicaciones”. Convención Internacional sobre los derechos de las personas con discapacidad.