SOBRE LA PUESTA “GALLINA ROJA”

Cuatro cuerpos afectados por la idiotez, y una madre

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Se presenta esta noche, en el Foro Cultural Universitario.

Foto: GENTILEZA JUAN CURTO

Cristina Copes

Ricardo Rojas

Cuando ingresamos a la sala la escena está viva, un profundo sonido llama la atención y entre las luces que dan paso a la primera imagen, constatamos los hachazos que da Noemí. Heridas que son síntoma y síntesis de todo lo que acontecerá en el recorrido de esta trágica familia.

La historia que desarrolla la obra está basada en el cuento “La gallina degollada” de Horacio Quiroga y en la historieta homónima de Alberto Breccia y Carlos Trillo, a su vez inspirada en el cuento de Quiroga.

La propuesta ofrece un recorrido dramático organizado en diferentes momentos donde se desarrollan los acontecimientos que se engarzan orgánicamente, pues una situación da paso a la otra sin sobresaltos en el sentido del acontecer. El paso del tiempo se representa a través de la sucesión de imágenes, o sea que el tiempo se transforma en espacio, y no se necesita dar cuenta explícitamente del devenir temporal.

Existe un relato no explícito, justamente expresado con imágenes, palabras, música, acciones, danza, todos elementos que son constituyentes de la composición, propios del lenguaje del teatro danza. Pero sí hay una cierta linealidad en el relato: una serie de acontecimientos que se suceden, se cargan, se complejizan para arribar a un final.

VIOLENCIA

La herencia genética, la marginalidad, la falta de afecto y la percepción de la muerte como acecho constante; la presencia de la violencia y la crueldad, son aspectos particulares del cuento, que están claramente en la génesis de las escenas de la obra “Gallina Roja”, atravesadas por una impronta estética e interpretativa que le es propia al Grupo Res en su trayectoria por la danza de investigación y la actividad escénica.

Imágenes sobrecogedoras por la “violencia contenida” se van desarrollando en una secuencia escénica que cruza lenguajes sin perder la intensidad del relato.

Cuatro hermanos sentados, cuatro cuerpos afectados por la idiotez y una madre que los organiza como puede, con todo el dolor y la perversión que cuatro babeantes hijos le generan. En esta suerte de educación o adiestramiento, se despliegan juegos muy acertados para el sentido propuesto. La organización de los movimientos, responde a requerimientos dramáticos y no hay exceso en las definiciones coreográficas. Escenas resueltas con diseños muy directos, cargados de energía y el “sentido de lo irracional”, lo vemos, sobre todo en la situación de dúo masculino, el habitual y reconocible recurso de la manipulación coordinada del cuerpo del otro. Igualmente bien resuelto.

SOLTURA

Noemí, Stella Maris, Héctor y Gerardo son personajes que los intérpretes abordan con eficiencia, soltura y naturalidad, mostrándolos totalmente entregados. Es interesante el tránsito de los intérpretes entre la idiotez y la metamorfosis hacia la normalidad. En este sentido y en el caso de Bertita/Berta o Padre, según expresa el programa de mano, no vemos el desdoblamiento que pudiera dar cuenta de éstos, sino como decíamos simultáneamente a una madre, a una hermana o a un otro “normal” en esa casa. Este personaje es muy bien trabajado por Luciana Brunetti, que aún tiene más margen para desplegar. Acertada la decisión de no forzarla en el manejo de otro lenguaje más vinculado con la danza.

El espacio sonoro aporta un clima de gran intensidad a la obra, con momentos de gran protagonismo que revelan una relación potente entre los lenguajes. El vestuario, de gran sencillez, es también una pieza muy ajustada a la concepción de la obra, en la cual la búsqueda es la contundencia del cuerpo y la palabra para estos personajes, perdidos en un brutal “sentir”. Todo aquello que se nos antoja terrible es vivido por los personajes con una pasmosa naturalidad.

Ronda la fatalidad en el ambiente, todo aquello que ocurre en esa familia desde la enfermedad hasta la muerte será algo que indefectiblemente sucederá y en la escena se nos entrega con exquisitez ante nuestros ojos expectantes. El final se despliega y cierra y casi a modo de bonus track se sucede una última escena musical que pudiera sacarnos de la pesadilla quiroguiana y alivianar el clima o funcionar del modo más siniestro en el sentido de categoría estética por el extrañamiento que pudiera producir en contraste con todo lo acontecido. Un trabajo de calidad que da cuenta de los logros producidos en algunos grupos, directores e intérpretes locales dispuestos a la investigación y abiertos a los lenguajes que cada acontecimiento escénico requiriera.

///DATO

Hacedores

La “Gallina roja” -creación del grupo Res- se presentará hoy a las 22 (también los viernes 23 y 30 de marzo) en la sala Maggi del Foro Cultural Universitario, 9 de Julio 2150.

La puesta cuenta con la dirección general de Juan Berrón; la interpretación de Luciana Brunetti, Virginia Dilda, Victoria Roldán, Mauro Cappadoro y Matías Graizaro; con música original de Franco Bongioanni; luces y planteo escénico de “Ponchi” Insaurralde; vestuario de Verónica Bucci y Facundo Ternavasio; y asistencia de dirección de Centirella Bertolino.