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Las academias de pintura en la Santa Fe del progreso - Escenarios & Sociedad Escenarios & Sociedad

Escuelas de formación

Las academias de pintura en la Santa Fe del progreso

La historia de las artes plásticas santafesinas registra el fuerte impulso de estos verdaderos centros de educación artística.

Nanzi Sobrero de Vallejo

“...Artistas, vosotros que dando una nueva forma a las producciones de la naturaleza, sabéis acomodarlas para los usos diferentes a que corresponde, les añadís un nuevo valor con que enriquecéis al Estado, y aumentáis su prosperidad...”.

Con este concepto en su “Dedicatoria a los labradores, artistas y comerciantes”, se refería el General Belgrano en el Correo del Comercio del día 3 de marzo de 1810. (1) Estas palabras corroboran su consideración a los artistas y su rol en la sociedad e importancia de la enseñanza específica que más tarde concreta con la creación de la escuela de dibujo.

En la Memoria del Consulado de Buenos Aires, expresó: “... el dibujo es el alma de las artes... ” (2), como fundamento a la creación de la primera escuela el 29 de mayo de 1799 respaldándola con un reglamento redactado por él que la Corte de España desaprueba y ordena su cierre. Años más tarde se crean otras academias iniciando paulatinamente el estudio de las Bellas Artes.

El padre Fray Francisco de Paula Castañeda, quien por razones políticas se instala en San José del Rincón e inicia la tarea de “educación de gestión pública”, en el año 1823 afirmaba con orgullo que “...las artes mecánicas también se enseñan en mi escuela, para cuyo efecto tengo en ejercicio una carpintería, una herrería, una relojería y una escuela de pintura...”.

El legado de los italianos

La historia de las artes plásticas santafesinas recuerda a Héctor Facino (1829-1890) como el primer maestro de pintura de la ciudad. Oriundo de Parma (Italia) se radica en Santa Fe alrededor de 1868, trabajó en la única Academia de Dibujo y Pintura que funcionaba en el Colegio de los Jesuitas, tarea que complementó en su domicilio y casas particulares. Contó entre sus alumnos a quien más tarde sería Sor Josefa Díaz y Clucellas a quien se consideraba dueña de “... un don innato que posteriormente el pintor italiano llegado a Santa Fe se encargó de depurar y completar...” (3). Su producción artística no fue numerosa, se lo señala como un pintor “de buena factura” (4).

José María D’Annunzio llega a Buenos Aires de Peggio Imperiale, Italia, en 1897. Se establece en nuestra ciudad donde es nombrado profesor de Dibujo en la Escuela Normal de Señoritas. Varias generaciones de santafesinas se formaron adquiriendo conceptos de perspectiva, composición y lineamientos teóricos que aplicaron en la resolución de sus experiencias prácticas.

Fue nombrado Inspector de Dibujo de las Escuelas de la Provincia cargo que desempeñó hasta 1916. “... Hombre culto y de amplios conocimientos formativos, dictó conferencias, una de ellas publicada en el Boletín Oficial en 1907 con el título de “Importancia del Dibujo” en la que abarcó el dibujo del natural, de estampa, e interpretación del método”. (5).

El artista fundó en 1907 junto con Pablo Pellegrini y Cipriano Ceppi una Academia de Dibujo y Pintura que contó hasta 1916 con el apoyo económico de la provincia. Su pintura reflejó el paisaje de la región “... donde está expresada la pasión, exaltación de un romanticismo que despegó de lo telúrico y del arraigo de la tierra” (6).

Otro italiano de gran relevancia para el arte y cultura santafesina fue el maestro Juan Cingolani (1859-1932) quien se radica en nuestra ciudad por razones familiares alrededor de 1909. Provenía de la Aldea de San Egidio, provincia de Macerata. Había desarrollado una vasta tarea en Italia restaurando obras de carácter religioso en las Salas Rafael, la de los Borgia y la Capilla Sixtina del Vaticano.

Precedido de una vasta experiencia abre con éxito su academia en nuestra ciudad y paralelamente se dedica a la tarea docente en la Escuela de Diseño de la Dante Alighieri, el Colegio Nacional, la Inmaculada Concepción y el Colegio Nuestra Señora del Calvario. Paralelamente a su tarea docente, se dedica a la ornamentación de edificios particulares e iglesias. Entre estas últimas, se destaca por su importancia la Iglesia del Carmen. Numerosos cuadros de caballete enriquecen las colecciones particulares y museos, “... cada movimiento del pincel de Cingolani nos evoca la realidad tangible, y en ello consiste la belleza de su obra”. (7). El maestro Cingolani fallece el 23 de abril de 1932.

Los españoles y su vocación docente

José María Reinares procedente de La Rioja, España, estudia en Buenos Aires y se establece en nuestra ciudad en 1908 con una academia que lleva su nombre. Previamente, realizó estudios en Buenos Aires, se perfecciona como litógrafo e ingresa a la Compañía Sudamericana de Billetes de Banco mientras paralelamente toma cursos nocturnos en la Academia de Bellas Artes.

Cuando vuelve a Santa Fe instala la Academia de Bellas Artes Reinares. Importantes nombres de la historia del arte santafesino se educaron con el maestro, entre ellos Baldomero Banús, Enrique Estrada Bello, José García Bañon, Antonio Colón. Más tarde y por razones generacionales, Agustín Zapata Gollán, Ricardo Supisiche y José Sedlacek, nombres que gravitarán en el desarrollo de las artes plásticas y el movimiento cultural de la ciudad.

Absorbido por las tareas docentes, su obra plástica fue escasa y refirió a temas de tipo regional, escenas campestres, retratos, flora y fauna de la zona. Solicita y obtiene el reconocimiento oficial de su academia en 1910. Alentó la esperanza de crear un movimiento plástico pero la muerte lo sorprendió a los 48 años.

El español oriundo de Valencia, Salvador Cabedo (1869-1949), llega al país en 1907. Con su tarea contribuyó a la consolidación del movimiento de talleres de enseñanza de las Artes Plásticas. De formación académica en su país natal comenzó dando clases en el colegio del Salvador en Buenos Aires. Se trasladó a Santa Fe, fue docente de la especialidad en el Colegio Nacional y de la Inmaculada Concepción. Comparte la docencia en la Academia Reinares.

Como dato significativo recordamos que es el autor del “Tratado Elemental de la Perspectiva Lineal” (Santa Fe-1916) destinado a la enseñanza de la materia en los Colegios Nacionales, Escuelas Industriales y de Bellas Artes. Inventó el “Perspectímetro Cabedo” premiado con Medalla de Plata en la Exposición Internacional de San Francisco, California en 1915.

Su obra pictórica, circunscripta en el género del retrato, se conserva en el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez.

Un francés singular

Amadeo Gras nace en Amiens (Francia) en 1805. Este joven que se siente inclinado por la pintura y la música, estudia en París. Fuertemente atraído por América, llega a Buenos Aires en 1827 destacándose en la sociedad como músico, ejecuta el violonchelo, clarinete, arpa o piano. Su espíritu aventurero lo conduce a varios países de América donde se gana la vida ejecutando retratos de personajes de la vida política y alta sociedad. En su largo peregrinar, van naciendo sus hijos, doce en total, entre ellos un santafesino que lo une afectuosamente a nuestra ciudad.

De vuelta de uno de sus viajes a Francia trae a Buenos Aires el daguerrotipo que por entonces era la novedad que revoluciona la época. El general Urquiza le encarga los daguerrotipos de los gobernadores que asistirán al histórico Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos. En Santa Fe, se encarga de la restauración parcial y decoración del Cabildo y cuando arriban los Constituyentes en 1852 hace el daguerrotipo de todos ellos. Esa situación lo lleva a establecerse en Santa Fe en la Calle del Comercio 175, “... el destacado pintor tiene muy pronto numerosos alumnos...” (8) además de concretar los retratos de varias damas santafesinas.

Con su amigo Héctor Facino, compartía su afición por la música, ya mayor se instala en Entre Ríos donde fallece en 1871.

Es de hacer notar que generalmente a estos artistas los animaba un propósito fundamentalmente documental. Practicaban el género costumbrista y el retrato. “Se dedicaban -al decir de la historiadora Catalina Pistone- a retocar imágenes religiosas o ejecutar pinturas decorativas para zaguanes y patios cubiertos...”. Se recuerdan en este carácter a Melchor Arce, José Manuel Blanco y Juan Manera. Este último decoraba los ambientes para las recepciones oficiales “como la visita oficial de Sarmiento a Santa Fe en enero de 1870”.

En los albores de la enseñanza oficial

Si bien fue importante el papel de las Academias, la pintura como tal, tardó en incorporarse a la tradicional sociedad santafesina, donde, principalmente la mujer se desenvolvía en los límites del hogar. Para ella, estaba destinada la instrucción primaria, las labores femeninas y el estudio de la música.

La alternancia y práctica de las artes visuales y la concreción de Salones de Pintura van creando el clima propicio para la consolidación de la enseñanza oficial.

“La educación del pueblo por parte de los poderes públicos debe hacerse propendiendo al desarrollo cultural del mismo, dándoles las facilidades necesarias para el cultivo de las artes y las ciencias en su más amplia acepción”. Este concepto entroniza el decreto municipal Nº 16 del 28 de enero de 1936 que crea el Museo Municipal de Bellas Artes que contaba en su reglamentación, además de una Biblioteca y un Departamento de Extensión la “creación de una academia de pintura y escultura con el objeto de impartir la enseñanza de dichas disciplinas de arte”, respondiendo a una demanda que se iba gestando en los grupos de maestros y alumnos que concurrían a los Talleres y participaban de los primeros Salones de Arte.

Con la puesta en marcha de esta Academia oficial y cuatro años más tarde la creación de la Escuela Provincial de Artes Visuales, por iniciativa del ministro de Instrucción Pública, Prof. Juan Mantovani, comienza un desarrollo sostenido de la enseñanza artística que perdura hasta nuestros días y posiciona a la provincia de Santa Fe como una de las cultoras más importantes del país.

1) “Correo de Comercio”, Nº 1, Tomo 1, pág. 3.

2) Memoria del Consulado de Buenos Aires, 15 de junio de 1796

3) González Graciela, Terpin Jorge, “Cuadernos”, “Sor Josefa Díaz y Clucellas”, Municipalidad de S.Fe, 1999.

4) Jorge Taverna Irigoyen, “Cien años de Pintura en Santa Fe”, Imp. UNL , S. Fe, 1992, pág. 13.

5) Pistone, Catalina, en publicación Junta Pcial. de Estudios Históricos. Nº 51. Imp. Oficial. S.Fe. 1986.

6) Colón, Antonio, “Una época de la Pintura santafesina”, Edit. Castellví, S. Fe, 1951.

7) Pistone, Catalina, Ob.cit.

8) José Rafael López Rosas, “Santa Fe, aquel rostro”, Imp. Lux, S.Fe, 1997.

La nota

“Autorretrato”, de Juan Cingolani.

La nota

“Enriqueta P. de Bello”, de José María Reinares.

6.jpg

“Brigadier López”, de Héctor Facino.

La nota

“Serranías de Tanti”, de José María Reinares.

La nota

“Cuadro del milagro”, de Juan Cingolani. Fotos: Archivo El Litoral

La nota

“Pascual Rosas”, de Amadeo Gras.

La nota

“General Juan Pablo López”, de Amadeo Gras.

La nota

“Cabeza de mujer”, de Salvador Cabedo.



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