SEÑAL DE AJUSTE


Broadway a la tele

La nota

En Smash, “la materia prima habitual de la especialidad son los sueños y la competencia feroz, ambos conjugados al extremo”, expresa Maurer.

Foto: Gentileza Universal Channel

 

Por Roberto Maurer

 

La comedia musical siempre fue el género más autorreferencial del cine. Se han filmado incontables comedias musicales que describen cómo nace y se hace una comedia musical, sobre la base, se puede conjeturar, de que lo que sucede entre bambalinas es más interesante que aquello que pasa en el escenario. Una versión televisiva de esta serpiente que se come la cola acaba de estrenarse en Universal Channel (miércoles a las 22), a poco más de un mes de su debut en Estados Unidos, donde fue creada por la cadena NBC para salvar la temporada, bajo el cielo protector de Steven Spielberg y siguiendo la huella abierta por “Glee” para el drama o comedia musical en la tele, con una diferencia: si en una el escenario es la escuela secundaria, ahora se trata de Broadway y su backstage de sangre sudor y lágrimas.

Buscando a Marilyn

La materia prima habitual de la especialidad son los sueños y la competencia feroz, ambos conjugados al extremo: la ilusión de triunfar en Broadway en un medio ambiente donde se rivaliza sin piedad. “Smash” narra las alternativas de un proyecto musical inspirado en Marilyn Monroe. En el primer capítulo, ya se perfilaron las dos candidatas que batallarán para conseguir el rol protagónico. Una trabaja de mesera (Katharine McPhee, surgida de American Idol), llegó del campo a la gran ciudad y es casi una debutante. Carga con la limitación de tener una personalidad poco sexy y es la única que, aspirando a interpretar a Marylin, no la imita, lo que puede ser una ventaja: sin disfrazarse, cautivó audicionando con una versión de “Beautiful”, de Christina Aguilera. Su rival (Megan Hilty) es una rubia segundona y experimentada que canta, baila, se viste y mueve el trasero como si fuera la reencarnación de Marilyn.

Convencional

Los otros personajes son los autores del musical, un joven gay y una mujer casada viviendo el clásico conflicto entre el trabajo y la familia, que deben compartir la tarea con un director famoso, intratable y egomaníaco.

—Los gay me enferman -comenta, caminando por la calle junto a la productora.

—Ésa es una postura desafortunada en el teatro norteamericano -responde ella-, que es interpretada con poco provecho por Anjelica Huston. Se está divorciando y sus bienes han sido inhibidos, o sea que nos encontramos ante una fuente de futuros problemas para la producción.

Con covers y canciones originales, “Smash” se hunde en las convenciones del género, y desde los diálogos a las coreografías nada se encuentra a la altura de las voces magníficas de sus protagonistas.

En uno de los primeros diálogos, un personaje se queja, refiriéndose a un proyecto en marcha: “¿Siguen adelante con My Fair Lady?, ¿por qué ya nadie hace un musical nuevo?”, pregunta. “Smash” no parece una respuesta a la crisis.