Artes Visuales /// Entrevista a Roberto Romero
Artes Visuales /// Entrevista a Roberto Romero
Un lenguaje para el recuerdo
Domingo Sahda
—¿Cómo te definís?
—Como un artista visual que trata de proyectar en las obras toda una categoría de la ironía, del humor y un poco retrotraer los recuerdos de la infancia. Por eso, es que mis obras se caracterizan por ciertos personajes específicos que son animales pero humanizados, que hacen cosas de humanos. De alguna manera, el que va viendo la obra, se identifica porque en algún momento de su vida ha pasado por la experiencia que esos animales muestran descaradamente. Con mi actividad, pretendo construir un lenguaje vinculante y que traiga recuerdos en el espectador.
—¿Vos hacés descargas de cuestiones subjetivas o te mirás como un vigía del mundo y empezás a capturarlo?
—Las dos cosas, pero lo principal es mi propia experiencia de la infancia, porque las obras giran en una mirada de un niño de entre seis u ocho años.
—Pero tu obra no creo que pueda caratularse como “naif”...
—No lo es porque si bien tiene cierta ingenuidad está elaborada a partir de un concepto. La imagen es un punto de partida.
—¿Cómo definirías a la imagen?
—Es lo que define las formas, los objetos y la realidad, pero no es algo solamente materializado, concreto, sino que esa imagen contiene algo más. Forma y contenido, juntas, son las dos caras de una misma moneda.
—¿Tu trabajo es esencialmente en el plano o también en el volumen?
—Empecé con el grabado, con cromoxilografía y xilografía pero después, por la falta de prensa que a mí me gustaba para mis trabajos y la necesidad de producir, llevé esos mismos diseños a otro mundo y a otro recurso técnico. Hay obras que dependen de la técnica y de la experimentación. Muchas veces tengo una idea pero nunca en sí misma llega a concretarse como la pensé, hay un acercamiento. Entonces, la técnica me va dando la pauta de cuál es el punto para que yo me pueda acercar más a esa idea original.
—Es decir que el punto de partida es uno pero estás abierto a todas las influencias que puedan producirse.
—A todas las influencias y a veces las obras viran hacia otro lugar porque la técnica te va poniendo ciertos límites. Pero siempre trato de que sea lo más cercano posible a la idea originaria.
El goce del color
—¿Qué te pasa frente a una obra que se circunscribe a la abstracción geométrica?
—Lo angular no está presente en mi obra sino que predomina la curva. Pero, frente a una obra abstracta y que tenga planos puros, hay goce del color, hay muchos que me atraen. Hay algo más en esa abstracción, puede contener imágenes y elementos de la realidad.
—Es decir que vos esencialmente girás en torno a la figuración entendida no como una descripción convencional.
—Claro porque para eso está la realidad. Si vamos a copiarla tal cual es, no tiene sentido. Uno puede pensar en el hiperrealismo, pero tiene otro sentido. Tiene que haber una metáfora, tiene que haber algo que describa desde otro lugar.
—¿Vos creés que las artes visuales se construyen desde un lenguaje sensible que cuenta la experiencia humana o la tuya en particular?
—A través de la mía, la humana. El arte cuenta la experiencia humana y la actualidad del momento. Refleja el espíritu colectivo de la época, del momento que se trata. A todos nos va a tocar desde algún lugar, no sé desde dónde. Pero lo importante es no quedarnos con la primera imagen, en la superficie, en el mundo de los significantes. Hay que entrar, hay algo que siempre nos atrae: una mancha, un color, una curva.
—Así dichas las cosas lo tuyo es una búsqueda constante.
—Sí, y por eso no hago siempre lo mismo. Paso del grabado a la escultura, después a la cerámica. Siempre llevando mis personajes que dicen algo a otros lenguajes. Es una búsqueda constante pero que gira en torno a la idea de la cosmogonía: a los orígenes del universo, de nuestra propia existencia, de los vínculos familiares, sociales y de la amistad.
—Entonces estás entroncado con lo que es la sensibilidad antes que la racionalidad.
—Con la sensibilidad empiezo y la racionalidad me sirve para llevar un eje, para que la obra diga algo. Es para ordenar también pero sobre todo para que el que la vea se sienta identificado con algo y elabore, porque hoy en día la obra no está pensada para el simple goce estético o la contemplación sino que hay que trabajarla, buscarle un sentido. La obra tiene múltiples sentidos.
—¿Cuáles?
—Eso depende de la obra.
—¿Qué querés decir con que una obra tenga sentido?
—Que tiene un concepto posible.
—Entonces tu obra gira en torno a opiniones que se visualizan.
—Yo tengo una opinión que la puedo explicar y exponer pero es cierto que, como dice Eco, a la obra la concluye el espectador. Es decir que yo puedo explicar y exponer cuál fue mi intención pero a la obra la cierra después cada uno con su propia experiencia y su propia lectura. O puede pasar por adelante sin percibirla porque no le interesa. Ahora, si paso y me detengo en algo, me voy y vuelvo es porque me queda eso pendiente. Como dice Barthés: “Cuando la obra te punza, te incita, es porque algo hay, algo te provoca y te atrae”. Ahí comenzás a elaborar un sentido, un concepto y, de alguna manera, ya nos desprendemos de lo sensible y empezamos a elaborar conocimiento. Elaborar un concepto, una idea es cognitiva, de manera tal que elaboramos un conocimiento acerca de eso que estamos viendo.
El concepto intelectual
—Entonces para vos las artes visuales no son una cuestión esencialmente sensible sino también un proceso de conocimiento.
—Sí, porque hay proyectos e ideas, y eso habla de un concepto intelectual.
—No compartís el criterio de que el arte es una suerte de expulsión emocional de algo que está jorobando, como si fuera un vómito estético...
—No, yo no creo que hoy en día el pintor se ponga frente a la tela, con el material que sea y haga cualquier cosa. Creo que lo piensa, lo elabora. Está el cerebro en funcionamiento.
—¿Qué respuestas has obtenido por tu obra?
—La gente se acerca en todas las muestras, le interesa un lenguaje propio porque me dicen: “Nunca vi esto”. Me preguntan el porqué de determinadas cosas o me dicen: “Entiendo cosas de mi vida a partir de lo que estoy viendo”. Muchos me dicen esto y eso me reconforta.
—¿Dónde te formaste o sos autodidacta?
—Primero me formé en la Universidad Católica, en una carrera que no tiene nada que ver, Licenciatura en Cooperativas porque me interesa la educación cooperativa. Una de las reglas dentro del movimiento cooperativo es la educación de sus propios asociados. Después me formé en la Mantovani: Maestro en Artes Visuales, profesor de Nivel Medio, después hice el Superior en Grabado y postítulo en Teoría del Arte. También di seminarios en el Instituto 13 sobre artes plásticas.
Un mundo de conocimiento
—Tenés una sólida formación.
—Creo que ahí está el punto, y no mío sino que me refiero a cuando uno ingresa a un mundo de conocimiento, de libros, de acceso a palabras de otros y se van enriqueciendo las propias ideas. Toda esa información te da un sustento teórico porque uno puede hablar sobre su obra o sobre la de otro pero hoy un artista no puede decir: “Yo no sé decir lo que hago o no puedo hablar de mi obra”. Tenés que hablar de tu obra o de la de los otros.
—Es un proceso inteligente que permite la argumentación.
—Sí, y con respecto a las obras de los otros también, porque quizás una obra no me impacta totalmente pero vuelvo, hay algo pequeño que me atrae y que puede ser un punto de partida para obras mías.
—¿Cuáles son los proyectos a futuro?
—Ya tengo dos colecciones. Una trata sobre 16 fotografías basadas en obras anteriores en las que trabajé con la flexibilidad del color, cambié todo y se llama xicromática. En la otra, trabajé con papeles de colores, sumamente fuertes y potentes. Después les tomé fotografías y son postales. Creo que se va a llamar “Postales para mis amigos fantásticos”.
—Es decir que todos los materiales que están a tu alrededor te pueden servir.
—Sí, todo me sirve. Trabajé con madera, cerámica y últimamente exclusivamente con papel.
—Eso significa que no te sentís atado a ninguna férrea disciplina como “esto es pintura”, “esto es dibujo”, “esto es escultura”.
—No, porque se borraron los límites precisos en pintura. Se hace una mezcla. En todo material o técnica que pueda llevar mi idea y mis personajes...
—¿Por qué les llamás personajes?
—Porque son seres que representan, por así decirlo, a humanos o animales que están en contacto conmigo de modo tal que he tomado a animales de la zona como la liebre, el caballo, el yacaré y demás. Ahora, en última instancia, a mis mascotas.
—¿Pero los tomás y los reelaborás?
—Sí, porque se humanizan. Toman forma humana las manos, los gestos, las risas, las actitudes, las miradas. El perro es una anécdota, deja de serlo para transformarse en otra cosa, en un personaje. Ellos dicen lo que yo con la palabra no puedo llegar a decir, se atreven a cualquier cosa.
Espacio de libertad
—¿Para vos el arte es un espacio de libertad?
—Sí, de libertad absoluta, de juego. En ese tiempo de juego se rompe el tiempo real y entro en uno que es mío, de libertad absoluta, con sus reglas y límites. Me importa la libertad para crear.
—¿Te das la libertad para tomar aquello que te importa aun transgrediendo todo lo que te han dicho o sos un alumno aplicado que responde a lo que te han enseñado y de ahí no te salís?
—Busco la manera posible de llevar la impronta de lo que me propongo. Estoy muy atento a lo que me dicen y si estoy de acuerdo lo tomo, de lo contrario, sigo de otra manera.
—Si vos tuvieras que definir entre la imagen y la palabra, ¿cuál creerías que es más importante?
—Se vinculan porque la imagen es palabra resignificada retóricamente. Te digo con una imagen lo que no te digo en palabras, en un lenguaje figurado. Estoy haciendo un poco más difícil el decir.
—Estás usando la metáfora para obligar al que mira a trabajar...
—La metáfora, la metonimia, todo lo que sea retórico, que haga pensar. No le doy directamente lo obvio.
—¿Te hace feliz está actividad?
—Sí, me hace feliz el reconocimiento de la gente, contar con espacios que me dan la posibilidad de exponer y para hacer lo que creo que tengo que hacer. Es lo mío y voy a seguir en esta huella.

Tríptico/episodios eróticos resignificados en el inconsciente argentino. 1º panel. Fotografía. 2010.

Lagartos I. Grabado relieve color 2003

Qué lío, lío cosa golda. Entre apretujones, enredos y toqueteos: rosa un beso o viceversa un beso rosa. Fotografía. 2001. Fotos: Gentileza producción

Primer nacimiento. Grabado.2004.

Tortuga I. 2004.

El artista y sus obras.

Juego de jarras antropo-animal: custodias redentoras de otros géneros. Esmaltado policromático. 2010.