Los problemas de la educación en la Argentina (X)

La organización de la educación primaria y secundaria

Dr. Alberto Cassano

La fe es el verdadero heroísmo del intelecto. Charles H. Parkhurst.

Antes de abordar la educación superior, interrumpiré un poco esta serie para comentar algunos problemas de actualidad. Pero deseo concluir esta primera sección con lo que prometí inicialmente.

La organización de la enseñanza es uno de los problemas más graves y más difíciles de resolver por dos motivos: (1) implica un esfuerzo presupuestario muy importante, lo que torna inevitable la intervención del Estado Nacional, y (2) porque implica cambios profundos en el régimen escolar de horarios y formas de trabajo que no serían fácilmente implementados y/o aceptados. Es posible que con este artículo no me esté ganando muchos amigos.

Mi propuesta implica, en primer lugar, la doble escolaridad en todos los niveles. Los escolares o estudiantes deberían trabajar de 8:00 de la mañana a 17:00 con una interrupción de una hora para almorzar. Y cuando regresan a su casa no lo deben hacer para estudiar, sino para investigar (cada uno en su nivel) sobre lo aprendido ese día y regresar al día siguiente con no más de cuatro o cinco carillas escritas en total, transmitiendo cómo interpretaron críticamente (y si es con ideas creativas propias, mejor aún) lo asimilado durante el día. El estudio guiado cuando es necesario -terminando con el negocio de las academias privadas- se debe hacer en la escuela o en el colegio. El establecimiento puede ser bilingüe o no. Lo importante es que al cumplir diecisiete o dieciocho años, los jóvenes hablen correctamente, como mínimo, dos idiomas extranjeros (necesariamente, nos guste o no, uno de ellos deberá ser el Inglés) y obviamente sepan entender lo que lean en Español. Estos horarios enunciados, incluyen actividades deportivas, artísticas y sobre todo mucho trabajo en equipo. Si hacen bien las cosas, el sábado y domingo lo deberían poder dedicar al ocio recreativo en la forma que más les guste.

Independientemente de las elecciones deportivas o artísticas que se hayan optado, ¿todos harían lo mismo todo el tiempo? No. En ciertos horarios, algunos trabajarían en tareas especiales propias de su grado de avance en el estudio. Pero muchos otros recibirían apoyo adicional -casi personalizado- para cubrir sus deficiencias en el aprendizaje detectadas por sus maestros y profesores durante el día y terminar con las exclusiones involuntarias. Y además, los alumnos con dificultades, en forma gratuita, recibirían, durante el mes de febrero de cada año, todo el apoyo que necesiten para no quedar rezagados.

Para esto se necesita: (i) personal idóneo, (ii) aulas y gabinetes de trabajo, (iii) comedor y/o cantina, (iv) internet y (v) buenas bibliotecas.

En segundo, lugar maestros y profesores pasarían a ser agentes con dedicación horaria exclusiva de ocho horas de lunes a viernes, desempeñadas en un único establecimiento. Y no tendrían que dedicar en sus hogares tiempo para preparar sus clases o corregir cuadernos, carpetas o pruebas. Todo esto se llevaría a cabo dentro del horario de ocho horas diarias laborales. ¿Deberían estar ocho horas frente a una clase? En absoluto. Cuatro horas (doscientos cuarenta minutos) en un día ya es una exageración. El tiempo remanente, la escuela o colegio podría recurrir a sus servicios para todo el resto de las actividades que una doble escolaridad implica, más los tiempos que ellos necesitan seguramente para preparar adecuadamente sus actividades del día subsiguiente o llevar a cabo las imprescindibles tareas de corrección, que con un régimen como el propuesto, deberían ser mucho más reducidas. Y los profesores, dejarían de correr de un establecimiento al otro con sus desperdigadas horas de cátedra, a cambio de cumplir rigurosamente sus ocho horas laborales por día (a veces se gana, a veces se pierde y todo el mundo sabe a lo que me refiero).

¿Qué significarían para los maestros y profesores estos cambios? Primero, obviamente una buena retribución. Pero en segundo lugar, trabajar desde el primero de febrero al veinte de diciembre (día en que también darían por cumplidas sus tareas de cualquier índole, salvo alguna circunstancia de excepción claramente justificada), ocho horas diarias, los días hábiles, casi como cualquier otro trabajador, menos las dos semanas de receso invernal. El mes de enero, sería de vacaciones totales intocables. Pero febrero es un mes laboral más, mayoritariamente destinado a la actualización, la capacitación y asistencia a alumnos con dificultades. ¿Cuántos días de ‘vacaciones’ tendrían? Además de los ya abundantes feriados, más los fines de semana largos supuestamente para promover el turismo, dispondrían de cincuenta y cinco días completamente libres. No es poco.

Ciertamente, en un espacio así reducido, no se puede entrar en muchos mayores detalles. Pero una pregunta acertada y bien intencionada podría ser: ¿Qué hace un/a profesor/a de filosofía (o alguna otra disciplina parecida) cuarenta horas por semana? No les quepa la menor duda que un buen directivo de escuela o colegio encontrará una plenitud de tareas para personas procedentes de áreas de esta naturaleza si es que las ha sabido seleccionar adecuadamente y ha puesto ciertas condiciones particulares en el concurso respectivo. En más de una ocasión, podrían llegar a ser personas claves en el funcionamiento institucional y grupal y con un nivel de ocupación hoy impensado. No existen disciplinas útiles o inútiles. En todo caso, existirán maestros o profesores capaces o incapaces, que es otra cosa.

Y para concluir, unas pocas palabras acerca de los contenidos. Una disciplina es formativa y ayuda a la estructuración mental de los chicos, dependiendo de la orientación que se le sé. En ese sentido, no hay diferencias entre matemática y filosofía. Es cierto que con menor esfuerzo personal por la falta de buen material didáctico, un profesor de física, matemática, informática o química para poner algunos ejemplos, podrá transformar más fácilmente los contenidos en herramientas para desarrollar el pensamiento creativo y el pensamiento crítico si se lo propone. Pero se puede lograr lo mismo con algo más de búsqueda e imaginación cuando se enseña historia, geografía o para dar otros ejemplos biología, ambiente, lengua o literatura; y ni qué decir aquellos que pretendan, también, enseñar seria y rigurosamente religión, inclusive los aspectos más dogmáticos. Es cuestión de proponérselo.

¿Y el ejercicio de la memoria? También es necesario; las bibliotecas están plagadas de libros de excelentes poesías que serán un excelente método para desarrollarla.

El camino es largo y pesado, pero quedándonos sin cambiar, cada vez estaremos un poco peor que ahora. ¿Es eso lo que queremos? Yo no; aunque tal vez, a esta altura, sólo sean objetivos para todos aquellos más jóvenes que tienen fe en el esfuerzo humano y la cultura del trabajo.

La organización de la educación  primaria y secundaria