Colón cumple hoy 107 años de vida...

Hay una historia que fundamenta el deseo de un futuro a lo grande

Hay una historia que fundamenta el deseo de un futuro a lo grande

El mítico Cementerio de los Elefantes. Levantado en pleno corazón del barrio Centenario, supo de momentos fatídicos con las inundaciones. Sin embargo, como el club mismo, se levantó y hoy es un orgullo para todos los colonistas. Un estadio con capacidad para 40.000 personas, en el que alguna vez perdió el “Rey” Pelé y su famoso Santos. Foto: El Litoral

 

Los tiempos que se viven son de consolidación institucional y gran crecimiento; falta lo que todos sueñan: un logro deportivo que se convierta en la frutilla del postre.

 

Enrique Cruz (h)

De sueños e ilusiones está hecha la vida. Pero es muy probable que ese pequeño grupo de amigos que decidió fundar Colón hace ya 107 años no tenían la más remota idea de la trascendencia histórica que iba a tener ese hecho que se asemejaba a una travesura juvenil más que a un proyecto ambicioso y capaz de nuclear tanta pasión y sentimiento a través del tiempo.

Esos sueños e ilusiones probablemente inexistentes en aquellos mentores de 1905, se fueron acunando a través del tiempo en los que luego iniciaron el camino del crecimiento. En don Francisco Ghiano, a quien se le ocurrió llevar la cancha al actual emplazamiento en el corazón del barrio Centenario allá por la década del ‘40; en Ítalo Giménez, que se largó a la aventura de conseguir el ascenso a Primera en 1965, no sin antes concretar dos partidos clave en la historia sabalera: jugar ante el Santos y frente a la Selección argentina; y años más tarde derrotar al jerarquizado Peñarol de Montevideo.

Llegaron luego aquellos equipos inolvidables de la década del ‘70, los jugadores que dejaron su sello distintivo (el Negro Baley, Cococho Álvarez, Carlitos López, Poroto Saldaño, la Chiva Di Meola, Huguito Villarruel, la dupla Villaverde-Trossero, el Bambi Aráoz, Edgar Fernández, la “Yegua” Coscia, Pedro Pablo Pasculli, Ricardo Aniceto Roldán y tantos otros de imperdonable omisión), antes de dar paso a los años de tristezas y frustraciones de la década del ‘80 que terminaron con ese equipo que José Vignatti armó en 1995 de la mano del uruguayo Nelson Chabay para volver a la máxima categoría.

Pero Colón encontró también un crecimiento institucional envidiable para el resto de los clubes de este país. Desde ese 1995 a esta altura, Colón experimentó una transformación sin precedentes. Basta con mirar el estadio, el magnífico predio y el hotel. Pero además, la administración de Germán Lerche iniciada en 2006 posibilitó también que llegara la Selección argentina después de más de dos décadas y que se jugara por primera vez en la historia una copa internacional, con la presencia de Lionel Messi —hoy el mejor jugador del mundo y admirado por todos— en dos oportunidades.

La búsqueda de la gloria

Sin dudas, todo Colón persigue obstinadamente la búsqueda del título de campeón por primera vez en su historia. Lo ve cerca, máxime cuando mira alrededor y observa que instituciones como Lanús, Banfield, Arsenal (con la Copa Sudamericana) y Argentinos Juniors, se han dado el gusto, en los últimos tiempos, de conseguir el preciado logro.

Es muy cierta la visión que hace el mismo Lerche de esta situación. Una cosa es ser campeón como lo fue Banfield, que un par de años después de aquella conquista está en una posición amenazante y crítica en la tabla de promedios, que llegar al logro en un momento de solidez institucional y deportiva.

Uno no tiene la varita mágica para saber cuándo saldrá campeón Colón y, en definitiva, si alguna vez lo consigue. Pero hay que admitir que el club se lanzó, desde hace unos años, a otorgarle un rol clave al trabajo de divisiones inferiores, quizás como nunca se dio en la institución. Y como ejemplo demostrativo, hay que señalar que en 2011 hubo ocho jugadores que integraron distintas selecciones juveniles: Gabriel Graciani, Lucas Mugni, Carlos Martín Luque, Emanuel Casado, Andrés Mehring, Ignacio Chicco, Alexis Rodena y Mauro Marconatto; y que debieron pasar 30 años para que un jugador surgido de las inferiores juegue en un Mundial juvenil (Luque, el año pasado en Colombia).

Pero además, hay que mencionar a Comachi, a Alario, a Callejo, a Castillo, a Poblete, a Marcos Fernández, al mismo Marcos Díaz (arquero surgido de las inferiores), a Bailo, a Ismael Quilez y a otros que vienen dando pelea y buscando su lugar dentro del plantel profesional, que está integrado ya en su mayoría por jugadores que pertenecen a la institución.

No todo termina allí: 56 clubes del interior del país adheridos al programa Crecer Juntos, por el cual Colón brinda logística y vidriera para aquellos que se destacan; más de 4.600 chicos en otro de los programas (Colón en tu Barrio) y un destacado equipo de detección de talentos (así surgieron Prediger, Luque y Bertoglio), con chicos que llegaron del interior de Santa Fe, de Córdoba, Entre Ríos, Formosa, Chaco, La Pampa, Corrientes, Santiago del Estero y Buenos Aires, producto de cientos de pruebas y selectivos.

A veces, el camino más largo es el mejor

“Vencer” es para muchos, pero “convencer” es para pocos. La frase —o la idea— no me pertenece. La explicó Ariel Scher, hace poco, en una hermosa referencia que hizo de Pep Guardiola, de todo lo que consiguió en Barcelona pero no hablando de los títulos, sino de la idea futbolística que llevó a ese equipo a convertirse en el mejor del mundo y seguramente en inolvidable.

El deseo de todo Colón es ser campeón por primera vez; no descubro nada raro al decirlo. Muchos cambiarían todo ese crecimiento por un título, quizás sin entender que la gloria es efímera y que si no hay un basamento firme, sólido y sustentable en el tiempo, se puede caer en la trampa de tantos equipos que hoy pugnan en este difícil y competitivo fútbol argentino por quedarse en Primera y muchos grandes por ascender (River, Central, Gimnasia, Huracán, etcétera).

Colón está dentro de los diez mejores equipos de una de las ligas más importantes del mundo. Ha tenido momentáneos protagonismos que no llegaron a sostenerse en el tiempo con los resultados, pero la idea está clara. Alguna vez, Rubén Rossi dijo que un proyecto de inferiores dura 8 años y ésta es una idea coincidente con la de un hombre que se entregó a este tipo de trabajos: Jorge Griffa.

Nadie puede asegurar que Colón salga campeón cuando tenga un equipo integrado por jugadores del club, pero esa “fábrica” que durante tanto tiempo estuvo descuidada, hoy se transforma —no sólo para Colón sino para todos los clubes del fútbol argentino— en una fuente absolutamente necesaria e imprescindible para la formación de un plantel competitivo y que no se convierta en oneroso para las arcas del club.

A veces, el camino más largo es el mejor, ocurre que no siempre se elige. Requiere paciencia, fortaleza y creer en que lo que se hace es correcto. No es la única receta del éxito, hay otras; pero es la que parece guiar el recorrido de este Colón erguido institucionalmente y soñador en lo deportivo.


El hincha, protagonista eterno

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Ayer, hoy y siempre. Los hinchas sabaleros en esa peregrinación que no sabe de fríos, lluvias, calores o distancias. Las calles de la ciudad se colmaron siempre de esa pasión sabalera nacida allá hace tiempo y que seguramente se convierte en inacabable. Fotos: Archivo El Litoral y Flavio Raina


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Los que convirtieron a Colón en internacional en la primera Libertadores.

Foto: Freddy Heer

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Los campeones de 1965. Foto: Archivo El Litoral