Eruca Sativa: Electroacústico
Canciones desnudas en tracción a sangre
Eruca Sativa: Electroacústico
Canciones desnudas en tracción a sangre
Ignacio Andrés Amarillo
Una de las cosas que pasa en los shows de Eruca Sativa es que los presentes salen con la idea de que así deben ser los recitales de rock. El power trío fundado en Córdoba despliega una energía incombustible, basada en una química única entre sus integrantes y una empatía especial con el público.
Así que era todo un desafío aceptar la propuesta del productor José “Chengo” Altamirano: bajar los watts a la propuesta y demostrar que la energía está en el faz humana, y que las canciones resisten las adaptaciones, en lo que se convirtió en el primer show electroacústico del grupo, el jueves pasado.
Con cierta curiosa puntualidad para un concierto de rock, a las 21.20 el público ya estaba perfectamente instalado en las butacas del Centro Cultural Provincial, esperando. Sobre el escenario, frente al telón cerrado, había dos taburetes de diseño, al estilo retrofuturista de Los Supersónicos, y un butacón de dos cuerpos, rodeados de guitarras y un primoroso bajo acústico de cinco cuerdas.
Minimalismo
A través de los pasillos de la sala ingresaron los músicos, en la misma gama cromática: por la izquierda entraron Brenda Martin (ropa oscura y saco rojo) y Gabriel Pedernera (todo de negro, con su cresta mohawk coloreada como una bandera sandinista); por la derecha se abrió paso Lula Bertoldi, toda de negro, con su habitual chalequito rojo por encima.
Brenda y Gaby empuñaron sendas guitarras acústicas y Lula su Fender Telecaster, para una viajera versión de “Mi apuesta”, entre acordes muteados y armónicos, y dibujos de la eléctrica. En esa línea, apuntó la versión de “Foco”, con buen ensamble entre las guitarras, y un breve y poderoso solo de Bertoldi (del que salió cantando sobre una línea melódica de guitarra).
Luego llegaría “Mi canción”, en la que empezaron a demostrar la aceitada groove machine que conforman, aunque la instrumentación no sea la habitual: esa seducción de los momentos sincopados, con ciertos aires de chacarera hacia el final.
Conexiones
Después de una pequeña canción con aires spinetteanos, a cargo de la vocalista sunchalense en soledad, vinieron las mutuas presentaciones, y comenzó a surgir el humor habitual del grupo. “Estamos contentos de estar acá, no nos sentimos para nada incómodos, pensábamos que nos íbamos a sentir desnudos con tan poco volumen”, comentó la vocalista. “Paraíso en retro” llegó como demostración del poder en la versión acotada.
“Cada canción es una foto de un momento, cada disco es un video. Plasma un momento, una emoción. Por eso, siempre es tratar de revivir en vivo ese sentimiento: creo que ésa es la parte más difícil de nuestro trabajo, poder representar cada vez ese sentimiento que nos llevó a escribir esa canción”, aportó Bertoldi. “Como volver a conectarse con ella”, dijo Martin. “Cada canción se lleva un pedacito de esa emoción”, respondió su compañera”. “Y ella no quería enmudecer”, aportó la bajista antes de introducirse justamente a Enmudecer, ya al frente de su bajo acústico, en el desplegó sutiles melodías, tan sutiles como el modo en que Bertoldi desplegó la letra y el solo a lo Clapton, antes de seguir con una bella versión de “Cuánto costará”.
En pleno
Finalmente, el telón se abrió y reveló una batería mínima, sin toms, y un set de percusión hecho justamente con esos cuerpos de la batería. “¿Qué pasa que se emocionaron tanto”, preguntó Lula, quien encaró “Lo que ves no es” con sus dos compañeros en una percusión tribal, o a lo Choque Urbano.
Ya con Gabriel en la batería y Lula en la acústica, el show tomó una forma más habitual, aunque adaptada a los instrumentos: Pedernera sin escatimar fills en su escueto set, Martin construyendo complejas bases (pero privada de su clásico slapping-popping) y Bertoldi volando en solos vistosos, menos “mentirosos” por la falta de distorsión (aunque sin escatimar el uso de algún efecto). Así pasó “Cada cosa a cada cual”, “No pueden” (con el paso de hip hop de Gabriel) y “Una vida”.
Rodrigo “Negro” González fue el gustoso invitado para interpretar “Blanco”, antes de un “¿nos vamos a casa?”. “Ahora se abre otro telón y sale un coro gospel”, bromeó el baterista, para pasar a “Tu trampa” (con una destacada Martin), y “Para que sigamos siendo” (con una intro que sería del gusto de Robert Fripp). “Un aplauso para Lula Bertoldi en voz, en guitarra y en vino”, dijo Gabriel mientras su compañera sorbía de una copa.
Descarga
El comienzo de la despedida llegó con la potente “Para nadie”. “Siempre tocamos en esos lugares donde va la gente joven, y no se puede hablar”, dijo Brenda. “En bajo, la señorita Mirtha Legrand”, bromeó Gaby. La fuerza más “tradicional” siguió con “Desatalo” y “Magoo”, donde una cita al “Fanky” de Charly García abrió la descarga grupal.
¡Una más y no jodemos más!, gritó el público entre aplausos, ante el saludo de la banda. Ahí se desató la furia: Lula en la Telecaster y Brenda en un flamante bajo de luthería, disparando slapping-poppings en un duelo con la zapada vocal de Bertoldi (luego de bramar “hasta donde puedo llegar”), con una tremenda labor de Pedernera sacando todo el provecho a sus pocos cascos y platos y un solo de guitarra más rítmico que melódico.
Ahí sí, vino la despedida final, con reverencia teatral al frente, mientras los asistentes comenzaban a buscar las caras de los amigos para buscar el asentimiento: los seguidores del grupo demostrando satisfacción, y los que fueron por primera vez, su grata sorpresa. De allí, solo quedaba buscar la mesa amigable de un bar para seguir hablando sobre cómo deben ser los conciertos de rock.

Brenda Martin, en bajo y coros; Gabriel Pedernera, en batería y coros, y Lula Bertoldi, en guitarras y voces, una fórmula única en una versión destilada.
Foto: Flavio Raina