Ignacio Andrés Amarillo
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Si hay una palabra que podría definir a Pedro Aznar es “perfección”. La misma que aplica en su modo de tocar y cantar, incluso de silbar, la exige a su banda y a su equipo técnico, pero especialmente a su stage crew. Exagerando, uno podría decir que un músico simplemente correcto podría tocar con él, pero para ser su asistente hay que ser un ninja diplomado de pies silenciosos.
Así, logra sumar unos músicos ajustadísimos (sin demasiados despliegues solistas), una calidad sonora destacada y sí, el acto de magia de que se apague dos segundos la luz y reaparezcan solista y músicos con otros instrumentos en las manos.
Con “Quebrado”, “Quebrado Vivo” y “A solas con el mundo”, y los shows con los que los gestó y los presentó (sus últimos tres o cuatro años de carrera, por no remontarnos a “Mudras” y más allá) Aznar demostró que tal vez sea uno de los mejores intérpretes de la escena nacional (valga también si se quiere su tributo a Spinetta en la Feria del Libro). Por eso, “Ahora” y su presentación en vivo implicaban un desafío: nuevas canciones de propia autoría para un público habituado a cierto repertorio, incluso variando varios de sus clásicos. Pero el artista estuvo a la altura del desafío, y las ovaciones del caso fueron muy bien ganadas.
Apertura
“Panteras de polvo”, primer tema de “Ahora”, fue el encargado de abrir el show (y el telón). Un tema con mucho groove, de esos que Aznar crea pensando como bajista; seguido de “Par”, el segundo de la placa, con algunas melodías de Manuel “Coqui” Rodríguez en la guitarra eléctrica.
“¿No escucháis la voz? Qué sensibles sois”, bromeó con acento castizo ante el reclamo de unos espectadores, antes de pasar a “Los días más cortos del año”, antes de regresar al pasado con “Cucamonga dance”, coescrita con Charly García, y “Ella se perdió”.
“Qué linda noche de estreno: la última vez fue en La Redonda y fue una fiesta, y hoy va a ser otra, vamos a tocar el disco nuevo en su integridad junto con algunas viejas. A ver si se acuerda de esta”: era “Mientes”, otra junto a García en “Tango 4” , con un gran solo de bajo.
Ahora y antes
Apagón y aparece el piano para tocar “Rencor”, otra de las nuevas con el tecladista Hernán Jacinto pasando al bajo, una pequeña canción de desamor, y la sencilla y mántrica “Quiero decirte que sí”, con el solista en la guitarra acústica y un pequeño solo vocal.
De ahí a la potente base electrónica de “Ruina sobre ruinas”, con paredes de guitarras, y algo orientalista en las teclas de Jacinto: tal vez una de las mejores canciones del disco.
Corte y Aznar con su guitarrita, solo al frente de la pequeñísima y dulce “Pensaba en vos”, otra de las mejores de “Ahora”, sin duda. De ahí al piano, banda y “Nocturno suburbano”, uno de sus celebrados clásicos, con otro solo de Rodríguez para el cierre. Guitarra acústica de 12 cuerdas para encarar “Lisa”, del “Amor amarillo” de Gustavo Cerati: acordes con línea de bajos marcados y un solo de sus proverbiales agudos vocales.
La oscura “Terrores nocturnos” lo devolvió a la nueva placa, con Jacinto y el percusionista Alejandro Oliva en machacantes tambores.
Piano y cuerdas del tecladista para la bella “Un solo jazmín”, que se encadenó con “Ya no hay forma de pedir perdón”, que el artista cedió a las gargantas de los presentes (“¿Cómo lograr que aún me quieras? ¿Cómo lograr que quieras escuchar?...”, en uno de los momentos de mayor comunión con el público.
Canciones quebradas
Con guitarra en mano y vuelta de la banda, arribó “Jealous Guy” de John Lennon, con tintes lenonnianos en la voz (ese “insecure” nasal...) y la melodía silbada, y “Credulidad”, de Luis Alberto Spinetta, otra vez con lucimiento de la voz, que Aznar controla como su principal instrumento. De allí siguió a terreno conocido con “Vos sos mi amor” y a las canciones de “Quebrado”: “Fugu” “Quebrado” “Los perros del amanecer”, “Lina de luto” (gran trabajo de Oliva, apoyado en el siempre correcto aporte de Julián Semprini en la batería, y lucimiento de Jacinto en su única interpretación pianística).
Nota eterna
“Vamos a hacer ahora la canción que le da título al nuevo disco: es una canción muy especial, porque contiene tal vez la nota más larga que toqué en mi vida. La letra invita a estar absolutamente presentes en este momento, en el ahora. Los quiero invitar a que escuchemos esa nota hasta que muera absolutamente por completo. A mí me pasa que cuanto escucho el disco y llega esa nota se genera una especie de magia y empiezo a escuchar los ruidos de alrededor, escuchar el silencio, los latidos de mi corazón”, contó Pedro antes de ingresar en el tema susodicho. Y sí, hay beat electrónico, bajo grooveado, guitarras funkies, vocalización hiphopera y sí, la larga nota del bajo al final.
Cierre
La despedida incluyó el reconocimiento a la larga lista de silenciosos factótums del show. Despedida mentirosa, ya que todos los músicos volvieron con instrumentos de cuerda acústicos para sentarse (como otras veces) al borde del escenario, con Aznar cantando a voz en cuello (también algo de mentirita: dos micrófonos ambientales reforzaban el volumen, escaso para la sala). Así arremetieron con “Hydra”, otra de las nuevas, hasta que encabezados por Oliva (que hizo la transición en la percusión) pasaron a la formación normal para así terminar la canción.
“¡Te amo!”, gritó una voz de hombre. “¡Te quiero!”, respondió una mujer. “¡Serú!”, pidió alguien. En vez de eso, comenzó a sonar el colchón de cuerdas que sostiene “Cuando el amor”, el sutil tema que cierra el disco, y cerró también el telón. Así nomás, así como se abrió casi dos horas antes. Así como viene y se va la vida.