LA VIDA EN PRISIÓN
Cuando las rejas se convierten en barras de papel
Editan una revista y proyectan la realización de una película. Los presos de Las Flores y un desafío: convertir las horas muertas en vida pura.
LA VIDA EN PRISIÓN
Cuando las rejas se convierten en barras de papel
Editan una revista y proyectan la realización de una película. Los presos de Las Flores y un desafío: convertir las horas muertas en vida pura.

“La revista intenta condensar un recorrido literario-gráfico que es el resultado de un trabajo de diseño y escritura realizado en conjunto entre integrantes del taller y coordinadores”.
Foto: MAURICIO GARÍN
Natalia Pandolfo
“La rebeldía que vive en mi alma no me deja que sea parte de lo que dicen. Aunque vivo en la casa de las sombras, mi alma destella una luz cegadora. Aunque aquí viven los silencios, no puedo dejar de gritar mis ausencias y de crear realidades. Vivo libre, aunque me den migajas y en una jaula vivo, deleitándome de los manjares de la libertad de mis ideales”.
Mario Valentino es uno de los que se animaron a alzar su voz, en esos pasillos en que los silencios aturden. Hubo otros, muchos más, que también decidieron empuñar la pluma. El número 3 de la revista Lado B. Bitácora del Encierro fue presentado el martes pasado, en el aula Alberdi de la Facultad de Derecho de la UNL, hasta donde se llegaron tres de los internos, para contar el detrás de escena de la publicación.
Al pie de la escalinata por la que cada día desfilan miles de chicos con carpetas, de un móvil del Servicio Penitenciario bajaron Emilio Vázquez y dos compañeros, llevando con ellos las voces de los otros, los que quedaron allá pero también estaban, con sus palabras escritas, de este lado.
Quebrar las penumbras
La idea surgió en 2007, en el marco del proyecto “Prácticas artísticas en contextos de encierro”, de la Universidad Nacional del Litoral. De un lado, estaban los presos; del otro, un grupo de voluntarios provenientes de distintas disciplinas del arte. Las palabras, la creatividad, la necesidad de trascender el plano de lo real para generar nuevos mundos posibles, hicieron el resto. En ese nuevo espacio, la lectura y escritura fueron entrelazándose con otras prácticas artísticas. El resultado: un “quiebre de penumbras”, como ellos mismos definen en una de las secciones.
En la presentación oficial estuvieron Leticia Gerhauser, jefa de redacción de Lado B; el decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Dr. José Manuel Benvenutti y el interno Emilio Vázquez. La primera habló de las características del proyecto y de cómo se fue conformando. “El objetivo es contribuir a generar espacios de posibilidades, que no tengan que ver con la imposición del saber, sino con proporcionar herramientas para que las personas puedan reproducir sus propias culturas”, explicó.
El académico expresó su satisfacción sobre la posibilidad de que el proyecto surja y nazca en el marco de la Universidad. “Las cárceles deben ser sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de las personas que están en ellas”, citó el artículo 18 de la Constitución.
Y el interno pronunció infinitas veces la palabra “gracias”. “Ustedes no tienen idea de lo que significa esto para nosotros”, repitió hasta el cansancio. “Muchos, diría que el 90 por ciento, no tuvieron roce con la Universidad. Yo nunca tuve la posibilidad de estudiar, y la encontré estando en la cárcel. Me encontré con programas, con becas, con una puerta enorme que se abrió para mí. En un ámbito en el que se fortalece el arte y la educación, las personas encuentran la posibilidad de ser mejores, quizá por primera vez en su vida”, concluyó. A su alrededor, el silencio era absoluto.
Detrás de las palabras
El equipo de redacción está formado por Leticia Gerhauser, Mario Valentino, Ariel Faulkner, Emilio Vázquez, José Dávila, Mauricio Rodríguez, César Miranda, Saúl Coria, Sergio Ceferino Vicino, Germán Quintana, Matías Gutiérrez, Ariel González, Cristian Sandoval, Luis Rodríguez, Ricardo Saya y Rodrigo Lescano. Corrección: Leticia Gerhauser, Aníbal Chicco Ruiz, Darío Aguirre y Alejandra Caballero Rojas. Edición: Leticia Gerhauser. Coordinación en diseño: Virginia Borgarello. Asistencia en diseño y coordinación en ilustración: Mariano Gómez. Ilustración: José Dávila, César Miranda y Mariano Gómez. Ilustradores invitados: Nicolás Rosenfeld, Edisto Martín Hernández, Lucas Colombetti, Esteban Corva y Lali Martínez Spaggiari. Fotografía: Virginia Borgarello, Valentina Cortese, Betania Cappato y Ariel Faulkner. Colaboración: Jorge Tavecchio, Axel Romero, Juan Mitjana, Jesion Navarrete, Luis Casetti, Orlando Benítez, Jorge Mendoza, Nicolás Rópulo, Oscar Maldonado, Pablo Romani, Ángel Uriel Vega , Misael Suárez y Cristian Sandoval. Participación especial: Augusto Montero, Bernardo Gueseloff, Cinema La Calor, Natalia Maximino, Betania Cappato, Valentina Cortese, Juan Ferreira Castro, Lautaro Martínez, Manuel Martínez Opazo, Felicitas Cersofio, Paula Yoice y Manuel Quiñones.
El pueblo amurallado
El cuento, de Emilio Vázquez, nace en 2009. Aborda la historia de un muchacho privado de la libertad. Habla de las visitas que recibe, de lo que pesa la condena, de las presencias que contienen y las ausencias que se sufren.
El relato fue trasladado al formato historieta en la segunda edición de la revista, en 2010. A principios del año pasado, se realizó una adaptación a guión cinematográfico. Esta instancia está siendo coordinada por especialistas provenientes del campo del cine y otras disciplinas del arte. Actualmente el grupo se encuentra en la etapa de rodaje; el estreno se prevé para diciembre de este año.
“La voz del protagonista, ‘Pelado’, construye en imágenes ese escenario único que representa la cárcel de Las Flores, en el cual coexisten personajes fantásticos y verídicos. La muerte de su amigo le despierta un incontrolable deseo de quitarse la vida. ‘Pelado’ enfrenta diversas vivencias, que le posibilitarán hacer una lectura trascendental de su experiencia. El filme recupera los códigos de la cultura carcelaria, estableciendo un juego done los límites entre realidad y ficción se encuentran difuminados”, adelanta la sinopsis.
“Escribí esta historia porque nunca podré ser lo suficientemente guapo para expresar verbalmente cosas que al hombre duro lo ablandan, porque nunca voy a estar adecuadamente encajado en el sistema y en el itinerario de las buenas personas -cuenta el autor-. Fundamentalmente porque la historia de ‘Pelado’ se dibujó en el papel como una opción personal y universal que demanda la ruptura de rutinas opresoras del contexto carcelario, por la ausencia, por la necesidad, que se deben manejar bien si no se quiere caer en la autodestrucción o la locura. Son los ruidos, repetidos una y otra vez a diario, de este entorno que me atormenta. Porque mis leales se han ido y me olvidaron rápido. Escribí ‘El pueblo amurallado’ porque me faltan varios contactos y roces sociales para que me contrate Alfaguara. Porque en la escritura o la música, encuentro vida más allá de la vida enmohecida por las sombras; antídoto necesario para vivir (todavía) el encierro en una sociedad donde arrendarse es la opción menos mala entre venderse y renunciar”.