Pedazo grande y feliz de la historia sabalera: los gestores del primer ascenso...

La amistad y la gloria los mantiene unidos

Parte del equipo campeón en 1965 se reunió para festejar el cumpleaños de Jorge Omar Sanitá. Una noche de muchos recuerdos, anécdotas y emociones, a 47 años de la epopeya.

La amistad y la gloria los mantiene unidos

Julián Andrés Monzón

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Fueron los primeros en inscribir sus nombres en el libro de los grandes logros deportivos de Colón. Son los campeones de 1965, que le dieron el ascenso a la institución por primera vez en su historia. Algunos retirados por completo de la actividad, otros relacionados desde otros ámbitos a Colón o al fútbol en general, se autodenominan amigos de la vida, porque el destino quiso que integraran un mismo plantel sin darse cuenta en ese momento que comenzarían a construir algo mucho mas grande. Aunque, para ellos, la amistad es lo más importante que les quedó, sin lugar a dudas que el resto del pueblo sabalero los recordará como los primeros campeones de la historia del club.

El homenajeado

—¿Cuántos años Jorge?

— 72

—¿Bastante no?

—Sí, pero si puedo llegar a los 102 voy a intentarlo (risas).

Así arrancó la charla de El Litoral, testigo de un hecho que merece este recuerdo para el hombre que durante tantos años se transformó en un caudillo irreprochable en Colón: Jorge Omar Sanitá.

—Entre amigos y ex compañeros ¿muchos recuerdos?

—Sí, estoy con gente que hacía mucho tiempo que no los veía. Grandes compañeros, buenos amigos, buenos jugadores con lo que tuvimos la suerte de formar un buen equipo y llevarlo a Colón bien arriba. Y tenemos unas cuantas anécdotas que contar.

—Por lo que escuchamos en la mesa, hay para rato para contar. ¿Alguna que recuerdes?

—Por ejemplo, yo fui el único que jugué los 44 partidos del torneo. El Pulga Ríos no pudo jugar todos, porque antes de empezar el torneo tuvo un problemita con el pase y no pudo arrancar. Teníamos un plantel muy reducido. Después se permitió la conformación de un banco de suplentes y hacer cambios. Todo eso hace que a todos estos muchachos yo los tenga en mi corazón, porque son personas que nunca nos hemos fallado entre nosotros. Esto no es para sólo una noche, porque no nos alcanza. Porque incluso acá surgen ideas, somos gente que hemos trabajado en fútbol y tenemos la posibilidad que nos ayudemos.

—¿Hoy que hacés?

—Estoy jubilado. No pude seguir trabajando porque tuve un problema muy serio en la columna. En un hotel me caí de una escalera. Me tuvieron que operar de la cadera y gracias a Carlos Rezek, que fue médico de Colón y somos amigos, me pude recuperar y la verdad que mejor de lo que estoy ahora es imposible.

—Según me dijeron, te iban a traer medio engañado ¿Fue así?

—Sí, un poco fue así, pero José (De Sanctis) no es de los amigos que no se achican.

El anfitrión

José Luis De Sanctis, fue el mentor de esta reunión y eligió su casa para llevar a cabo el festejo.

—Linda idea José de organizarle el cumpleaños a Jorge...

—La satisfacción que tengo de encontrarme con todos estos ídolos del fútbol y en mi casa me llena de alegría. Realmente estoy muy emocionado.

—Te salió redondo, porque cuando empezaste a convocar te diste cuenta que jugaba Colón y era la excusa perfecta...

—Claro, así fue. Pero la verdad que la alegría de estar con todos estos muchachos con los que nací en el fútbol, como el Pulga Ríos, que jugó conmigo y después haya triunfado como triunfó en Vélez, en México... ¿Sabés la satisfacción que me da?

—Alguna anécdota con Jorge debe haber...

—Yo era medio terrible y me decían que era hincha. Les cambiaba los calzados en otros bolsos, les sacaba las sábanas y ya todos sabían que era yo. Acá la Pulga me puso un sobrenombre, porque yo en mi negocio me inicié en un tallercito, en un garage. Ahí nos juntábamos a la tarde a tomar mates y me pusieron “tara service”. Era un personaje que salía en el Paturuzito, que era un mecánico que todo lo que agarraba lo rompía. Entonces me pusieron así y son cosas que te quedan grabadas para toda la vida.

Simplemente “El Negro”

Orlando Medina fue jugador de ese plantel campeón. Luego estuvo muchos años cumpliendo funciones de todo tipo en el club y fue el hombre que lo clasificó a Colón para la primera Copa Libertadores, en aquel recordado duelo con Independiente en cancha de Lanús. Hoy alejado del club, no deja de recordar con emoción los momentos vividos.

—¿Linda reunión Orlando?

—Fue una noche maravillosa, principalmente porque un compañero de toda la vida como lo es Jorge Sanitá, está cumpliendo años. Nos hemos reunido algunos jugadores del año 65 que siempre es un placer estar con ellos y también otros muchachos que han jugado en Colón, como Saldaño, Oscar Aguirre y el Bambi Araoz, entre otros. O Pompeo Tardivo, que se unió a nosotros al poco tiempo. Y que nos volvamos a ver, genera mucha alegría.

—¿Muchas anécdotas?

—Sí, casualmente estábamos hablando que, en algún momento, Mellit estaba de arquero suplente. Yo personalmente no me acordaba, pero Jorge sí. Él jugaba de 3, de 4, de 2, de 6 y salió el comentario que en algún momento había sido arquero suplente, algo increíble.

—¿Alejado últimamente de la actividad en el club?

—Sí, creo que ya han pasado unos 10 años que estoy fuera de Colón. Son circunstancias que se dan en la vida y, con todo el dolor del alma, esperaré otro momento.

—En una época eras siempre la rueda de auxilio...

—Sí, por momentos eran 15 días, pero tuve campeonatos donde estuve una rueda, rueda y media y siempre me ha ido bien. Pero son cosas que uno ha hecho por el club. En una época estuve como coordinador de Colón y saqué jugadores que significaron muchísima plata para Colón. Carignano, Blanco, Capurro, Pícoli; esos son todos jugadores de mi gestión. Jugadores que fueron titulares y que jugaron durante muchos años en el primer equipo de Colón. Después hubo otros que jugaron menos, como “Pechu” Suárez y eso ha sido el trabajo que uno ha hecho durante un tiempo.

—Hoy se ve que debutan muchachos pero les cuesta la continuidad...

—Siempre la continuidad para el jugador de Santa Fe cuesta un poco. Yo también en ese sentido he pasado por situaciones difíciles. Porque en el año que Ferraro armó un equipo bárbaro, los movimientos de inferiores para arriba fueron muy pocos o nada, porque ya Ferraro tenía su equipo. Lamentablemente, pobres chicos, se tuvieron que bancar un año más, que para ellos significó mucho.

—¿Si hoy alguien levanta un teléfono y te ofrecer charlar que crees que le podrías aportar al club?

—Yo a Colón le he aportado todo. Yo siempre he estado dispuesto a ir a Colón, siempre he sido colonista. He estado dentro del club durante muchísimos años y fui campeón con Colón. ¿Qué más te puedo decir? Mi vida es Colón. Si viene la llamada creo que no voy a tener dudas en atender y conversar.

Otras anécdotas

Alejo Medina, otros de los partícipes del festejo de Sanitá y también parte fundamental en el ascenso del 65, recuerda grandes momentos de esa campaña “Yo cada vez que vengo a Santa Fe, es algo que me ayuda a vivir también, porque tengo los mejores recuerdos de mi vida deportiva y además tengo mis mejores amigos aquí, pese a que vivo en Rosario. Aquella campaña del 65, va a seguir siendo histórica para Colón. La primera satisfacción fue la de nosotros mismos, que conseguimos poner a Colón en primera cuando en ese tiempo era casi imposible. Yo recuerdo que en esa época la gente era de Colón y Boca. Después se hicieron hinchas de Colón definitivamente”.

Otro partícipe de aquella gesta deportiva fue el “Pulga” Ríos, quien no quiso dejar de recordar buenos momentos el club y en su posterior carrera deportiva.

—¿Qué anécdotas hay de esa época?

—Cuando volvíamos de haberle ganado a Deportivo Español en cancha de Atlanta, un partido que ya nos posibilitaba el ascenso nos emocionábamos al ver la gente en la ruta que esperaba al micro con banderas de Colón y vivando al micro donde íbamos nosotros. Compartíamos mucho tiempo junto porque vivíamos en el mismo hotel. Jorge, Quique Medina, el Mono Obberti, Pepe Canevari y yo vivíamos en el hotel Corrientes, así que pasábamos momentos juntos y anécdotas hay muchas.

—Hubo logros importantes desde lo deportivo en Colón. ¿Hay comparación entre esos momentos y los posteriores?

—Tal vez no todos tenemos la misma forma de sentir las cosas. Pero el hecho de haber obtenido un logro permite que cada uno lo viva a su manera. Yo fui muy feliz, fue el primer campeonato que lograba en la parte profesional y la posibilidad me la dio Colón. Después, en el 95, los muchachos que tuvieron la posibilidad de volver a ascender habrán sentido la misma emoción del deber cumplido. Es decir, arrancar un torneo tratando de llegar de la mejor manera al final y con un título es algo muy lindo.

—Después de Colón también hubo cosas importantes en tu carrera.

—Yo tuve la posibilidad y la suerte de irme a un club como Vélez Sarsfield, una gran institución donde también logramos un torneo en el año 68. Yo antes de llegar a Colon tuvo un paso por Unión, donde no me fue muy bien y Colón me dio la posibilidad de volver a intentarlo, y ese fue el inicio de una carrera que a mí me dio muchas satisfacciones. Yo amo el fútbol y jugaba porque me gustaba, no porque pudiera ser profesional y ganar plata con el fútbol. Pero ese gusto me dio la posibilidad de hacer una carrera, de hacer una vida distinta, de poder formar una familia, de conocer otros países como lo fue jugar en México un tiempo y todo eso comenzó con Colón.

—¿Tuviste la oportunidad de jugar con Bianchi también?

—Sí, yo llego a Vélez en el 66 y Carlos comienza a jugar a mediados del 67 y se afirmó en el 68 cuando fuimos campeones. Después se fue a Francia, lo perdí de vista, pero también tengo muy buena relación, nos hemos encontrado algunas veces.

—¿Cómo era eso del desayuno en México?

—Para mí fue una etapa sorprendente. Yo, acostumbrado al café con leche, unas tostadas, a veces manteca o dulce de leche y los mexicanos con ajíes picantes, con jamón, con huevos revueltos y todo ese tipo de cosas, que nosotros no estamos acostumbrados. El desayuno era a las 9, 9 y media de la mañana y a las 2 ó 3 de la tarde teníamos que jugar. Yo creo que eso debe haber cambiado, porque fui en el 72 y te digo incluso que había algunos jugadores que tomaban un poco de más. Pero estuve hace poco y todo es muy profesional, no creo que siga siendo como en esa época. Han ido entrenadores nuevos, que impusieron métodos diferentes y una línea de conducta.

—El globo giró y hoy vivís en Paraná...

—Cuando me vine de Toluca, estaba en Buenos Aires buscando club y apareció gente de Paraná (yo soy nacido ahí). Fue una buena propuesta, incluso yo había comprado mi casa, con lo que había ganado en mi primer año en Colón y tomamos la decisión con mi señora de venirnos. Desde el 76 que sigo ahí. Incluso yo seguí jugando un tiempo en Paraná y también dirigí equipos. Además tengo toda mi familia, con la felicidad que mi mamá que todavía vive y cumplió hace poco 90 años.

—Siempre se hace la comparación de los que ganaban los jugadores de tu época y los de hoy. ¿A veces pensás eso?

—A veces uno lo piensa, pero no estoy disconforme de lo que he podido conseguir a través del fútbol. Hice amigos, conocí lugares, viajé, formé mi familia, estoy tranquilo, tal vez sin el dinero que podría haber ganado hoy. Pero son tiempos y no me quejo para nada de lo que me dio el fútbol. Fui muy feliz de lo que el fútbol hizo en mi vida.

Alberto Pompeo Tardivo, no quiso quedarse afuera del festejo, de la reunión y de los recuerdos y muy emocionado afirmó que “esas son reuniones que se tendrían que repetir mas seguido. Porque había muchachos que hacia rato que no los veía. Me fui en el 69, volví en el 71 y después me volví a ir hasta el año pasado que estuve en Buenos Aires. Volverme a encontrar con gente como Sanitá, como el Pulga Ríos, como José Luis Burtovoy, Saldaño y todos estos amigos que hemos pasado momentos muy gratos en el fútbol es algo invalorable”.

Una noche decidieron hacer un asado, mirar el partido de Colón y de paso festejar el cumpleaños de Sanitá. Hay muchas caras conocidas... Se podría decir que todas. Foto: Julián Andrés Monzón

El recuerdo siempre vigente

Don Ítalo Giménez era el presidente sabalero en aquellos tiempos y uno de los hombres que la historia futbolera de la ciudad no debe olvidar. El fue el encargado de ir a buscar a los uruguayos que formaron parte de ese equipo de 1965 y el que en la sexta fecha, luego de perder el clásico por 4 a 2 (tres goles de Pichón Vitale y uno de Bonacosa para Unión, dos de Orlando Medina para Colón), se dio cuenta que debía dar un golpe de efecto y terminó de armar el equipo que había arrancado con una derrota como local ante All Boys, pero que luego se había acomodado con un par de buenos resultados de visitante.

La revancha no se pudo dar en la segunda rueda, porque el clásico de esa instancia terminó igualado 0 a 0. Pero en ese logro de 1965, la figura de Ítalo Giménez y los jugadores que compusieron ese plantel rojinegro, no sólo marcaron un hito en la historia sabalera, sino que marcaron un camino de crecimiento para el fútbol de Santa Fe.

La amistad y la gloria los mantiene unidos

“¡Sanitá querido!... ¡Qué difícil que eras como defensor!”, es la exclamación de Julio Grondona, que conoció a Jorge cuando su club, Arsenal, daba los primeros pasos. El pope afista reconoce a la cancha de Colón como una de las más complicadas en esos tiempos ya lejanos. Foto: Pablo Aguirre

La amistad y la gloria los mantiene unidos

El agasajado, un hombre que se ganó el respeto, el cariño y la admiración de todos los sabaleros. Foto: Julián Monzón

La amistad y la gloria los mantiene unidos

El brazo en alto, la rojinegra y la cinta de capitán, identificación plena para Jorge Sanitá. Foto: Archivo El Litoral